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Pablo de Lora

Fútbol 'woke'

«El Gobierno argentino ha publicado un cuadernillo de recomendaciones para periodistas con el fin de evitar la discriminación, la xenofobia y el racismo»

Opinión
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Fútbol ‘woke’

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El fútbol argentino, la desbocada pasión de sus aficionados y de los periodistas que lo radian o comentan, ha alumbrado una retórica de expresividad simpar, una riqueza lingüística, un acervo semántico que creo que no tiene parangón. Lo expuso como pocos el gran Roberto Fontanarrosa en el Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebró en 2004 en su ciudad natal, Rosario, una ciudad, decía, de «buen fútbol y bellas mujeres», «todo lo que puede anhelar un intelectual», remataba.

En aquella alocución suya tan evocada sobre las «malas palabras» recordaba que la selección argentina era recibida en Paraguay al grito de «comegatos», un rosarinismo que funciona óptimamente como insulto, de acuerdo con su teoría, porque tiene una fuerza expresiva pareja al ya universal «pelotudo», con esa rotundidad de la «t», o de la «r» en «mierda». Recuerden al genial Fernán Gómez gritando «¡a la mierrrda!» al admirador pesado. Que los cubanos digan en cambio «mielda», que «suena a chino», explicaría, según el creador de Inodoro Pereyra, el fracaso de la revolución cubana. En eso se cifra, nada menos, la importancia de que los pueblos insulten con propiedad semántica y fonética. 

Reparen, por ejemplo, en la ciudadanía del improperio que exhibe Marta, la célebre aficionada del Banfield que se dio a conocer allá por 2012 en un partido contra Boca. Enfadada con el jugador Darío Cvitanich por la traición de cambiar de equipo, no paró de gritarle «chorro» (ladrón), «la reputa que te parió», espetándole que se olvidara de que el Banfield «le había dado de comer cuando no era nadie». También tuvo un recuerdo para su novia: «La zorranta esa que te florea». No me digan que no es algo digno de un Quevedo, o para el caso, un Federico Jiménez Losantos. 

Con otro conocido aficionado muy viralizado, el Tano Pasmán, se podría hacer todo un diccionario y sus hipérboles son difícilmente superables: «La concha de tu hermana, cordobés, la reputa madre que te recontra mil parió». Sin titubear. Miento: un tuitero de nombre Higuaínico (@SolitaireWolf) dijo del entonces entrenador argentino Sampaoli, poco antes del Mundial en Rusia de 2018, que era «hijo de un sistema solar rebosante de putas» y le sugería meterse «en un cohete  y aterrizá en una galaxia donde no se te pueda ver ni con un satélite y… hacete coger por King Kong con malaria». Es tan poderoso el grafismo de esta forma de repudiar, tanta la imaginación que Sampaoli despertó en este aficionado, que no me extrañaría que le asomara el orgullo más que el enfado si llegó a leerlo.

«Primer rival: Islandia. No existe. Son 11 habitantes. Se resfría uno, te juega con 10…»

¿Y qué decir de las instrucciones que un hincha le daba precisamente al entrenador Sampaoli sobre cómo afrontar la primera fase del Mundial en la que Argentina jugaba contra Islandia, Croacia y Nigeria? Se lo recuerdo: «Primer rival: Islandia. No existe. Son 11 habitantes nada más. Se resfría uno, te juega con 10… Croacia… dejémonos de joder no existe Croacia, sin ninguna historia futbolística… ni camiseta tienen, usan un mantel de camiseta… Nigeria, no le vamos a tener miedo a Nigeria… no existe… el negro del WhatsApp nada más es nigeriano, no le podemos tener miedo al negro del WhatsApp, somos Argentina… tercer partido [contra Nigeria] ya nos clasificamos, que no juegue Messi porque nos rompen a patadas los negros… ¡Vamos Argentina!».

¿Y ese comentarista desembridado que se arranca a insultar al árbitro «ladrón», «ladrón» en un Estudiantes-Gimnasia? El locutor le pide al compañero que siga él, que no puede decir otra cosa que «ladrón», pero con la repetición de la jugada y la comprobación de que fue un penal mal cobrado, aquello escala sin remedio… «la puta madre que te parió… ¡le pega en el hombro!… sos un sorete (una mierda) mal cagado», repite el locutor, y justo en ese momento se oye: «El campo gimnasia es una gran obra en Espacio Chico…», la debida cuña publicitaria de una promoción inmobiliaria. Ante todo profesionalidad.

