The Objective
Rosa Cullell

No son bulos, son muertos

«Me sorprende que, cuando aún no se han rescatado ni identificado todos los cadáveres, los ministros responsables se dediquen a buscar enemigos en los medios»

Opinión
No son bulos, son muertos

Ilustración de Alejandra Svriz

Bien de mañana cojo el tren de alta velocidad para ir de Barcelona a Madrid. Es un día después del terrible accidente ferroviario. Salgo tan deprisa que olvido coger el libro que estoy leyendo y ni tiempo me da para comprar el periódico de papel. Me relaja hacer sudokus con lápiz y goma. Ya en una larga y silenciosa cola, la señora de delante cuenta que viaja para ver a su hijo: «Trabaja en la capital y tenía el billete comprado, pero qué mal momento…» Subimos al vagón. Todos vamos pensando en las víctimas del descarrilamiento y el AVE avanza a menos velocidad. «Son 40 muertos» leo en mi teléfono. Y, en ese instante, me aparece un tuit-alerta del ministro Fernando Grande-Marlaska: «Se monitorizan todas las redes para detectar bulos». Triste prioridad para un ministro.

Navego por las tierras digitales de Elon Musk para leer novedades sobre algo tan grave como que un tren que va a 230 kilómetros por hora se salga de la vía y embista a otro. Entro en las explicaciones del ministro de Transportes, Óscar Puente. «Serán oficiales», me digo. Poca información, pero suficiente para entender que estamos ante un desastre. Varios periodistas, algunos conocidos y excolegas, han retuiteado al titular de Transportes. Intento hacer lo mismo, pero en la pantalla aparece un letrero. Bloqueada.  

Ya no se puede ni seguir a Puente, bien conocido por insultar y carcajearse del contrario político. ¿Qué habré hecho? No he colgado ni un comentario insultante en mi Twitter. Y sé de qué hablo. Recibí, durante el procés independentista, miles de mensajes anónimos y amenazadores. Unos sabían dónde vivía y dejé de vivir; otros me deseaban la muerte y los denuncié, librándome de ellos. 

Ahora entro poco o nada en la red de Musk. Pero me sorprende que, cuando aún no se han rescatado ni identificado todos los cadáveres, los ministros responsables se dediquen a buscar enemigos en los medios que consideran contrarios. No son días, me atrevo a escribir, para que nadie pierda el tiempo en producir eslóganes o difundir alertas antimedios y periodistas. Son tiempos para rezos (si crees que sirven para algo) y, sobre todo, para investigaciones independientes (también informaciones) que desvelen y expliquen las causas de la tragedia.   

Llego al portal de mi casa con 50 minutos de retraso y recibo un mensaje tardío de ADIF avisándome de su decisión de rebajar la velocidad media a 160 kilómetros por hora. Los pasajeros de mi AVE lo habían notado. Tarde avisan, concluyo.

«El Ministerio de Transportes y Renfe llevan años contratando amiguetes y amiguitas; están metidos en un túnel muy oscuro»

Los maquinistas y sus sindicatos alcanzaron un acuerdo que insta a Renfe a reducir la velocidad máxima de circulación de 300 a 230 kilómetros por hora en la línea Madrid-Barcelona. Lo intentan desde hace meses. También ellos, como los viajeros frecuentes, notaban los baches, los golpes. 

El ministro Puente, desde hace años, actúa en las redes y en las ruedas de prensa con una seguridad chulesca. «Vamos a pasar a la ofensiva en la alta velocidad», dijo hace nada. Con ese símil militar anunciaba el pasado mes de noviembre: «Nuestros trenes van a llegar a 350 km por hora». Lo que ha llegado es el momento de la contraofensiva, esa en la que los guerreros no se atreven ni a asomar la cabeza por la trinchera. 

Las elecciones autonómicas se acercan en Aragón y Castilla y León. Puente llamaba «Mazcón» (por Mazón) al actual alcalde de Zaragoza. Qué feo y sin gracia. No creo que la candidata socialista aragonesa, Pilar Alegría, quiera pasear al ministro de Transportes por sus mitines.        

Nos encontramos ante un problema difícil, triste y de alcance mundial. La catástrofe ferroviaria del domingo será analizada en España e Italia. También por organismos de la Unión Europea. La UE y sus socios llevan años dudando de la fiabilidad de algunas de nuestras instituciones públicas, de sus gastos y presupuestos. El Ministerio de Transportes y Renfe llevan años contratando amiguetes y amiguitas; están metidos en un túnel muy oscuro.  

«El plan de alta velocidad europea mueve unos 550.000 millones de euros, suficientes para que los implicados no se fíen de nadie»

Todos los gobiernos y empresarios de la alta velocidad tienen la obligación de llegar a «la verdad», esa que descubre los fallos en los trenes, averigua quién se equivoca al elegir materiales o investiga si alguien ha dejado de invertir en mantenimiento. El Estado italiano es propietario de casi la mitad de las acciones de Iryo, mientras que la firma japonesa Hitachi (Grupo Alstom) fabrica los trenes Iryo que llegaron a España en 2021, cuando se liberalizó definitivamente el sector. Son interesados de envergadura; lucharán por su honor y fiabilidad. Las vías son españolas, las gestiona la empresa pública ADIF.

Este desastre acaba en los tribunales internacionales. Buscando culpas anda ya el juego de la resistencia política y económica. El plan de alta velocidad europea mueve alrededor de 550.000 millones de euros, suficientes para que los implicados no se fíen de casi nadie. Menos aún cuando llueve sobre mojado, cuando nueve meses después aún no sabemos nada del gran apagón que dejó a España sin luz ni energía durante un día.

La reacción del Gobierno a la catástrofe no puede ser impedir que los periodistas o columnistas de medios supuestamente «enemigos» sigan a sus ministros en las redes. Pero hasta ese punto de falta de transparencia hemos llegado. Parecen no darse cuenta de la gravedad de lo ocurrido

Un tren de Cercanías de Cataluña se ha sumado a las desgracias que rodean a Puente y al Gobierno. Otra persona fallecida y decenas de heridos. Eso tampoco podía pasar, pero ha pasado. No son bulos, son noticias. Y muertos, muchos muertos, señor ministro.    

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