Basta de remilgos: la caída de Maduro es una gran noticia
«Habrá que estar vigilantes para que esto desemboque en unas elecciones en las que los venezolanos puedan elegir libremente a quién quieren de presidente»

La imagen de Nicolás Maduro detenido que ha difundido Donald Trump. | La Casa Blanca
Que hoy haya un dictador menos sobre la faz de la Tierra solo puede ser motivo de alegría. Que alguien que arrastra una hoja de servicio tan siniestra como Nicolás Maduro haya sido desalojado del poder no debería ser motivo de disgusto para ningún demócrata.
Los venezolanos llevan sometidos a una terrible dictadura desde hace demasiados años (Hugo Chávez alcanzó el poder en 1999), y que se abra una ventana de oportunidad para construir un régimen distinto es algo realmente esperanzador… porque difícilmente lo nuevo va a poder ser peor que lo padecido durante todo este tiempo.
Lógicamente, la operación de Donald Trump es arriesgada y está llena de incertidumbres. Sus palabras despreciando a María Corina Machado son muy desafortunadas, y la sola posibilidad de que haya alcanzado un pacto bajo mano con Delcy Rodríguez es inquietante. Pero ojo, seamos prudentes en las valoraciones. Esto no ha hecho más que empezar y es demasiado pronto para sacar conclusiones.
Es perfectamente entendible que se critique a Estados Unidos por haberse saltado la legalidad internacional, pero en este punto habría que hacer dos consideraciones. Primero: la mayoría de los que este 3 de enero se han puesto exquisitos con esa legalidad no alzaron nunca la voz ante las vulneraciones de los derechos humanos en Venezuela o por el robo descarado de las últimas elecciones. Segundo: es muy fácil opinar de estas cosas cuando la dictadura la padece otro. ¿Quién es capaz de decirle a los venezolanos mirándoles a la cara que se tienen que tragar a un tipo como Maduro sí o sí? ¿La izquierda que hoy se queja de la injerencia no hubiera agradecido que alguien acabase con el régimen de Francisco Franco mucho antes de que muriera en la cama?
Que Maduro pierda el poder es una gran noticia, sobre todo para los venezolanos. Que se pueda abrir una etapa de mayor libertad y prosperidad, también. Pero lógicamente habrá que estar vigilantes para que todo esto desemboque en unas elecciones democráticas en las que los ciudadanos de aquel país puedan elegir libremente a quién quieren de presidente. Sin tutelas y sin trampas.