Algunas evidencias
«Se puede afirmar que más trenes sobre las mismas vías exigen un mayor y más frecuente cuidado sobre esas vías, y no parece que eso se haya hecho»

Ilustración de Alejandra Svriz
El domingo 18 de enero a las 19.45 horas se produjo un trágico accidente de tren en Adamuz, un municipio cordobés que está en estos días al final de la cosecha de aceituna más triste de su historia. La iglesia de Adamuz, del siglo XIV, perdió quemado su archivo histórico durante la Guerra Civil y fue utilizada por los maquis como centro de resistencia.
Según ha escrito Guillermo Cid en El Confidencial, «a Germán se le ponen los ojos vidriosos cuando se acuerda de su hijo. Con solo seis años, lleva toda su vida viendo pasar trenes pegados a su hogar y alucina tanto con ellos que sueña con conducirlos algún día. Pero ahora, su padre teme que su sueño se vea truncado. El accidente que se ha llevado por delante la vida de al menos 42 personas en uno de los puntos a los que acudían habitualmente a ver pasar el ferrocarril ha dejado huella en todos los habitantes de Adamuz».
Pero volvamos a los hechos. Desde 2022, ADIF ha registrado 20 incidencias en la infraestructura ferroviaria de Adamuz. La primera, el 15 de marzo de aquel año, se debió a un problema en la catenaria entre Alcolea de Córdoba y Adamuz, que provocó retrasos en los trenes de alta velocidad. Desde entonces han ocurrido averías y otras incidencias.
Los datos globales recogidos en las memorias anuales de la Comisión de Investigación de Incidencias Ferroviarias (CIAF) elevan la cifra total a más de 110 descarrilamientos notificados en la red ferroviaria española entre 2019 y 2024. El volumen y la recurrencia de estos sucesos, con picos de 25 casos anuales en 2023, apuntan a un deterioro estructural del sistema, evidenciado por fallos en la infraestructura. Y no son los únicos incidentes graves que han tenido lugar en las vías ferroviarias españolas. Uno de los más recientes es el descarrilamiento de un tren de mercancías en As Neves el 17 de noviembre de 2025.
Como ha escrito Soto Ivars en ABC, «nadie conoce aún la causa del desastre ferroviario en Adamuz, pero de manera inconsciente parece que alguna gente une los puntos y hace un dibujo. El dibujo es un país parasitado donde se elige a dedo a los altos cargos en función de lo que se les debe y los amaños en la contratación pública son el pan de cada día».
«Dejar en manos de Ábalos, Koldo y compañía un ministerio como el de Transportes es apostar por lo peor»
Dejar en manos de Ábalos, Koldo y compañía un ministerio como el de Transportes y Movilidad Sostenible es apostar por lo peor desde el punto de vista profesional, legal y moral.
Sin pretender buscar responsables a esta tragedia, sí se puede afirmar que más trenes sobre las mismas vías exigen un mayor y más frecuente cuidado sobre ellas, y no parece que eso se haya hecho. Y es que esos riesgos producen muertes y es esa mala conservación de las infraestructuras lo que es preciso eliminar. Quizá para ello sea necesario recabar capital privado, cotizar en bolsa y optimizar la gestión de la infraestructura de la alta velocidad en España, que en términos relativos es la más importante del mundo (4.000 kilómetros).
Pero antes sería preciso eliminar los nombramientos a dedo en empresas tan relevantes como lo es ADIF.
Las causas del terrible accidente de Adamuz se acabarán aclarando, pero hoy todo apunta a que el descarrilamiento fue culpa de una vía en mal estado.