Colonizar mata
«El resultado de esta colonización socialista del Estado es el mal funcionamiento de todo. Y cuando lo básico no funciona por negligencia y corrupción, hay muertes»

Ilustración de Alejandra Svriz.
El Estado español no funciona. El sanchismo se lo ha cargado. Desde 2018 el PSOE se ha dedicado a colonizar la Administración y las empresas públicas por dos motivos espurios: el interés privado y la corrupción. En este asalto al Estado no ha habido un mínimo atisbo de vocación por el servicio público o para implementar un proyecto de modernización o mejora del país. Cada iniciativa gubernamental o designación de cargo ha respondido a la lógica del favor político y del reparto del botín. Ha sido una labor de zapa impresionante: humillación de los funcionarios de carrera, multiplicación de los cargos de libre designación para sus fieles, y crítica del mérito para desprestigiar a los mejores.
Ahora, las infraestructuras están en manos de siervos de Sánchez, no de profesionales. Hablamos de personajes cuya única virtud es la lealtad al amo. Estos enchufados no saben qué tienen entre manos, ni conocen el sector ni al personal, y carecen de formación y experiencia. Únicamente están ahí para cobrar y representar el papel que quiera Sánchez o cualquiera que tenga poder en ese nefasto Gobierno.
El resultado de esta colonización socialista del Estado es el mal funcionamiento de todo, o su uso bastardo, como RTVE. Y cuando lo básico no funciona por negligencia y corrupción, se producen muertes. Si al frente de los servicios públicos se pone a amigos, o peor, a gamberros que se dedican a insultar en las redes en lugar de trabajar por el bien común, lo que se tiene es una administración deficiente que mata. Ha pasado con Red Eléctrica, ADIF y Renfe, pero está ocurriendo también con Sanidad.
La izquierdista que dirige el ministerio del ramo ha conseguido poner en huelga al personal sanitario. Es lógico. Mónica García, médica, madre y mindundi, ha pactado el Estatuto Marco con unos sindicatos irrelevantes en el sector. Lo ha hecho por pura ideología, no por servicio público ni siquiera siguiendo un criterio técnico. ¿Cuántos pacientes serán desatendidos o verán su salud afectada por una huelga provocada por una ministra que ha conseguido el cargo no por su capacidad, sino por pertenecer a ese grupo político insignificante que es Sumar? Los españoles no merecemos que al frente del Ministerio de Sanidad esté una persona que deteriora un servicio básico por sectarismo y arrogancia.
Es fácil deducir que no se buscó a una facultativa competente para dirigir ese ministerio, sino realizar un apaño político para que Yolanda Díaz estuviera contenta. Esto ha ocurrido con el reparto de ministerios y con la designación de cargos en todos los ramos de la administración y en las empresas públicas. El objetivo ha sido siempre saquear y crear una red clientelar, en esa confusión tan totalitaria de considerar que el Estado pertenece al partido que gobierna.
«Cuantos más impuestos pagamos, peor es el servicio que recibimos»
De esta manera tenemos la desgracia de asistir a la descomposición de los servicios estatales; es decir, del papel que le confiere una justificación mínima al Estado y al infierno fiscal que sufrimos. Si estamos acribillados a impuestos es para pagar una asistencia que, a la vista está, ya no recibimos en condiciones y, peor, que nos puede matar. No olvidemos que España es el país europeo donde más ha aumentado la presión fiscal entre 2019 y 2022. El resultado ha sido paradójico: cuantos más impuestos pagamos, peor es el servicio que recibimos.
Esta situación tiene una derivada sociológica. Si a una clase política mejorable unimos un Gobierno egoísta, negligente y corrupto, con unas instituciones cuestionadas y un Estado que no funciona, es lógico que crezca la antipolítica y la desafección hacia el sistema.
Ha sido este Ejecutivo el que nos ha llevado a dicha situación. Desde el primer día se dedicó a la agitación y a la propaganda en lugar de gestionar lo público para el bien común. Se empeñó en buscar enemigos para crear un relato que ocultara su ineficacia y que justificara la colonización del Estado. Todo era bueno con tal de que la derecha y los «ultras» no llegaran al poder. Ese objetivo hizo que una parte de la sociedad española los bendijera con su voto y que otros grupos parlamentarios mantuvieran a Sánchez en Moncloa. Por tanto, no solo el Gobierno es responsable de esa colonización que mata, sino también aquellos que siguieron votando y apoyando a un partido que convertía los servicios públicos en una agencia de colocación y una fuente de corrupción.
Unos y otros toleraron que el Gobierno dedicara más empeño en desenterrar a Franco, en cuidar a la «flotilla» de Greta Thunberg, o en lograr la amnistía para Puigdemont que en mejorar la eficiencia del Estado. Siguieron depositando su voto en la urna religiosamente y apoyando al PSOE en el Congreso. No ha importado el visible deterioro de la democracia ni de la administración, o el sectarismo evidente en cada cosa que hacía este nefasto Gobierno porque a cambio no estaban «los malos» en el poder. Enhorabuena.