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Sonia Sierra

Irene Montero contra las mujeres

«Nadie ha hecho más daño al feminismo español que Irene Montero y su cuchipandi del Ministerio de Igualdad»

Opinión
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Irene Montero contra las mujeres

Irene Montero contra las mujeres.

Hace unos meses estuve en Milán y el primer lugar que visité fue la Librería de las Mujeres. En mi época universitaria me interesaba mucho el feminismo de la diferencia y por eso que me hacía ilusión ir y comprarme en italiano No creas tener derechos, su libro más emblemático. Al llegar, tres mujeres me atendieron muy amablemente y me invitaron a quedarme a charlar un rato con ellas. Además, me dieron el programa de actividades de la librería y me insistieron en que volviera cuando quisiera. Entendí entonces que lo del affidamento -concepto que podría traducirse como relación de confianza y cuidado entre mujeres y que en italiano comparte raíz con las palabras alianza, fidelidad, fiarse y confiar- no era para ellas una mera cuestión teórica, sino que lo llevaban a la práctica. Salí de allí con una agradable sensación y recuerdo que pensé que así es como yo siempre había entendido el feminismo y que era muy diferente a lo que estábamos viviendo en España en los últimos años.

Sin ningún tipo de dudas, nadie ha hecho más daño al feminismo español que Irene Montero y su cuchipandi del Ministerio de Igualdad. Cuando se estrenó en el cargo, se dedicaba a hacer vídeos ridículos para Tik Tok y supongo que después de que compartieran públicamente que celebraron allí su cumpleaños, alguien les debió de advertir que mostrar el ministerio como una especie de chiquipark no era una buena idea. Ahora, visto lo visto, ojalá se hubiera seguido dedicando a grabar vídeos porque, aunque la tontería nos saliera un poco cara, al menos no resultaba lesiva para las mujeres. Y es que lo que ha venido después ha sido mucho peor.

En marzo de 2020, las alertas por la pandemia eran ya muy claras, pero Irene Montero y el resto del Gobierno sanchista querían su baño de masas y no solo se permitieron las manifestaciones del Día de la Mujer, sino que se animó a la participación. Así las cosas, no se podían anular el resto de eventos masivos, por lo que los contagios se dispararon y España sufrió uno de los confinamientos más duros de Europa. Los años anteriores, las manifestaciones del 8M habían sido un auténtico éxito y los podemitas intentaron capitalizarlo, pero que lo único que han logrado ha sido cargárselo, primero por el COVID y después con la división del movimiento feminista.

El motivo principal de esta división es la llamada Ley Trans, una ley misógina que implica el borrado de las mujeres y su desprotección. Si llega a aprobarse, se «podrá ser mujer» a todos los efectos con una simple declaración de intenciones y, desde ese momento, tener acceso a nuestros lavabos y vestuarios y a participar en categorías deportivas femeninas, con la ventaja que da para la mayoría de deportes ser biológicamente un hombre y el peligro que puede suponer para las mujeres por la mayor fuerza de estos. Eso sin contar los efectos negativos sobre la investigación de cómo afectan las enfermedades o los medicamentos según el sexo. Y pueden pensar que exagero en lo del borrado de las mujeres, pero es que Irene Montero, cuya ignorancia se sospecha oceánica, ni tan siquiera sabe lo que es una mujer.

«Los que sí que tienen clarísimo lo que es una mujer son los violadores que ahora ven rebajadas sus penas por una de los proyectos estrellas del Gobierno de Sánchez»

Los que sí que tienen clarísimo lo que es una mujer son los violadores que ahora ven rebajadas sus penas por una de los proyectos estrellas del Gobierno de Sánchez: la ley del solo sí es sí. Por si no fuera bastante el daño que está haciendo la ley que defienden con uñas y dientes Irene Montero y sus amigas –y que cuando se aprobó también reivindicaron como suya la diputada socialistas Laura Berja y la de Cs, Sara Giménez-, se han dedicado a arremeter contra los jueces, que en su mayoría son mujeres, a los que han acusado de machistas y de fachas. Resulta curioso que Montero hable de <<todos, todas y todes>>, pero solo diga <<jueces>> pese a esa mayoría femenina. Y también llama la atención que ella pueda tildar de fascistas a quien le plazca, pero que la sola mención de su relación con el ex vicepresidente sea violencia política, cuando el nepotismo en Podemos es palmario y si no, echen un vistazo a su organigrama o al del Ayuntamiento de Barcelona. Curiosamente, tampoco le pareció mal que lanzaran ladrillos figurados a Lucía Etxebarria, ya que aplaudió con ahínco ese acto de violencia simbólica.

A esto hay que sumar su apología de hiyab, símbolo de la opresión patriarcal, y justo el Día de la Erradicación de la Violencia contra la Mujer apareció flanqueada por cuatro señoras veladas mientras que Irán arriesgan su vida por quitárselo. Irene Montero es perjudicial para las mujeres, ya que nos representa como a seres desvalidos que necesitan de tutela permanente y porque caricaturiza al feminismo. Pero es que ahora el peligro se ha vuelto más grave y no solo para las mujeres que están siendo revictimizadas cuando sus violadores salen a la calle –y con el potencial peligro para todas las demás- sino también para los menores. Y es que, con todo el escándalo de las rebajas de las penas, ha pasado casi desapercibido que con la nueva ley, tener sexo con un adolescente de entre 16 y 18 años deja de estar penalizado aunque haya engaño, abuso de una posición reconocida de confianza, autoridad o influencia sobre las víctimas. Y, oye, será casualidad, pero es que Irene Montero ha dicho ya dos veces públicamente que los niños pueden tener sexo cuando quieran. A ver si no todo va a ser torpeza y hay también algo que está en la agenda queer: despenalizar la pederastia.

En todo caso, el daño que está ocasionando Irene Montero a las mujeres es ya más que evidente, por mucho que ahora pretendan presentarla como víctima, pero cabe recordar que las leyes surgen de manera colegiada del Consejo de Ministros y que el responsable último de todos estos despropósitos no es otro que Pedro Sánchez.

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