The Objective
José Antonio Montano

Defensa de Uclés

«¡Qué mérito el de Uclés al haber tumbado al valentón Reverte! ¡Ha ensartado a Alatriste, ni más ni menos! ¡Le ha hecho morder la lona!»

Opinión
Defensa de Uclés

Ilustración de Alejandra Svriz.

Hay tantos asuntos en torno a Uclés que para abordarlos se necesitaría una novela-río de las de Uclés. Haré lo que pueda en mi columna de 600 palabras (de las que ya he gastado 36: ¡gran cifra para Uclés!; bueno, ahora son 44).

Lo primero es justamente la cantidad de asuntos en juego: David Uclés tiene él solo a todo el país en danza, es como el chino de los cien platillos. Creo que esto no se vivía en España desde Chiquito de la Calzada. Por sí solo es un mérito. 

También lo es el haber vendido tantísimas ediciones de La península de las casas vacías, con lo difícil que es vender libros aquí. Un dato que, a su vez, asesta un golpe mortífero al prestigio del público lector español, que ya andaba tocado por su irredenta afición a las novelas de Arturo Pérez-Reverte.

Dejando al margen a las masas lectoras (cuyo disfrute con lo que han pagado es por lo demás incuestionable, en esto son soberanas), entre los entendidos tanto uclesistas como antiuclesistas hay unanimidad en un aspecto al menos: lo de Uclés no es la literatura. La crítica a la novela ganadora del Nadal que ha hecho para Babelia Jordi Gracia es una escabechina. Tal vez Uclés se haya dado cuenta ahora de lo corteses que son sus denostadores «fachas», que le brindan esta condición para que no se los tome en serio. Pero con Gracia, que es como Sánchez hecho crítico literario, ¿qué va a hacer?

El desplante de Sevilla es apoteósico. La no celebración del congreso ha sido el gran triunfo del congreso, puesto que corrobora su tesis del desastre guerracivilista: todos perdimos la guerra y lo que nos queda. En ello estoy de acuerdo con Reverte, cuya visión es más antropológica e histórica que ideológica. También ética. Muchas veces escribió Borges que, en un sentido profundo, metafísico casi, es peor ser el verdugo que la víctima.

«Su guerracivilismo ha aflorado en su brindis por la cancelación del evento»

En cuanto al chaval Uclés, su guerracivilismo ha aflorado, más que en su renuncia a coincidir con dos sujetos (algo que yo habría hecho, aunque no solo con esos dos, sino también con todos los demás, incluido Uclés: mi misantropía está en máximos), en su brindis por la cancelación del evento. Aquí se ha visto que es un matador de cuidado (para conocer su mecanismo les remito a La genealogía de la moral de Nietzsche).

Pero, dejando de lado la baja ideología y su farfolla verbal, tan barata: ¡qué mérito, de nuevo, el de Uclés al haber tumbado al valentón Reverte! ¡Ha ensartado a Alatriste, ni más ni menos! ¡Le ha hecho morder la lona! Para huevines, contraintuitivamente, los del chavalín. No se lo podía esperar nadie.

A partir de este hontanar de simpatía que ha manado en mí (¡yo he sido el primer sorprendido, y le rindo homenaje léxico!), he pensado en lo que Uclés tiene de maldito y de dandi. Maldito en el sentido del Lorca, poeta maldito de Umbral: no en la convención sino en el efecto; en Uclés anticipadamente porque se huele el juguete roto a la legua. Dandy tal como lo caracterizaba Villena en su Corsarios de guante amarillo: alguien que se viste y se comporta no para atraer sino para repeler.

Uclés es además un quijote pastoril: está como salido de La Galatea, y de tal guisa marcha por nuestro mundo hostil, tropezando y hostigado pero singularizándose de una manera asombrosa. De repente, nuestros liberales (¡tan adocenadamente predicadores del individualismo!) se escandalizan ante la presencia de algo que no habían visto jamás: ¡un individuo!

Y con esto llego a la palabra número 600.

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