Todo lo que nos pasa (sin que pase nada)
«La sensación de fin de ciclo es palpable. Y, sin embargo, lleva siendo así años. El Gobierno lleva toda la legislatura al borde del abismo y nunca cayendo en él»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Al mismo tiempo que Ábalos y Koldo entraban en prisión, el Gobierno pactaba con los sindicatos una subida de más de un 10% del sueldo de funcionarios y empleados públicos. Parecía una medida electoralista, de precampaña. Pero es que vivimos en una eterna campaña. Casi a la vez que Ábalos se preparaba la mochila para pasar su primera noche en Soto del Real, convirtiéndose en el primer diputado en activo de la historia de la democracia en entrar en la cárcel, el Congreso tumbaba la senda de déficit del Gobierno, una decisión muy poco sorprendente y que confirma que el Gobierno seguirá con los presupuestos que votó un Congreso diferente.
Mientras ese primer diputado encarcelado amenazaba con tirar de la manta y confirmaba una supuesta reunión entre Otegi y Sánchez en 2018 (reunión que sería escandalosa y, al mismo tiempo, no: la ventana de Overton en España es ya la puerta de Damasco en Jerusalén), algunos letrados del Congreso expresaban su preocupación de que el Gobierno modifique la «regla del empate» en el Congreso ahora que el voto de Ábalos ya no vale, lo que sería ilegal.
Todo esto ocurría solo una semana después de otro hito sin precedentes, la condena y posterior dimisión del fiscal general del Estado, que ha activado un fervor bolivariano y antijudicial en la izquierda. Y todo esto ocurre también una semana después de que otro secretario de organización del PSOE, Santos Cerdán, saliera de la cárcel, en la que estaba provisionalmente, acusado de cohecho, tráfico de influencias e integración en organización criminal (esto último es importante: la corrupción no ha sido solo cosa suya).
Ante todo esto, algunos analistas progresistas cercanos al Gobierno han comenzado a pedir que se convoquen elecciones. No lo hacen porque consideren que es lo ético y lo justo como respuesta a la corrupción y la inoperancia del Gobierno. Si lo hacen es porque creen que esperar más supondrá una mayor sangría de votantes para el PSOE. Es una lógica de estratega y no de periodista. El partido siempre antes que el país, incluso cuando el partido ni les paga.
La sensación de fin de ciclo es palpable. Y, sin embargo, lleva siendo así años. El Gobierno lleva toda la legislatura al borde del abismo y nunca cayendo en él. La excepcionalidad es la normalidad del Gobierno. Y, como dice esa teoría en internet, nothing ever happens, nunca pasa nada. El Gobierno de los derechos humanos no cayó cuando abandonó completamente el Sahara occidental y se plegó completamente a los intereses marroquíes. El Gobierno feminista no cayó cuando se redujeron las penas a violadores y algunos de ellos salieron de la cárcel.
«El Gobierno del extractivismo y la acumulación de poder no va a abandonar voluntariamente»
El Gobierno progresista que decía que la vivienda es «el quinto pilar del Estado de bienestar» no va a caer por haber hecho entre cero y nada para solucionar el problema de escasez de vivienda. El Gobierno de los jóvenes no va a caer por haberlos abandonado completamente en favor de una clase pensionista cada vez más privilegiada. El Gobierno contra la pobreza infantil no va a caer porque haya aumentado la pobreza infantil en los últimos años. El Gobierno que surgió tras una moción de censura contra la corrupción del PP no va a caer por culpa de su corrupción.
El Gobierno del extractivismo y la acumulación de poder no va a abandonar voluntariamente. Las elecciones no son hasta 2027. Y hasta entonces pasarán muchas otras cosas, sin que realmente pase nada.