The Objective
Héctor Palencia Rubio

Tren y puntualidad: ¿misión imposible?

«La ley fijó el 1 de enero para recuperar la puntualidad. Óscar Puente se negó, confirmando su renuncia a la calidad, la gestión y el liderazgo en Renfe y Adif»

Opinión
Tren y puntualidad: ¿misión imposible?

Ilustración de Alejandra Svriz.

La falta de puntualidad ferroviaria ya no es un fallo técnico ni una incidencia puntual. Es el síntoma más visible de un problema político: la renuncia de Óscar Puente a exigir calidad en las empresas públicas que dirige.

No sabemos si por incapacidad o por comodidad, pero lo cierto es que la gestión nunca fue una prioridad frente a las redes sociales, el principal mérito por el que Pedro Sánchez le fichó como ministro.

Desde su llegada al ministerio, optó por sustituir la gestión por el relato. Negar el problema, minimizar las incidencias y presentar una realidad paralela se convirtió en la estrategia principal. De ahí frases que han quedado para la hemeroteca de la infamia como «no prevemos ningún caos», «el tren vive el mejor momento de su historia» o «la puntualidad de Renfe es la segunda más alta de Europa».

Ese discurso de manipulaciones no viene acompañado de soluciones. No se asume el problema, no se adoptan medidas de gestión y no se lideran las crisis cuando se producen. Ante cada episodio de caos, el ministro desaparece, para luego negar la evidencia o buscar culpables fake para encubrir las responsabilidades internas.

La doctrina que Óscar Puente exige desde las redes sociales a otros nunca se la aplicó a sí mismo. Ausente del liderazgo útil para los españoles, dejó una frase para la historia de la hipocresía: «¿Cree que soy yo quien saca los trenes?». Así justificó su ausencia en pleno caos ferroviario tras el descarrilamiento de un tren, mientras asistía a un acto festivo en Lugo.

«Empresas públicas llamadas a servir al ciudadano han ido transformándose en estructuras donde se premia ser amigo»

A esta renuncia a la gestión y el liderazgo se ha sumado la colonización ideológica de la dirección de Renfe y Adif. Empresas públicas llamadas a servir al ciudadano han ido transformándose en estructuras donde se premia ser amigo o tener carnet, para poder proteger al ministro y al relato oficial, valga como ejemplo el fichaje por 2,5 millones de euros de 28 nuevos directivos en nueve meses; o nombrar a su ex responsable de redes como consejero.

Óscar Puente, mientras negaba que fuera a haber caos en el Congreso, modificaba los criterios de puntualidad y devoluciones en Renfe. En términos deportivos, renunció a jugar el partido de la calidad, y para maquillar la derrota y no perder por goleada, cambió las normas del partido.  

La puntualidad dejó de ser un objetivo irrenunciable, de ser una marca de calidad de las empresas públicas ferroviarias, para convertirse en un obstáculo incómodo.

Frente a esa renuncia, desde el Partido Popular, con Feijóo a la cabeza, hicimos lo contrario: asumir el problema y proponer soluciones. Durante meses hemos propuesto medidas que han ido contando con un apoyo mayoritario del Parlamento, mientras Óscar Puente y su equipo evitaban tener que ponerse a trabajar.

«Para quitar la puntualidad bastó un día. Para cumplir la ley que la recupera, Óscar Puente pide meses»

Por eso, en la Ley de Movilidad Sostenible, una mayoría alternativa, decidió apoyarnos e incorporarlas por ley, para que fueran de obligado cumplimiento.

Cinco medidas concretas: recuperar los criterios de puntualidad y devoluciones, un plan urgente de atención a los pasajeros, protocolos públicos de análisis de incidencias, un plan de choque para solventar las limitaciones temporales de velocidad y un plan extraordinario de inversiones, todo bajo el control parlamentario.

Ante esta derrota en el Congreso, el ministro y su equipo actuaron como si la democracia fuera un problema. Convirtiendo la puntualidad en una polémica artificial, comportándose como un calamar esparciendo tinta y más tinta para teñir su negativa a cumplir la ley.

«La puntualidad en el tren no es una quimera. Es una decisión política. Gobernar es exigir calidad»

Afirman que es «inconstitucional», pero no presentan recurso ante el tribunal. Califican la ley de «injusta», pero para ellos, no para el viajero.  Y dicen que es «contraria a la libertad de empresa», como si las empresas públicas fueran de los políticos y no de todos los españoles.

Para quitar la puntualidad bastó un día. Para cumplir la ley que la recupera, Óscar Puente pide meses. Desde el 1 de enero, el derecho a reclamar existe, pero en la práctica se hace imposible, y eso lo sabe este Gobierno, que cuando la ley le incomoda no protege al ciudadano: lo desgasta.

La puntualidad en el tren no es una quimera. Es una decisión política. Gobernar es exigir calidad; renunciar a ella, es renunciar a tus responsabilidades como ministro.

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