Desprecios, miserias y bulos
«Sánchez está sumergido en un irreal viaje de final de legislatura en el que su única defensa consiste en acusar de bulos a todo lo que cuestione sus acciones»

Ilustración de Alejandra Svriz.
24 días ha tardado el presidente de Gobierno en dignarse a acudir al Congreso para dar explicaciones sobre el trágico accidente de trenes en Adamuz que costó la vida a 46 personas. Se negó a ir a la convocatoria que le hizo el Senado para que acudiera el pasado 29 de enero a explicarlo. No le gusta la Cámara Alta a la que ignora en todo lo que puede, solo por el hecho de que la mayoría allí es del PP.Por eso se permite el desplante institucional de no visitarla desde hace un año y medio, pese a que el Reglamento le obliga a comparecer al menos una vez al mes. ¿Desprecio, cobardía o chulería? Probablemente las tres razones a la vez.
En su desprecio por todo lo que le cuestione o le obligue a dar explicaciones sobre las acciones o inacciones de su gobierno, Sánchez tiene por costumbre retrasar en el tiempo las explicaciones, esconderlas en el Congreso entre otros mil asuntos y cuando por fin habla del tema, opta muchas veces por medias verdades. Y no debería haberlo hecho con este trágico hecho en el que 46 ciudadanos españoles perdieron la vida en un accidente de trenes que cada día parece más claro que se podía y se debía haber evitado.
La miseria política de nuestro presidente es tal que, tras retrasar casi un mes su comparecencia, cuando por fin decidió hablar, no lo hizo para aportar nuevas o verdaderas explicaciones de las causas. Tampoco para disculparse o para mostrar algún gesto, por pequeño que fuera, de responsabilidad política. Al contrario, alardeó del sistema ferroviario español, omitió el caos en el que vive desde hace tiempo y alabó a su ministro de Transportes. Ese Óscar Puente, que ha alardeado del número de ruedas de prensa y de entrevistas concedidas, aunque en ellas mintiera y ofreciera muchas explicaciones distintas y en las que solo había algo en común: la exculpación de su gestión.
Sánchez está sumergido en un irreal viaje de final de legislatura en el que su única defensa consiste ya en acusar de bulos y desinformación a todo lo que cuestione su acción de gobierno o denuncie los escándalos que le rodean. Dada su incapacidad para convencer, ha decidido que su mejor defensa es ensuciar todo sin importarle las consecuencias. Fatalidades, dijo el presidente como si fuera un destino fatal e inamovible.
Todas las críticas son para él, sencillamente, bulos. Es una deriva muy peligrosa para una democracia que un presidente de Gobierno, cuando sube a la tribuna pública del Congreso, en vez de explicar las decisiones de su Gobierno, opte por atacar a los medios. No tuvo Sánchez ningún reparo en descalificar informaciones verdaderas y en acusar a un medio, en este caso a THE OBJECTIVE, de algo comprobable como la información sobre el traslado de la dirección de seguridad de ADIF en 2025 al gabinete de presidencia.
Lo que en verdad busca Sánchez es manchar en lo que pueda el prestigio de un medio porque sabe que muchas de sus informaciones revelan graves escándalos sobre su gestión política. Así lo hizo con THE OBJECTIVE y con el periodista Iker Jiménez. Tiene pavor a todo lo que se siga descubriendo sobre su Gobierno. Con un desprecio total a la libertad de información, intenta ir manchando a aquellos medios libres y críticos que siguen desvelando graves escándalos como, por ejemplo, las nuevas informaciones de TO sobre los hackeos de su móvil y el de algunos ministros por parte de Marruecos. Una información muy relevante y que debe ser seguida de cerca.
Nuestra vida política ha sido reducida a la mayor de las miserias posibles por un presidente y unos cómplices que no tienen ningún respeto, no ya por la verdad, ni siquiera tienen respeto por los suyos. Nada más miserable y repugnante que la acusación del ministro Óscar López de culpar al fallecido socialista Javier Lambán del fracaso electoral del PSOE en Aragón. Esta es la autocrítica del PSOE. Ni una palabra ha dicho Sánchez sobre el batacazo electoral socialista en Extremadura y Aragón. Ni una palabra. Y ahora sale su esbirro dialéctico a echar la culpa a un político digno y respetado que falleció hace seis meses. Un Lambán que siempre se mantuvo firme y digno frente a la demolición del PSOE por parte de Pedro Sánchez. Es muy probable que esta acusación de López contra Lambán sea compartida por el propio Sánchez. Por eso López tiene incluso la desvergüenza de ratificarse en ella. Dice Page, el presidente castellano-manchego que fuera compañero de batallas de Lambán, que «no se puede ser mejor político a costa de ser peor persona». Pues eso.
Le da igual la verdad a este presidente y a este gobierno que no gobierna. Intenta imponer siempre su relato para ir ocultando todas sus responsabilidades. Son pocos los que tienen confianza en que este ejecutivo explique en el futuro las causas reales del accidente del tren. No lo ha hecho todavía con el apagón, ni con otras mil cuestiones. Este gobierno no asume nunca nada. Por no asumir, no han asumido que llevan tres años sin Presupuestos Generales y sin mayorías estables. Nadie asume nada. Ni Sánchez, ni ninguno de sus ministros, ya sean socialistas o de Sumar. Ni por cuestiones políticas, ni por escándalos. Ni por desacuerdos nacionales, ni por ridículos internacionales.
Nunca la imagen internacional de España ha estado tan por los suelos en este medio siglo de democracia. Con Sánchez hemos conseguido los peores índices de corrupción, superando a Botswana, Ruanda o Qatar. No es mejor la imagen de un presidente al que le hacen ya luz de gas hasta en la Unión Europea. El alejamiento de Sánchez de los centros de poder internacionales es ya un clamor. La última, la humillante pataleta pidiendo explicaciones a Meloni por no haber sido invitada a una reunión previa de una reunión informal de presidentes y primeros ministros de la UE. La cita fue organizada por la italiana Giorgia Meloni, el canciller alemán, Friedrich Merz, y el primer ministro de Bélgica, Bart De Wever.
Pero el gobierno español solo se lo recrimina a Italia en una performance en la que de nuevo Sánchez monta un pretendido y falso desplante para hacerse la víctima de una líder de extrema derecha. Al encuentro se unieron la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y los líderes de Austria, Bulgaria, Chipre, Croacia, República Checa, Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Luxemburgo, Países Bajos, Polonia, Rumania, Eslovaquia y Suecia. Casi nada. 19 países. Es decir, casi todos. Y todos los grandes, menos España. Así estamos.
Pedro Sánchez no gobierna. Da bandazos, genera solo ruido y polémicas «señuelo», huye de la calle, en la UE y en la OTAN le evitan, pierde elecciones autonómicas y pierde en el Parlamento. Muchos le consideran ya un muerto, políticamente hablando, pero como en Los otros, él no lo sabe. Y si lo sabe, todavía peor. Todo en él es un gran bulo.