No me quites la Guerra Civil
«El público de Uclés, el personaje, ha pensado que solo la izquierda puede hablar del conflicto. Que nadie les quite la Guerra Civil para zurrar a la derecha y victimizarse»

El escritor David Uclés con el Premio Nadal.
David Uclés es un buen chico. Se plancha su boina y saluda a las ovejas por su nombre. Luego sujeta el teclado con sus dos manitas y piensa en sí mismo como en un personaje de novela. Pero no uno cualquiera. Jamás de los jamases querría ser uno de La colmena porque fue escrita por un censor franquista. El escritor rural se imagina como el yanqui de Por quién doblan las campanas, con su toque pijo y antifascista de bombazo y tentetieso. Es por esto que nunca estaría bajo la misma nube que Aznar y Espinosa de los Monteros, famosos por sus zancadillas al Progreso en su marcha triunfal al paraíso. Porque, si la vida fuera un cuento de Hemingway, uno de esos relatos inspirados por la pluma del comisario político y del vino incautado, Uclés militaría en la Alianza de Intelectuales Antifascistas.
Si pudiera, el personaje metido a novelista habría posado con un Mauser a la puerta de la librería-taberna Tipos Infames; eso sí, muy serio, con el puñito en la sien derecha en solidaridad con sus gentries propietarios, que denuncian la gentrificación del barrio. Y es que «el mundo se va a la mierda con el capitalismo», como dijo el millonario cantante Víctor Manuel. No sé si el marido de Ana Belén promocionaba alguno de sus productos de cosmética progre y necesitaba conectar con su público. Sí lo hizo descaradamente otro que arrastra la pena por el desierto de la desdicha entre amarguras y zozobras. Tampoco sé decir si la frase es suya o se la chivó su mánager.
El caso es que Nacho Vegas, que casualmente saca disco, declaró al diario oficial del Movimiento: «Tenemos que combatir el fascismo de todas las maneras posibles». Qué fuerte, tío. Luego lo ves bailando en Spotify, tan mohíno y cojitranco, con unas gafas a lo David Hasselhoff al volante del coche fantástico, y piensas que los nazis desfilarán otra vez por los bulevares de París.
«La realidad es que todos los progres huyen o se hacen un bonzo imaginario con el petróleo de su indignación»
Y cuando uno pensaba que las desdichas del progre no habían terminado, Héctor de Miguel (Quequé), se despide de la Cadena SER porque no soporta las críticas a una de sus gracias. El humor de izquierdas, que no bromea con Sánchez, Ábalos, Puente ni Begoña, está en horas bajas. Cada uno tiene su público, y reírse de la corrupción del sanchismo, de su negligencia y de sus costumbres prostibularias tiene menos chispa que hablar de una foto de Feijóo de hace 30 años.
La realidad es que todos los progres huyen o se hacen un bonzo imaginario con el petróleo de su indignación. No sé adónde vamos a llegar. De hecho, estamos tan cerca del apocalipsis ultra que ya hay escritores que empiezan o terminan su carrera presentándose como militantes de la extrema izquierda. Eso ha dicho Julian Barnes (80 inviernos): «Me he vuelto más de izquierdas porque el centro se ha desplazado a la derecha».
El novelista, que también presenta libro, refleja así el mundo mental de los progresistas: como van perdiendo, se echan en brazos de Stalin. Ante el debate, piensan, es mejor usar palabras gruesas como «fascista» y cancelar a troche y moche. Y si no se puede, uno se retira del encuentro Letras en Sevilla sobre 1936: La guerra que todos perdimos con la excusa de que van dos «ultras» con los que no se quiere compartir espacio.
El público de Uclés, el personaje, ha pensado que solo la izquierda puede hablar del conflicto, sentar la verdad, y mandar callar a los demás. Que nadie les quite la Guerra Civil para zurrar a la derecha, victimizarse y secar sus lágrimas con pasta gansa. Es su Waterloo, pero en plan ABBA. Les pertenece y no hay discusión. Lo piensan sus lectores y un puñado de periodistas, a los que les duelen las manos de aplaudir a Uclés. Luego comprarán su nuevo libro porque el chico de la boina y la barba es uno de los suyos. Y colorín colorado.