Acuerdo Mercosur: ¿se aprobará?
«Las potencias compiten por asegurar el suministro de sus ciudadanos, mientras que Europa restringe su cabaña ganadera. ¿Suicidio alimentario o visión de futuro?»

Ilustración de Alejandra Svriz
Uno de los asesores de Von de Leyen:
Vaya, ya tenemos de nuevo aquí a los pesados de los agricultores. Y, peor aún, de los ganaderos. Ahora protestan por lo de Mercosur, vaya tela. Para algo que hacemos bien en la UE, lo quieren estropear. Es que, por primarios, no se enteran de nada. Siempre están cabreados, dominados por una extrema derecha, que los manipula y dirige. Una vez más, a la contra. Si ya les subvencionamos por la PAC, ¿por qué protestan? Tendremos que darles alguna propina para que se callen y no fastidien el logro histórico de nuestro acuerdo con Mercosur, que, por cierto, todavía tiene que aprobarse en el Parlamento. Pero que griten lo que quieran, los europarlamentarios son sensatos y tienen alturas de mira, no se dejarán amilanar por ese vociferio sin sentido, más propio de los gremios medievales que de la sociedad digital y posmoderna que somos.
Y es que estamos entusiasmados, se trata de la primera señal europea de poder geopolítico. ¿Cómo no lo ven? Ahora, que EEUU pone muros y aranceles, nosotros derribamos murallas y abrimos mercados. Lanzamos al mundo un mensaje poderoso de multilateralismo: Europa quiere cooperar y no imponer unilateralmente sus intereses. Además, precisamos de nuestra propia área de influencia, ahora que americanos y chinos nos están comiendo por los pies. Juntos sumamos 700 millones de habitantes, un espacio económico colosal, que garantiza suministros y mercados para nuestros coches y tecnologías. Un logro innegable que nadie debería cuestionar.
Protestan porque no saben y están manipulados. Incluso en agricultura y ganadería ganamos, porque abrimos mercados para nuestro aceite de oliva, vinos y productos con denominación de origen. Y traemos soja y otros que abaratarán nuestros piensos. Además, con los cupos, contingentes y salvaguardas garantizamos que no se hundan los precios. Por eso, no comprendemos por qué los ganaderos ponen el grito en el cielo. ¿Es que no se han enterado de que toda la carne de vacuno y pollo importada no podría superar el 1,5% del total europeo? Se trata de una cantidad insignificante, incapaz de alterar mercados y sí de garantizar abastecimiento y precio. Porque de eso también se trata, de que los precios no se disparen.
A los agricultores, ganaderos y pescadores ya los subvencionamos. Y algo más podremos darles, para que se callen. Sí, quizás sea eso, protestan para sacar más pasta. Son pura economía subvencionada, vaya. Nosotros, sin embargo, hemos hecho lo que teníamos que hacer. Nuestra sensibilidad animal, nuestro compromiso ambiental y los objetivos 2030 nos han obligado a limitar sus malas prácticas. De hecho, ya estamos consiguiendo algunos de nuestros propósitos, como el de disminuir la cabaña ganadera europea, un foco de contaminación, metano, CO2, consumo de agua y maltrato animal incompatible con los valores europeos. Ojalá consiguiéramos acelerar el proceso, así tendríamos menos reacción en el campo.
«Preferimos una Europa que galopa sobre la transición energética que la que trota a lomos de burros camperos»
Los agricultores, ganaderos y pescadores europeos deben producir según nuestros reglamentos, que bien extensos y prolijos son, para que no les quepa duda alguna. Así tendríamos una ecoproducción sostenible, de escaso impacto ambiental y una naturaleza regenerada. ¿Qué esas medidas suponen unos sobrecostes que hacen inviables sus producciones, especialmente para las pequeñas explotaciones? Pues qué le vamos a hacer. Todo tiene un coste. Y preferimos una Europa que galopa sobre la transición energética que la que trota a lomos de burros camperos propios del pasado.
Algunos quisquillosos nos preguntan qué de dónde sacaremos entonces la comida. ¿Pues de dónde la vamos a traer? Vaya pregunta más tonta. Pues la traeremos de fuera, claro está. ¿De dónde, si no? Abundante y baratita, que es lo que queremos. Nuestros ganaderos son insaciables. Quieren subvenciones y precios altos y claro, eso no puede ser.
Tenemos la visión de futuro, de la que carece el sector agrario. Ya veremos cómo convencemos a Francia, Irlanda y Polonia, en manos de gobiernos demagógicos y cerriles. La justicia europea fallará a nuestro favor. Si fracasáramos, el poco prestigio que tenemos en el mundo se desmoronaría estrepitosamente, Europa no puede permitirse hacer el ridículo. Es ahora o nunca. Con los agricultores no podemos contar, ya lo sabemos, son egoístas y miopes, solo luchan por sus intereses. Pero pese a quien pese, el acuerdo Mercosur debe salir. Significará la primera señal de la nueva Europa. Por eso, estamos seguros de que se aprobará, vaya que si se aprobará….
