Las cosas buenas de Yolanda
«La vicepresidenta cae en picado en las encuestas; los españoles no la entienden. Su buenismo cotiza a la baja incluso dentro de sus menguantes filas»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Ni la sororidad salva a Yolanda Díaz. Sus lapsus, sus cursiladas, los abrazos de oso a Pedro Sánchez, las alabanzas a Chávez y a las dictaduras bolivarianas dejan huella. Cae en picado en las encuestas; los españoles no entienden a la vice. Cuanto más la escuchan, más jóvenes y más currantes piensan en votar a Vox. Ahora se dedica a criticar al ministro de Economía porque, al igual que las empresas, está en contra de la reducción de jornada y del espionaje laboral. En jerga yolandista, resulta que Carlos Cuerpo «no ve las cosas buenas de España». El buenismo de la vicepresidenta cotiza a la baja incluso dentro de sus menguantes filas.
Según la ministra de Trabajo, la prioridad ahora mismo es «democratizar la empresa». Ahí van dos de sus propuestas para conseguirlo: los trabajadores ocuparán hasta la mitad del Consejo de Administración y «recibirán» entre el 2% y el 10% de la propiedad/firma en la que trabajen. Ya ha anunciado que prepara otra ley para concretar esas nuevas ideas. No se rían, que hay más.
La vicepresidenta, siempre bien peinada y con conjuntos «tendencia», ha pasado años intentando convertirse en la izquierda amable y votable, en el socio útil de Sánchez. Lo fue, pero Sumar no suma y Podemos ya tiene su soldadesca antisistema para darle el sorpasso. Con el fin de no perder comba, intenta recuperar a los progres de toda la vida y al sindicalismo comunista que bebió en casa y le dio de comer.
Díaz lo fiaba todo, la continuidad en el Gobierno y su vida política futura, a la aprobación rápida y sin peros del Anteproyecto de ley para la reducción de la duración máxima de la jornada ordinaria de trabajo, el registro de jornada y el derecho a la desconexión. Pero ese título larguísimo, que pretende amarrar al empresario y saberlo todo sobre la vida del trabajador, hacía prever enmiendas a la totalidad.
El objetivo primordial de ese texto era reducir la jornada laboral de 40 horas semanales (vigente desde 1982) a 37,5 horas. Esa baza está perdida, al no contar con el acuerdo de las empresas ni del titular de Economía, compañero en el Consejo de Ministros. Díaz, ajena a todo lo que la envuelve, quería empezar el año con algún pequeño éxito: cambiar, al menos, la normativa laboral para controlar «en tiempo real» las horas que los españolitos, empleados y directivos, pasan en el curro (trabajando, descansando, fumándose un pitillo…). Va a ser que no.
«La falta de sintonía entre la vicepresidenta y el ministro de Economía es notoria»
La vice parece vivir en otro mundo, en uno donde las empresas españolas, en su mayoría pequeñas (solo el 0,2% tiene más de 250 empleados), pueden gastar un montón en tecnología e inventos del TBO. Invertir para que la ministra y amiga les espíe no está entre sus proyectos del año. El Gran Hermano de Trabajo no convence.
El previsible fracaso de la ley, que además de reducir horas y aumentar costes puede atentar contra el derecho a la privacidad, ha disgustado profundamente a Yolanda, que se ha preparado para la batalla. La ministra aprovechó la reciente presentación de su informe La democratización de las empresas españolas para explotar contra el ministro de Economía: «Le pasa como en muchas cosas, que está en contra de la reducción de la jornada laboral».
No se entiende con Cuerpo, un economista de carrera, experimentado y de pocas palabras. La falta de sintonía entre la vicepresidenta y el ministro es notoria. Ella, con su verbo difícil, enrevesado, lo ha explicado a su manera: «Tienen, en Economía, un sujeto que les impulsa a una visión en contra de las cosas buenas de nuestro país». Cuerpo está contra todo lo bueno, que ella representa, por supuesto. Vaya por Dios.
Hasta la «desconexión digital» ha entrado en la ley para reducir el horario laboral. La ministra se parece a esas madres/padres que quieren quitar el maldito teléfono a sus niños. Díaz, por hacer el bien, pretende controlar los minutos que el empleado dedica a su tableta, la hora que tarda el currito en comerse el bocadillo ante el PC o el momento de llegada a casa para descansar. Hay que desconectar, sí o sí. Nada de horas extras en el ordenador, sin que lo sepamos. Te estamos mirando.
«Ajena a los problemas de Gobierno que se amontonan en Moncloa, Yolanda encarga estudios para decirnos cómo vivir y trabajar»
Ajena a los problemas de Gobierno que se amontonan en Moncloa, Yolanda encarga estudios para decirnos cómo vivir y trabajar, aportando siempre alguna frase encantadora. Ya saben, «la empatía no juzga, abraza» o «trabajar menos para vivir mejor»… Lamentablemente, con la tan mentada palabrería no se pagan las horas extras. Me temo, por pura intuición, que ni Pedro Sánchez ni Carlos Cuerpo quieren tocarles más las narices a los empresarios de este encantador, pero agotado, país nuestro.
En mi vida profesional he formado parte de varios consejos de empresas privadas y públicas. En todos, los hombres eran amplia mayoría. Me sorprendían dos cosas: la alta preparación de las pocas mujeres que lograban llegar a esos cargos y, por contra, la escasa competencia de algunos hombres en la cumbre. Mi conclusión, entonces, era que la igualdad de sexos en el mundo profesional no sería plena hasta que, en lo más alto, hubiera una mujer inepta… por lo menos. Con Yolanda Díaz, lo hemos conseguido.