The Objective
José Carlos Rodríguez

Europa necesita a Mercosur

«El acuerdo incrementaría el comercio a largo plazo en torno al 40%. Reduce la dependencia europea de China y nos guarece de la cachiporra comercial de Trump»

Opinión
Europa necesita a Mercosur

Firma del acuerdo de libre comercio UE-Mercosur en Asunción (Paraguay).

Tras la entrada de los Estados Unidos en Caracas, la detención de Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York, una cuenta oficial ofreció una imagen del tío Sam con un pie en cada extremo del continente, y un lema que cruzaba todo él: «Doctrina Monroe». La doctrina Monroe, que era en realidad de John Quincy Adams, consistía en prohibir a Europa mezclarse en los asuntos iberoamericanos. Bien podía Trump haber mencionado el corolario Roosevelt, por Teddy, que viene a decir: «Vosotros no, pero nosotros sí». Pero son los únicos que han intentado controlar al menos parte del continente. No es el caso de la vieja Europa, pero sí de Rusia, China e Irán, que juntos forman un entente de grandes enemigos de Washington. 

Este es el contexto en el que entra en una nueva fase, tras dos décadas y media de negociaciones, el acuerdo de libre comercio, o al menos de comercio, entre Mercosur y la Unión Europea. El Parlamento Europeo ha frenado su aprobación. Los intereses agrícolas tienen allí una representación efectiva. Y han logrado que el Parlamento envíe el acuerdo al Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Este movimiento puede retrasar la aprobación hasta dos años. Es tiempo suficiente para que los actores que se oponen al mismo logren movilizar a una parte de la opinión o, al menos, de los representantes políticos. 

Las divisiones dentro del Parlamento no siguen estrictamente unas líneas políticas. Incluso dentro del Partido Popular Europeo en torno a un tercio de los representantes (procedentes de Polonia, Irlanda, Francia, Bélgica, Austria), se oponen. La izquierda, que siempre apoya a los intereses especiales frente al capitalismo (es decir, frente al común), se inclina hacia el no. Y la derecha nacionalista, o ultraderecha como se le llama (a veces, de forma impropia), se suma a la izquierda, con la que se confunde habitualmente. 

El acuerdo prevé la eliminación progresiva de los aranceles para más del 90% del comercio bilateral, con calendarios que pueden llegar hasta los 15 años. De todos modos, el acuerdo incorpora algunas excepciones sectoriales. El sector agrícola europeo queda protegido de la competencia americana. Los consumidores seguiremos pagando demasiado dinero en nuestra cesta de la compra. Por su parte, hay algunos sectores industriales que no notarán el efecto de una creciente competencia europea. Finalmente, el acuerdo prevé un mecanismo de salvaguardia bilateral que permite revertir los acuerdos si se detectan daños graves a la producción doméstica. 

Es más importante la parte del acuerdo que busca reducir las barreras no arancelarias. El arancel es un impuesto, y las otras barreras consisten en regulaciones diseñadas para proteger a los productores nacionales, que no quieren que los ciudadanos nacionales elijan libremente a otros productores. Es importante decir que no se rebajan los actuales estándares sanitarios, ni los laborales o medioambientales. 

«Entre los beneficios del acuerdo está que Europa podría diversificar el suministro de materias primas»

Entre los beneficios del acuerdo está que Europa podría diversificar el suministro de materias primas. Esas materias, puestas al servicio de una economía tecnológica y limpia como la que se adopta en Europa, contribuirían a mejorar el desempeño medioambiental. Y reducen nuestra posición vulnerable en el acceso a esas materias. Dependeremos menos de China.

También nos guarecemos de la política de cachiporra comercial de Donald Trump. Trump desaparecerá del panorama político, pero su legado político lo asumirá una facción, hoy parece que mayoritaria, del Partido Republicano. Y el Demócrata no es aquí ninguna garantía. 

El acuerdo incrementaría el comercio a largo plazo en torno al 40%. El impacto es importante para la UE, más importante para España, y aún más importante para los miembros de Mercosur, que recordemos son Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Venezuela está suspendida desde 2016. Bolivia está en proceso de ser miembro de pleno derecho. Y esperan a la puerta Chile, Perú, Colombia, Ecuador, Guayana y el Surinám. 

A corto plazo, el mayor beneficio para nosotros es que habría una mayor competencia para servirnos a nosotros, los consumidores. Pero a largo plazo los beneficios son mayores. La competencia obliga a las empresas nacionales a mejorar, a reinventarse o, sí, a perecer. Pero, por un lado, solo desaparecerán si no son lo suficientemente buenas. Y, por otro, sus recursos, especialmente los trabajadores, podrán ocuparse en otras empresas que sí sean competitivas y productivas. 

Corremos un grave riesgo. Si la patada al acuerdo hacia el Tribunal de la UE retrasa lo suficiente la firma, Argentina llegará a un acuerdo con los Estados Unidos y Brasil con China. Perderemos credibilidad como actor comprometido con el libre comercio y las reglas multilaterales. Perderemos la relevancia que aún nos queda en Iberoamérica. Y continuaremos nuestro lento camino de secular decadencia.  

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