THE OBJECTIVE
Román Cendoya

Trump-antojo

¿Pueden venir a dar clases de legitimidad democrática quienes acusaron, sin una prueba válida, de fraude electoral las elecciones de 2020 porque perdieron?

Opinión
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Trump-antojo

Donald Trump. | Ilustración de Alejandra Svriz

Donald Trump va a cumplir un mes como presidente y como llega aprendido no ha perdido un segundo en poner en marcha su proyecto. Era una esperada realidad que su llegada supusiera la liquidación del totalitarismo de la agenda woke y que además, por su experiencia en gestión, abordara la disminución del tamaño y coste de la administración. Esas megaestructuras ineficaces que suelen montar siempre las izquierdas con el dinero público. Además, era esperable que, después de lo hecho por Biden, instalara un modelo de gobierno eficaz basado en el liberalismo capitalista democrático. Es decir, que restituyera la separación de poderes, el respeto institucional y las libertades.

Trump, desde el minuto uno de su toma de posesión, sí está acabando con la agenda woke y reduciendo la administración americana optimizándola. Lamentablemente, lejos de hacerlo desde el liberalismo capitalista democrático, está actuando desde el populismo nacionalista unilateral autocrático. 

Ha interpretado el legítimo resultado de las urnas a favor de MAGA —Make America Great Again— como un mandato para asaltar el mundo exacerbando el peor imperialismo yanqui jamás padecido en tiempos de paz. Ganar las elecciones de EEUU no debería suponer faltar el respeto a la soberanía de otros países. La unilateralidad de sus decisiones en EEUU no es ampliable al resto del mundo. Su victoria electoral no supone el otorgamiento de un supremacismo moral desde el que pretende someter a los demás. No hay nada en Trump que sea ejemplar y mucho menos ejemplarizante. 

Es especialmente preocupante lo que el gobierno Trump quiere de Europa. Su vicepresidente, JD Vance, ha construido en Múnich un discurso moral y político demagógico sin tener ninguna legitimidad para hacerlo. Vance destacó el retroceso en Europa de algunos de sus valores fundamentales. Y dijo que «no basta hablar de valores democráticos hay que vivirlos». ¿Pueden venir a dar clases de legitimidad democrática quienes acusaron, sin aportar una prueba válida, de fraude electoral las elecciones presidenciales norteamericanas de 2020 porque perdieron? ¿Es un ejemplo democrático apoyar el asalto al Capitolio y amnistiar a todos los asaltantes cuando se produjeron 5 muertos y 14 heridos? Esa amnistía general para los asaltantes es tan repugnante como la de Puigdemont y el «procés» en Cataluña. 

El ejercicio demagógico del discurso de Vance en Múnich es inadmisible. Con un ejemplo de un católico detenido por rezar cerca de una clínica abortiva y una mención a Juan Pablo II se eleva sobre los demás para arrogarse una superioridad moral falsa además de farisea. «Por sus obras les conoceréis» dice San Mateo 7,15-20.  ¿Qué valores representan los pactos con Vladimir Putin, un tirano invasor, que envenena y asesina a sus opositores, a espaldas de Europa? La batería de preguntas al pagador por silencios sexuales es interminable. La agenda woke era un desastre. Lo que fomenta el actual gobierno norteamericano es otro de distinto estilo.

«La batería de preguntas al pagador por silencios sexuales es interminable. La agenda woke era un desastre. Lo que fomenta el actual gobierno norteamericano es otro de distinto estilo»

¿Qué es eso de que para lograr cualquier cosa de valor en los próximos años necesitan mandatos democráticos sólidos? El gobierno de Europa es sólido y es el fruto del resultado de las elecciones. La libre voluntad expresada en las urnas obligó a repetir una Comisión Europea con los 188 escaños del PPE y los 136 del PSE. Los europeos no votamos a favor de la injerencia de Trump que, con todas las decisiones que ha tomado respecto a Europa, intenta destrozarla.

Trump, lejos de traer un discurso de transformación hacia la eficacia y eficiencia institucional, de reducción de costes estructurales, eliminando gran parte de la inoperante maquinaria funcionarial y las estupideces woke, para liberar fondos que permitan abordar inversiones en defensa y en innovación tecnológica, está apoyando el destructivo discurso de los nacionalistas populistas.

El populismo nacionalista autocrático de Trump goza del apoyo acrítico y entusiasta de los que en Europa buscan lo mismo. Destruir la Unión Europea. Esa sopa de letras que es Patriotas que juntando 16 partidos absolutamente contradictorios —abortistas con providas, defensa de los agricultores que son incompatibles los de unos estados con otros…—  han conseguido sumar el  ser el tercer grupo del Parlamento Europeo con 84 escaños de 720 diputados. No son una sólida mayoría. Todo lo contrario.

Los Patriotas, que tienen nombre de misil norteamericano destructivo, apoyan a Alice Weidel, candidata del partido de extrema derecha AfD. El vicepresidente de Trump también. No se entrevistó con el canciller Scholz, pero sí con ella que es el máximo exponente de lo que es la agenda woke en cuanto a modelo de familia. Alice Weidel es lesbiana casada con mujer asiática, de SriLanka, y tienen dos hijos adoptados. O sea, woke puro sea de la ideología que sea. ¿Matrimonio homosexual? ¿Y con una migrante? ¿Y con niños adoptados? ¿Y los derechos de esos niños? ¿Este es el modelo de familia católica tradicional que defienden los patriots de Abascal? ¿Este es el modelo anti woke del ultracatólico vicepresidente de Trump? ¿A esto le llaman coherencia? Espero que el atractivo político de Weidel no sea que es nieta de un miembro de las SS y juez militar durante la guerra.

Trump está favoreciendo el regreso a una Europa de nacionalismos populistas que, en el siglo pasado, provocaron dos guerras mundiales. Y además, está favoreciendo el regreso a un mundo  con los catastróficos imperialismos en un arbitrario reparto con los tiranos —nada democráticos— de Rusia y China. No quiere a Europa en la negociación en Ucrania. 

El balance político del primer mes de Trump es muy preocupante. Ya ha puesto en evidencia que con él la separación de poderes no existe, que no respeta los acuerdos institucionales y que ocupa todas las instituciones con sus amigos y allegados. Sus alianzas son antinaturales y las usa para ejercer su poder. A esto en España lo llamamos autocracia y es muy parecido a lo que hace Pedro Sánchez. Una gran diferencia es que en el caso de Donald Trump, por ahora, sin corrupción.

Puede que lo que está haciendo Donald Trump sea un arranque político de máximos, muy efectista, para luego templar las cosas. Está jugando con fuego. Y dar oxígeno a los peores incendios suele terminar carbonizando a todos. Creo que nadie esperaba este primer mes en el que favorece a Putin, que apoya a Nicolás Maduro que bien tranquilo sigue en Venezuela. De Cuba solo sabemos que va a utilizar Guantánamo para llevar migrantes ilegales mientras lo del régimen comunista parece que tampoco le mueve mucho. Hundir a Europa sí.

Dice la Real Academia que trampantojo es una «trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es». Habrá que proponerle que cree un término nuevo «Trump-antojo» para definir la creencia de que en el segundo mandato de Trump iba a imponerse como modelo el mejor republicanismo norteamericano que representó Ronald Reagan. Qué lástima.

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