The Objective
José Luis González Quirós

De Venezuela a Groenlandia

«Ocuparse de la isla será mucho más fácil que administrar Venezuela y para Trump sería un error descuidar la necesidad de mantener a flote su imperio y el del dólar»

Opinión
De Venezuela a Groenlandia

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. | Leah Millis (Reuters)

En España estamos muy acostumbrados a lo anómalo, comunistas en el Gobierno, el rey impulsor de la democracia casi exiliado, una jueza valenciana a la que le preocupa más el jersey de un incompetente y los whatsapps de Feijóo que las responsabilidades del Gobierno en las causas y la gestión posterior de lo de Valencia, podríamos seguir… y eso hace que cuando por ahí fuera suceden cosas que nos parecen anómalas nada nos sorprenda y tendamos a despacharlas de manera anecdótica, por ejemplo, atribuyendo la detención de Maduro a la peculiar personalidad de Trump, sobre todo si este nos parece una desgracia universal, un fantasmón mal educado y un estadista mezquino.

Hannah Arendt al comentar la ejecución de Eichmann escribió que «el mundo de la política en nada se asemeja a los parvularios» así que es miope leer los acontecimientos internacionales como episodios que pueden juzgarse con criterios candorosamente simples. Es fácil, sin embargo, que muchos se dejen llevar por el sublime placer de ser idealistas, aunque sea a costa del sufrimiento ajeno, y se proclamen defensores incondicionales del orden internacional que Trump ha violado demostrando, una vez más según este paradigma, su intrínseca maldad. Sucede que, por el contrario, tratar de entender lo que ahora ocurre en el mundo es poco tranquilizador.

La política internacional es lenta y brumosa y en los temas complejos, si se quiere entender algo, hay que empezar por distinguir, lo que nada garantiza que se llegue a la visión correcta, pero sin contemplar ciertos matices es imposible enterarse de nada. Es normal alegrarse de que Maduro haya caído abriendo una esperanza para la restauración de las libertades y de la justicia imparcial en Venezuela, pero es infantil quejarse de que la acción de Trump no sea angelical y no haya procedido a coronar de inmediato a la actual oposición. Ni siquiera un insensato, como a veces parece ser Trump, prescindiría de los consejos de una administración militar y exterior muy experimentada.

Hay un aspecto que se subraya poco y que apunta al pesimismo respecto al resultado final para las esperanzas de los venezolanos tras la captura de Maduro: los militares norteamericanos han empleado cientos de aviones, unos cuantos buques de lo más aparatoso y miles de soldados bien pertrechados para llevar hasta el juez a quienes tienen por una pareja de delincuentes, un empleo apabullante de fuerza, a ojos vista. Ha sido la prudencia del poderoso que puede permitirse estos alardes, pero no estaría mal en reparar que esta prudencia puede ocultar un miedo y una impotencia.

El miedo es a perder vidas, porque los electores norteamericanos ya no están dispuestos a que sus hijos se sacrifiquen a millares como lo hicieron en Europa hace 80 años y la impotencia deriva de una reflexión que se impone a consecuencia de que los últimos episodios bélicos en los que los EEUU se han manchado con el barro sobre el terreno no han salido nada bien, muchas bajas, costos inasumibles y.… derrota militar, se mire como se mire: el último ejemplo es el penoso abandono en Afganistán.

«España se negó por tres veces, entre 1848 y 1897, a vender Cuba a los EE UU, y acabó perdiendo la guerra de 1898»

La acción norteamericana sobre Caracas tendrá largas consecuencias en muchos órdenes: deja mal a Putin porque el líder ruso no ha podido hacer nada similar con Zelenski y porque su protección a Maduro y sus armas en manos venezolanas no han servido para nada; recuérdese, por contraste, la contención de Kennedy con los misiles de Kruschev y no porque Kennedy fuese menos resuelto que Trump, sino porque no poseía la tecnología de la que ahora puede presumir el presidente norteamericano.

Otra consecuencia nada menor será la alarma y el desconcierto europeo ante la mera posibilidad de que Trump pueda intentar algo parecido en Groenlandia, aunque no convendría olvidar su peculiar manual negociador, arremeter con vehemencia y negociar después, ni tampoco que España se negó por tres veces, entre 1848 y 1897 a vender Cuba a los EEUU, y acabó perdiendo la guerra de 1898 con escaso beneficio para nosotros y nuestro futuro, porque los nacionalismos periféricos florecieron tras una derrota tan dolorosa.

La consecuencia más penosa del ataque norteamericano puede tener que ver con las esperanzas venezolanas de recuperar la democracia. El chavismo está fuertemente organizado y armado contra una población indefensa y acorralada y es muy posible que se acabará granjeando su permanencia a base de dádivas, salvo que la habilidad y el compromiso de Marco Rubio consigan algo contrario, cosa muy deseable, pero de incierta probabilidad.

La exhibición tecnológica del asalto a Maduro indica que los EEUU no se van a arriesgar a ejercer de Guardia Civil en las ciudades y mucho menos en las selvas o los manglares, de modo que puede que los demócratas venezolanos no tengan fácil distinguir entre el madurismo y lo que venga después. Tampoco van a repetir el despliegue para llevarse a Cabello o a Padrino o a quien fuere, de modo que la prudencia imperial y el pragmatismo pueden tener muy buenos propósitos, pero cuando se tenga certeza de que las botas de los soldados norteamericanos no se van a poner sobre el terreno, el chavismo se resistirá a soltar el dogal con que sujetan a los venezolanos, pues pensarán que ya pagan el tributo petrolero suficiente y que las cosas del interior sólo les conciernen a ellos.

«Los que piensen que el régimen chavista caerá por su incompetencia, deben recordar que en Cuba llevan 70 años aguantando»

En este sentido, el empeño de los herederos de Maduro por seguir manteniendo su fingida institucionalidad no presagia ningún milagro. Los que piensen que el régimen chavista caerá por su incompetencia, deben recordar que en Cuba llevan 70 años aguantando y esa lección cubana el chavismo la tiene aprendida. Es muy probable que los EEUU estén tratando de evitar el desastre en Irak al deshuesar la administración del Baaz y puede que intenten seguir el modelo establecido tras la derrota de los nazis en Alemania, pero comparar a Delcy con Adenauer podría ser exagerado.

Trump tendrá que concentrarse en 2026 en mantener o recuperar su apoyo en las elecciones del midterm y cualquier exceso de exposición en Venezuela puede costarle muy caro. Rubio y otros tres estarán a cargo del asunto, pero puede que la persuasión de que sean capaces vaya a disminuir en la medida en que resulte bastante inverosímil cualquier nueva acción de fuerza.

Tal vez los chavistas aprendan a sacar casi tanto jugo a la reconstrucción petrolera como la que se espera sacar en la Casa Blanca, sobre todo si en ella se impone la impresión de que este episodio ha constituido una pedagogía eficaz para que en Groenlandia, en la que parece fijan su próxima operación, los que se sientan perjudicados afinen el oído y se pongan a negociar con el nuevo administrador. Ocuparse de la enorme isla será mucho más fácil que administrar Venezuela y para Trump sería un error empeñarse en arreglar el mundo descuidando la imperiosa necesidad de mantener a flote su imperio, y el del dólar, que a su juicio se había puesto muy en peligro por esa partida de incompetentes y viciosos que a él le parecen los demócratas.

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