Un agricultor en el único bar que queda en el pueblo:
«Abren fronteras para que entren productos mucho más baratos, sobre todo porque no les exigen todo lo que a nosotros sí nos obligan»
Estamos hartos. Los funcionarios de Bruselas llevan años persiguiéndonos con normativas, multas, y burocracias que nos aplastan y arruinan. Dedicamos más tiempo a los papeleos que a trabajar en el campo. Nos sentimos humillados. Nos venden como enemigos del medio ambiente y maltratadores animales a los que hay que limitar y controlar. Nos imponen restricciones de todo tipo —en insumos o manejo— muy superiores a los estándares mundiales permitidos en las normas y usos del comercio internacional. No nos quieren. Nos desprecian, no interesamos a nadie. Expulsan a nuestros hijos del campo. Con ese panorama, ¿quién querría dedicarse a algo tan sacrificado como el ganado? Quieren cerrar nuestros regadíos, nuestras granjas. Cortan nuestras cercas, impiden nuestros abonados y medicamentos que, sin embargo, sí permiten a terceros países de los que cada vez importamos más.
Si tan importante es el bienestar animal, ¿por qué lo exigimos acá y no allá? Pues está claro. Las élites de Bruselas no tienen interés alguno en los animales, lo que quieren es castigarnos y arruinarnos a nosotros. Les sobramos. Quieren un campo para pasear y no para producir alimentos. Persiguen el consumo de nuestra carne, cierran nuestras granjas, financian las de insectos y la carne de laboratorio, que vete a saber qué porquerías lleva. Todo por quitarnos de en medio. Abren fronteras para que entren productos mucho más baratos, sobre todo porque no les exigen todo lo que a nosotros sí nos obligan. Pero no les dejaremos matarnos dócilmente. Nos defenderemos con uñas y dientes. Nos quieren ahora engañar con lo de Mercosur. Nos dice que es bueno para todos. Mentira. Una más, que terminaría dándonos la puntilla.
No nos fiamos. Dicen que solo van a permitir la libre entrada de una cantidad de toneladas limitada, tanto de pollo como vacuno. Pero hecha la ley, hecha la trampa. ¿Y si envían esas toneladas tan solo en pechugas y solomillos, las piezas de más valor? Supondría un enorme destrozo para el sector, nuestro ganado perdería todo valor. Y nos tememos que simplemente sea una estratagema para abrir después la puerta a más. Sin tan malos son los medicamentos e instalaciones que aquí tenemos, ¿por qué se las permiten a ellos? Es un disparate, injusto, además. No permitiremos ese atropello. O todos moros o todos cristianos. Que se le exija lo mismo que a nosotros.
Tratarán de contentarnos con una limosna. Una más. No comprenden que eso aún nos humilla más. Queremos ganar nuestro pan con nuestro sudor y no nos dejan. Que se metan la limosna por el mismísimo. Llevan años castigándonos y no podemos más. Estamos ante la batalla final. El Parlamento Europeo debe rechazar ese engendro, sí o sí. Tenemos tiempo para movilizarnos. Muchos parlamentarios tienen dudas y vamos a protestar para convencerles. Europa no nos puede dejar en la estacada. Aunque no nos quiera, nos precisa.
«Tenemos razón y lucharemos hasta el final. El acuerdo Mercosur no se puede aprobar»
Esta guerra, la vamos a ganar, es cuestión de vida o muerte para nosotros. Y no solo protestamos contra el acuerdo Mercosur, sino por todo lo que llevamos años aguantando. Por nuestra dignidad y supervivencia, se acabó. Haremos valer nuestra voz desesperada. Tenemos razón y lucharemos hasta el final. El acuerdo Mercosur no se puede aprobar. Han vendido la piel del oso antes de cazarlo. Y nosotros, que somos el oso acorralado y fiero, estamos aún vivos. En las últimas, pero con ánimo de lucha. Nos sentimos estafados y estamos muy, pero que muy enfadados, preparando nuestros tractores para salir a la carretera. El acuerdo será rechazado en el Parlamento, sí o sí. Vaya que si lo conseguiremos…
Y mientras…
Precisamos de proteína animal. Si no la consumimos, enfermamos. Sin darnos cuenta, las potencias comienzan a competir por asegurar el suministro de sus ciudadanos, mientras que Europa restringe su cabaña ganadera. ¿Suicidio alimentario o visión de futuro? Tema de máxima importancia y actualidad al que tendremos que prestar mucha atención. En el libro La guerra por la proteína animal (Almuzara) de Juan Pascual y un servidor, que llega esta semana a librerías, mostramos toda la trastienda de un debate trascendente, porque de propia alimentación y salud se trata. Piense: ¿qué haría usted si fuera eurodiputado?