The Objective
Manuel Arias Maldonado

Vox y el falso culpable

«Vox cobra fuerza porque al oficialismo le interesa que así sea. Sus votantes reaccionan contra el deslizamiento del Gobierno hacia la izquierda confederal»

Opinión
Vox y el falso culpable

Ilustración de Alejandra Svriz.

Resulta llamativo que la discusión sobre las elecciones aragonesas —tratadas exclusivamente como unos comicios con resonancia nacional— haya girado en torno al presunto fracaso del PP (que baja dos escaños) y el condigno triunfo de Vox (que dobla los suyos); la rotunda derrota de la candidata socialista (iguala el suelo histórico del partido en la región) y la desaparición de Podemos (obtiene menos votos que Alvise) parecen quedar en segundo plano. Es natural que el oficialismo quiera desviar la atención hablando de Vox; asunto distinto es que sus argumentos —incluso hay quien los formula honestamente— resulten persuasivos.

Resumiendo: el responsable de que Vox obtenga crecientes rendimientos electorales es el PP. ¡Y solo el PP! Bien. Pero la cosa se complica enseguida: unos sostienen que el PP se ha escorado demasiado a la derecha y neutralizaría a Vox si regresase al centro con un programa reformista que trascendiera el simple «antisanchismo»; otros afirman que el PP se ha escorado demasiado al centro y neutralizaría a Vox si regresase a la derecha con un programa desacomplejado que trascendiera el simple «antivoxismo». O sea: los primeros afean el fichaje de Vito Quiles e identifican a Moreno Bonilla como gran esperanza del partido; los segundos creen que Feijóo es demasiado tibio con Sánchez y anhelan la subida a los cielos jerárquicos de Isabel Ayuso.

Es obvio que las dos explicaciones son incompatibles entre sí. Pero es que ni siquiera está claro que la hipótesis principal sea correcta. Habría que matizarla, para empezar: si diéramos por buena la idea de que el PP tiene la culpa de que suba Vox, tal cosa sucedería por torpeza antes que por maldad, pues no se ve qué gana el PP fragmentando el espacio electoral de la derecha. ¿Acaso no sería mucho más feliz la dirigencia popular si todos esos votos fueran solo para ellos? Si el PP no frena a Vox, entonces será porque no sabe hacerlo.

Ahora bien: preguntarse por lo que hace o deja de hacer el PP quizá sea menos relevante que determinar por qué se vota a Vox. Nótese que cuando Sánchez llega a Moncloa de la mano de la extrema izquierda y los separatistas, Vox no está en las Cortes; el partido de Abascal cobra fuerza desde entonces porque al oficialismo le interesa que así sea. Sus votantes reaccionan contra el deslizamiento del Gobierno —no ya del PSOE a secas— hacia la izquierda confederal; lo que incluye deshacer la respuesta del Estado de derecho contra el procés, una política migratoria que una parte del electorado juzga indeseable y el fomento de una versión radical del feminismo que aliena a esos jóvenes que no disfrutan de las presuntas ventajas del patriarcado. En otras palabras, el plan de Sánchez ha sido engordar a Vox para hacer sonar la alarma antifascista: dejar eso fuera del análisis es deshonesto u obtuso.

Súmese a ello que Vox surfea una ola internacional favorable a la extrema derecha y que sus votantes experimentan agravios materiales o culturales para los que PP y PSOE ofrecen a sus ojos una respuesta similar: ¿no gritaba el primer Podemos aquello de «PP y PSOE, la misma mierda son»? Ahora pasa lo mismo, solo que al revés: rompe consensos y te sacarán los ojos. Así que Vox crea votantes «nuevos», ya sean jóvenes que se incorporan al censo o ciudadanos que dejan la abstención para castigar a Sánchez o impugnar el «sistema» o las dos cosas a la vez. ¿Alguien cree de verdad que un PP más centrado podría quedarse ahora mismo con esos votantes? Y si se escora visiblemente a la derecha, tampoco; lo tienen complicado.

Nada de lo anterior impide la crítica del principal partido de la oposición; una crítica que tendrá distintos acentos según dónde se sitúe cada cual. Al centrista le disgustará que Ayuso —dicen que liberal— deplore Mercosur; los católicos lamentarán posicionamientos morales más contundentes; los estetas se echarán las manos a la cabeza ante la aparición de Los Meconios en la campaña aragonesa. Pero de ahí no se deduce que el ascenso de Vox sea culpa del PP: que es justamente lo que desea escuchar el votante de izquierda. ¡Qué casualidad!

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