The Objective
Fernando R. Lafuente

1914-1945. Europa se desgarra

«’Intolerancia’ es el título de la espléndida exposición que se puede visitar en la Residencia de Estudiantes madrileña, a cargo del historiador Miguel Martorell»

Opinión
1914-1945. Europa se desgarra

Adolf Hitler y Benito Mussolini inspeccionan a las tropas nazis en Berlín, 1940. | Zuma Press

«Lamentablemente, vivimos en una época en la que los argumentos extremos son muy populares y a menudo prevalecen. Pero es mucho más importante encontrar un buen equilibrio, llegar a compromisos, practicar la tolerancia». Son declaraciones de Uwe Wittscock, autor de Febrero 1933. El invierno de la literatura (Ladera Norte), a Preslava Boneva para estas páginas de THE OBJECTIVE. Tolerancia es lo que advierte Wittscock e Intolerancia es el título de la espléndida exposición que estos días uno puede visitar en la Residencia de Estudiantes madrileña: Intolerancia. España en una Europa convulsa. 1914-1945. Un sinfín extraordinario de documentos, carteles, fotografías, publicaciones, obras de arte, que configuran la lectura en imágenes de una época y forman parte de la Colección de José María Castañé.

El catálogo cuenta además con una serie de ensayos a cargo del catedrático de Historia Social y Política, Miguel Martorell, quien también es el comisario de la muestra y quien con exquisito, poco frecuente, criterio académico ha dividido todo el material expuesto en: Intolerancia. Una Historia Europea. España. Golpe de Estado y Revolución. La España franquista en la Europa del Eje. Extirpar al enemigo. Persecución y Resistencia, para cerrar las más de 500 páginas con un muy útil Apéndice documental, además del correspondiente Índice onomástico. Un lujo para el visitante de la exposición.

Cualquier comparación con el pasado es siempre una aventura arriesgada. Pero no es nada arriesgado conocer el pasado. Lo grande del paso del tiempo es que anula las tensiones del presente, las incertidumbres, las sorpresas y los asombros, y permite contemplar lo ocurrido con la distancia pertinente. Con el historiador ruso Henze se descubrió que «la Historia no tiene guion» y eso es lo inquietante. También, no hay que ser Pitágoras para saber que la Historia nunca se repite —como uno nunca se baña dos veces en el mismo río, o no lee dos veces el mismo libro— aun cuando los desastres y los desgarros presenten características propias de cada momento y lo fatal pudiera regresar con otros actores.

Señala Wittcock en la citada entrevista: «Los escritores que vivían entonces en Alemania no sabían qué régimen quería instaurar Hitler». Claro, de ahí, la salida en tromba hacia el exilio de buena parte de ellos, y de directores de cine, como tantos otros, al comprobar cómo en mes y medio la República de Weimar se convirtió en un infierno en la tierra. Porque nunca se había conocido algo tan bestial y criminalmente implacable. Y fue algo que traspasó las fronteras de la Alemania nazi, y antes, porque el fascismo italiano comienza en 1922, y si uno contempla el mapa de Europa a partir de ese año, se suceden un reguero de regímenes dictatoriales.

La Gran Guerra, la Revolución rusa y la irrupción del fascismo. De ahí, la panorámica que Martorell describe en Intolerancia y presenta en su primer capítulo, respecto al impacto de la irrupción del fascismo italiano al convertirse en un modelo para otros en el escenario europeo con sus «escuadras de militantes armados prestos a liquidar las huelgas, sofocar las agitaciones campesinas o luchar contra las organizaciones obreras. A su vez, partidos y sindicatos de trabajadores crearon sus propias organizaciones paramilitares para combatir a los enemigos de la extrema derecha. Las armas circularon sin freno y los choques entre grupos fascistas, o fascistizados, y antifascistas fueron cotidianos. La violencia, revolucionaria o reaccionaria, devino en parte consustancial de la política».

«Nunca es tarde para acudir a la Historia, a los hechos, los personajes, los momentos, las emociones, los documentos, los movimientos»

Si uno lee en paralelo, el libro de Wittscock y los textos del catálogo, descubrirá, sin demasiado esfuerzo, la desgarradura que Europa sufriría, de manera singular, en la tercera década del siglo porque, señala Martorell: «Al avanzar la tercera década del siglo crecía el número de europeos convencidos de que la democracia no ofrecía soluciones eficaces para los graves problemas planteados por la Gran Guerra».

Nunca es tarde para acudir a la Historia, a los hechos, los personajes, los momentos, las emociones, los documentos, los movimientos, las declaraciones, los archivos, las cartas de escritores y políticos, porque todo forma parte de lo ocurrido y ayuda a reconstruir el pasado. En el catálogo, Martorell en el capítulo España. Golpe de Estado y Revolución, se detiene en el estudio de cuatro dibujantes y pintores, de los que se incorporan parte de sus obras, que «pueden dar perfecta cuenta de su complejidad». Son el francoargentino Chas Laborde (1886-1941), quien se encuentra de paso por España y en medio de la situación, «el observador externo»; José Luis Rey Vila (1900-1983) (Sim) que, desde la perspectiva anarquista enarbola la querencia de la revolución; el falangista Carlos Sáenz de Tejada (1897-1958), emblema de la causa rebelde y José Moreno Villa (1887-1955), cuyos escritos, en palabras de Martorell, «reflejan al intelectual sorprendido por la brutalidad de la guerra en el frente y en la retaguardia».

Exposición (con su imprescindible catálogo) y libro de Uwe Wittscock para ganar al tiempo y recordar la impecable cita de Tzvetan Todorov, con la que se abre el Epílogo de Febrero de 1933. El invierno de la literatura: «La memoria del pasado será estéril si nos servimos de ella para erigir un muro infranqueable entre el mal y nosotros, si nos identificamos con los héroes intachables y las víctimas inocentes, empujando a los agentes del mal más allá de las fronteras de la humanidad. Sin embargo, por lo general hacemos justo eso».

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