España en la diplomacia del papa León
«Es probable que León XIV vea en nuestro país un paradigma de muchas de las tensiones occidentales (inmigración, identidad cultural, crisis económica…)»

Ilustración de Alejandra Svriz
Se anuncia que, para su primer gran viaje europeo, el papa León XIV ha escogido visitar España. Los destinos previstos, no se sabe aún en qué orden, serían Barcelona, Madrid y las Canarias; en continuidad con el viejo sueño del papa Francisco de llegar a las fronteras vivas de la inmigración. España no fue, sin embargo, un país central en las preocupaciones del anterior pontificado. Había una lógica geográfica y cultural en ese relativo desinterés. Si Benedicto XVI puede ser considerado el gran Papa europeo —quizá el último de una estirpe—, Jorge Mario Bergoglio vino desde las periferias con otras experiencias vitales y con una sentimentalidad teológica y política distinta.
A medio camino entre mundos muy diversos —los Estados Unidos, Perú y Roma; el derecho canónico y las matemáticas—, Robert Prevost se ha fijado en nuestro país para iniciar sus grandes viajes apostólicos. ¿Qué le ha hecho pensar en nosotros? ¿La proyección de España hacia América Latina, nuestra condición fronteriza entre tres continentes y otras tantas culturas, los problemas internos que padecemos y los de la propia Iglesia española? Son preguntas para las que sólo dispongo de intuiciones.
«Si algo define a la diplomacia vaticana» —me explicaba hace años Jorge Dezcallar, entonces embajador de España ante la Santa Sede—, «es que aplica un doble principio. En primer lugar, no se sujeta al corto plazo ni tiene que rendir cuentas a los votantes en cada legislatura, sino que literalmente tiene como horizonte la eternidad. Y, en segundo lugar, cada vez más piensa y actúa en una clave plenamente universal. Resulta lógico si tenemos en cuenta la cantidad de creyentes de Asia, África e Iberoamérica, frente a los números menguantes de Occidente».
Tiempo y universalidad serían, así, los dos conceptos principales para entender los movimientos diplomáticos de la Santa Sede. Tiempo y universalidad, pero también una orientación que define su agenda de prioridades. Ya conocemos cuál es la primera del Papa León: la unidad entre las distintas sensibilidades eclesiales, algunas de las cuales se sintieron favorecidas y otras agraviadas por las decisiones del anterior pontífice. Unidad frente a la confrontación ideológica en un mundo que parece haber olvidado nuestra condición fraterna.
La segunda prioridad evoca la urgencia pastoral de la reevangelización. La España actual encarna muchas de las contradicciones del catolicismo moderno, escindida entre su pasado cristiano y los vientos de un laicismo agresivo. La cuestión es si este legado contradictorio –y en gran medida olvidado– puede convertirse en una forma de esperanza compartida para un futuro postsecular.
«En nuestro país puede haber un llamamiento al encuentro interior de una sociedad fracturada»
Como americano, además es probable que León XIV vea en nuestro país un paradigma de muchas de las tensiones occidentales (inmigración, identidad cultural, crisis económica…) y, al mismo tiempo, intuya en él un trampolín hacia los países iberoamericanos, donde reside cerca del 40% de los católicos del mundo.
Por supuesto, no serán estas las únicas prioridades. Habrá otras más concretas, más cercanas. Madrid, por ejemplo, permite establecer un diálogo directo con el poder secular en un contexto marcado por las políticas divisivas del Gobierno. La visita a la Sagrada Familia en Barcelona, por su parte, evoca el papel del arte en un mundo cada vez más anhelante de sentido. Y las Canarias, con la llegada continua de cayucos, ejemplifican el drama de la inmigración, a la espera de una futura visita papal al continente africano.
Si finalmente el viaje a España se confirma, asistiremos al primer movimiento diplomático del papa León tras su visita a Nicea. Así como en Turquía la clave fue la unidad con los ortodoxos, en nuestro país puede haber un llamamiento al encuentro interior de una sociedad fracturada y a una aproximación entre continentes y culturas, en una Europa que necesita redescubrir el fundamento de su esperanza.