The Objective
Román Cendoya

Por fin, Venezuela ¿libre?

«La intervención de Trump es un buen principio para el final del narcorrégimen. Lo imprescindible es que se haga bien hasta el final»

Opinión
Por fin, Venezuela ¿libre?

Imagen de Alejandra Svriz

2025 terminó con la gran noticia del Premio Nobel de la Paz para la líder de la resistencia a la narcodictadura venezolana María Corina Machado. 2026 comienza con la gran noticia del ataque y captura del narcodictador Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por la Delta Force, los operativos de élite del ejército norteamericano. Definido por el Gobierno de EEUU como un «ataque preciso por la justicia». Aunque, y lo saben, no es suficiente para acabar con la narcodictadura.

Han llegado tarde, pero por fin han llegado. Esta tenía que haber sido la primera acción de gobierno de Donald Trump. Eso era lo que esperábamos que hubiera hecho quien podía liderar la libertad en el mundo. Pero resultó que sus políticas, en vez de estar guiadas por el liberalismo y el respeto institucional, responden a un peligrosísimo populismo económico y social.

Trump ha tardado un año en darse cuenta de que para que MAGA —Make America Great Again— funcione necesita una masa de población de cerca de los mil millones de ciudadanos para su desarrollo económico. Para ello es imprescindible que el modelo político de América Latina sea la libertad democrática. Esperemos que lo haya hecho así para con Venezuela con esta operación llamada «Resolución Absoluta». Son las naciones de América Latina las que además, motu proprio, están inclinándose hacia la derecha. Se incorporó Venezuela en las elecciones de 2024, pero el régimen de Maduro falsificó el resultado y dio el pucherazo para asegurar su continuidad y la de todo su entorno criminal. Tras la victoria en Venezuela de Edmundo González están en la derecha Argentina, El Salvador, Ecuador, Bolivia, Chile y, próximamente, se sumarán Perú y Colombia.

El estrepitoso fracaso de la izquierda en América del Sur es histórico. A la izquierda le preocupan tanto los pobres que los fabrican por millones allí donde tocan poder. La nueva izquierda es corrupta, cainita, antidemocrática y, si no, narco. Toda ella con vínculos presentes o pasados con el terrorismo. El pueblo hispanoamericano se ha hartado de que su horizonte fuera la pobreza y la sumisión, mientras comprobaba como la fortuna personal de sus dirigentes caviares se multiplicaba por infinito. A la izquierda el régimen político que más le gusta es la dictadura. Siempre que sean de izquierda ni les importan, ni las critican. No soportan que sean de derechas. No por dictadura, sino por ser de derechas. Su falta de respeto democrático reside en sus genes ideológicos. Por eso siguen Cuba, Nicaragua, Corea del Norte…

Tras la actuación de las fuerzas norteamericanas, es escandaloso ver cómo reaccionan los seudocatedráticos, abogados y demás peleles de la izquierda. Critican que Trump, como Putin, —los «matones del mundo»— se apropien de territorios impunemente. Como si fuera lo mismo invadir un país democrático que rescatar a una nación de la narcodictadura —con presos políticos asesinados y torturados—. La acción de Trump tiene justificación si es para restituir la democracia. Si es para quedarse con el petróleo, en connivencia con parte del régimen, sería injustificable. A priori crispa el postureo de ministros de exteriores como el francés, que critica la actuación norteamericana por lo que supone de «violación del derecho internacional» porque «una solución política no puede venir impuesta desde el exterior». Que por fin se devuelva al pueblo la nación, siguiendo la voluntad expresada en las urnas, debería ser aplaudido en vez de criticado. Por gente como Jean-Noël Barrot los cubanos llevan 72 años disfrutando de dictadura comunista, ya que nadie reclama los derechos civiles individuales de los cubanos.

Hay que ver el rasgado de vestiduras de partidos españoles por la liberación de Venezuela. El PSOE y los Podemos, Sumar, Bildus… todos cómplices de la dictadura chavista —cuando no financiados— elevan el tono por Maduro y su mujer mientras han guardado un estruendoso silencio por todos los presos políticos asesinados y torturados por el régimen venezolano.

No es admisible que Donald Trump piense en Delcy Rodríguez como dirigente venezolana para la transición, aunque hayan sido ella y el psicópata torturador de su hermano quienes han entregado a Maduro a EEUU. Zapatero es parte del entramado corrupto de Delcy. La concesión del Premio Nobel de la Paz a María Corina supuso la descalificación y reprobación del mundo de la democracia y la libertad a las políticas y actitudes de Pedro Sánchez y todo su gobierno respecto a Venezuela. Después de la rueda de prensa de Trump, cabe pensar que la colaboración de EEUU para extraer de Venezuela a María Corina para recoger el Premio Nobel fue un acto premeditado para quitarla del medio y desactivarla como figura política fuera del país.

Habrá que confiar en que la Justicia norteamericana instruya para llegar hasta el último cómplice de la narcodictadura. Qué bueno sería que José Luis Rodríguez Zapatero y algunos más que han hecho de encubridores y negociadores del narcoestado obteniendo tan grandes, como sucios, beneficios, terminen detenidos y vestidos de naranja presidiario.

Hay que terminar bien la operación Venezuela. Hay que entregar el poder a su legítimo titular que es Edmundo González. Constituir el legítimo parlamento que emanó de las urnas y empezar la reconstrucción de esa gran nación que fue y será Venezuela. Hay que aprender de los errores del pasado. Venezuela es mucho más que petróleo para Trump y los gringos. Nadie del régimen debe tener cabida ni descanso internacional. Si se requisaran todas las viviendas que los afectos a los regímenes de Chaves y Maduro, con lo que han robado a su país, han comprado en el barrio de Salamanca de Madrid podría resolverse el problema de la vivienda.

La intervención de Trump es un buen principio para el final del narcorrégimen. Lo imprescindible es que se haga bien hasta el final. Lamentablemente, es el propio Trump quien ha abierto demasiadas dudas respecto al final de la operación.

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