Todo eso, amigos lectores, está en franco peligro de extinción. Y es que próximo a comenzar el Mundial de Qatar el próximo 20-N, el Gobierno argentino, empeñado en un «deporte sin discriminación ni violencias», ha emitido, a través del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), un cuadernillo de recomendaciones para comunicadores y periodistas (¡gracias Amós Grajales!). «Es preciso» – se dice en la introducción- «tomar algunos recaudos para que en la inmediatez y el frenesí del trabajo [periodístico] no se vulneren derechos». Ahí es nada. 

Así, se recomienda no usar la palabra «negro» sino «afrodescendiente» o «afro» (¿también los nigerianos que podían romper a patadas a Messi son «afrodescendientes»?) y evitar usar la connotación peyorativa de lo «negro»: la situación del equipo ya no pintará «negro» sino «complicada» y el mercado «negro» será «clandestino». También habrán de eliminarse los estereotipos, con lo que, en vez de señalar «los negros son de correr mucho», se dirá, por ejemplo, el «lateral izquierdo de Camerún tiene una entrega admirable». Y lo mismo para las creencias religiosas: «El islam es una religión que avala actitudes violentas» no debe decirse, ni tampoco se deben reproducir «los cánticos agraviantes de las parcialidades de los equipos», ni el lenguaje belicista (prohibido: «Hoy es un partido a vida o muerte» que debe ser sustituido por expresiones como: «Es un partido crucial para seguir en el torneo»). El famoso «pasan estas cosas porque Dios es colombiano» chillado a los cuatro vientos de Milán por Edgar Perea cuando empató Fredy Rincón a Alemania en el Mundial de 1990, supongo que es una afrenta que también ha de evitarse. 

Los locutores, se lee en el cuadernillo, deben ser respetuosos con las «diversidades corporales» y por tanto evitar decir «así de gordo no puede saltar ni correr». Nunca más «Higuaín, cementerio de canelones» como se le ha dicho en más de una ocasión, pero me pregunto si aquél insuperable «barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste para sortear a tanto inglés?» de Víctor Hugo Morales referido al gol de Maradona en México 1986, quizá el gol más bello de la historia del fútbol, pasa el cedazo del INADI.

Tampoco las pasa, por lo que parece, las referencias a la edad o discapacidad de las personas. «Ya está viejo para este deporte» o «ese réferi está ciego» o «es autista» deben ser suprimidos y sustituidos por comentarios del tipo: «Es fabuloso lo que se puede lograr con entrenamiento y dedicación». Tampoco deberían ser usadas «metáforas de animalización estigmatizante», aunque esto es selectivo. Según el INADI vale «es un tigre recuperando pelotas» pero no «son unos burros». ¿Y el «comegatos» rosarino? 

«Adiós a la ‘hombría’ a la hora de narrar el pundonor o empuje»

Y por último, y no menos importante, nada de estereotipos basados en «preconcebidos atributos de las masculinidades» ni de «imágenes sexualizantes o cosificantes de las espectadoras»: adiós a la «hombría» a la hora de narrar el pundonor o empuje (no digamos ya los «h…os»), y cero alusiones a la «belleza de las hinchas de Croacia». Los partidos de fútbol convertidos en ejercicios espirituales preconciliares y su retransmisión en un tedio comparable al de una lección de Metafísica de Zubiri después de comer. 

El cuadernillo incluye un «glosario» y aquí es donde ya se riza el rizo. Y es que, por si se nos había olvidado, toda esta preocupación por el lenguaje sexista, racista o xenófobo que acostumbran a desplegar los periodistas deportivos y aficionados, y aficionadas, argentinas, trae causa de que Argentina y otros tantos países van a jugar un Mundial en … ¡Qatar!, un país en el que, como se explica con exquisita neutralidad en ese glosario, «… la sharía, un código islámico, constituye la principal fuente del derecho de acuerdo a su Constitución», esto es, un Estado en el que la discriminación contra las mujeres está institucionalizada, en el que, como ha recordado el propio portavoz de la competición, el mero acto de lucir o portar la bandera arcoiris que representa al colectivo LGTBI está castigado con penas de cárcel. Convendrán conmigo en que la hipocresía asfixia y el listón de la impostura empieza a ser infranqueable. 

Argentina debuta el 22 de noviembre contra… Arabia Saudí, un reino medieval en el que se castiga con lapidación a las mujeres adúlteras, se impone la pena de muerte a gays y ateos y se crucifica y degüella por tráfico de drogas. Bien tentado estoy de ponerme en contacto con Marta, la hincha del Banfield, para que vayamos juntos a «animar» a la albiceleste. Pero «animar» a base de bien, con la expresividad que pocos como ella logra desplegar y así de paso recordar, con todo el colorismo semántico que quepa y contra todas las INADIS de este mundo, dónde sigue habitando el oprobio auténtico, dónde se concitan las vulneraciones más lacerantes de los derechos más básicos. 

   

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