The Objective
Javier Santacruz

La primera industria española ante el desafío de la competitividad

«La urgencia está en acabar con el absentismo, cortar la subida del SMI, rebajar de forma drástica las cotizaciones a la Seguridad Social en los deciles de salarios 1, 2 y 3 (como mínimo)»

Opinión
La primera industria española ante el desafío de la competitividad

Ilustración de Alejandra Svriz.

El éxito de las cifras agregadas de España se explica tanto por méritos propios como por deméritos ajenos. Así lo muestra de una forma muy clara el balance de cierre de 2025 del sector del turismo, el cual bien podemos denominar como «la primera industria española». 2025 se sitúa como uno de los mejores años históricos del sector, superando ampliamente los niveles previos y evidenciando la fortaleza del turismo como motor económico del país. 

En 2025, España alcanzó cifras récord en turismo internacional, con 96,8 millones de visitantes extranjeros, un 3,2% más que en 2024, según los datos de Frontur y Egatur del INE difundidos por el Ministerio de Industria y Turismo. Estos turistas generaron un gasto total de más de 134.700 millones de euros, lo que supone un incremento del 6,8 % interanual. El balance refleja una consolidación del modelo turístico español con un gasto nominal medio en aumento y un comportamiento robusto incluso con crecimientos moderados en visitantes.

Sin embargo, al igual que el conjunto de la economía española, el turismo ha entrado en una fase de desaceleración del crecimiento. El PIB turístico que mide Exceltur registró un avance del 2,8% interanual en el tercer trimestre de 2025 frente al 4,8% en el mismo período del año anterior. Obviamente, existen factores cíclicos que justifican este comportamiento, incluyendo uno tan básico como es la dificultad de crecer a tasas más elevadas cuanto mayor es la base (el PIB generado el año anterior). Pero existen varios factores de carácter estructural que convienen ser analizados.

Desde hace unos trimestres, nuestro sector exterior (incluyendo, lógicamente, el turismo) está empezando a mostrar señales de agotamiento. En un país donde el comportamiento de la productividad es muy heterogéneo en cada sector y, en términos globales, decepcionante (especialmente la productividad conjunta de capital y trabajo), es esencial mantener la competitividad vía precios de los servicios y bienes que vendemos al exterior. Y es aquí donde, desde 2022, estamos incubando una pérdida de competitividad-precio que redunda en un freno de nuestras exportaciones, el cual ya es visible.

La escalada inflacionista desde el verano de 2021 está teniendo efectos relevantes. Así lo muestran dos indicadores económicos clave: uno, el índice de competitividad de España frente a la eurozona y la OCDE. Este índice, publicado por el Banco de España, resultado de multiplicar el componente precios (definiendo precios relativos de España como la relación entre el índice de precios de España y el de los países del grupo correspondiente) por el componente nominal, muestra un empeoramiento de la competitividad al cierre de 2025 de un 1% con respecto al mejor dato marcado en septiembre de 2023. Teniendo en cuenta que la ganancia competitiva más potente que ha tenido España se produjo entre el verano de 2018 y septiembre de 2023 con una caída (significa mejora) del índice de un 4,76%, es probable que estemos ante un cambio de tendencia.

Otro indicador clave es el tipo de cambio efectivo real, el cual mide la competitividad de nuestro sector exterior frente a todos los socios comerciales. Es una medida muy interesante de cuán competitivo es el «euro español». Porque aunque estemos en un área monetaria y comercial única en la que compartimos la misma moneda y las mismas reglas comerciales, el dinamismo de la estructura productiva de cada país genera situaciones de competitividad muy distintas. En este sentido, en el último año, según los datos publicados por el Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS), este índice ha experimentado una subida del 3,6% interanual en diciembre, lo cual indica que el sector exterior español se mide hoy peor que el año pasado con respecto a sus competidores internacionales.

En ambos casos, la pérdida de España se ve opacada por la pérdida aún mayor de competitividad en la eurozona. Y no es consecuencia directa, como muchos economistas piensan, de tener un tipo de cambio nominal euro/dólar caro. Viene de muy atrás, concretamente de 2022, cuando el euro estuvo por debajo de la paridad con el dólar USA. Refleja el desplome del superávit por cuenta corriente de Alemania y una tasa de inflación que no termina de reducirse, entre otras cuestiones. En paralelo a la marcha atrás antes mencionada del 3,6%, el tipo de cambio efectivo real de la eurozona ha empeorado un 4,9% interanual, registrando una subida de más de 10 puntos desde el mejor registro marcado en el verano de 2022.

«La pérdida de España se ve opacada por la pérdida aún mayor de competitividad en la eurozona»

Hace ya unos trimestres que el superávit de la cuenta corriente española marcó máximos superando los 50.000 millones de euros. A fecha de noviembre, último dato publicado por el Banco de España, el superávit acumulado de los últimos 12 meses está en 48.742 millones de euros, un 6,22% menos que en el mismo período del año 2024. Trece años exactos de balanza positiva de España frente al exterior dibujan la historia de un éxito sin precedentes en la economía española del último siglo. Durante este lapso de tiempo, la economía española nunca había sido capaz de crecer sin generar fuertes déficits en la cuenta corriente. Desde finales de 2012 ha sido posible. Y es el deber primero de la política económica hacer todo lo que esté en sus manos para que esta historia de éxito continúe. 

Y, ¿qué es lo que puede hacer? Desbloquear todas las reformas encaminadas a, por un lado, un mayor control de la inflación, el cual, en un país que carece de soberanía monetaria (afortunadamente), se traduce en eliminar obstáculos a la competencia en los mercados y reducir tanto la fiscalidad (deflactación del IRPF, IVA, sociedades…) como el gasto público, principal componente de la subida del dinero en circulación. Imprescindible, por ejemplo, girar 180º el rumbo de la política energética que está causando subidas extraordinarias de los precios de la electricidad para las empresas, una materia prima imprescindible dada nuestra estructura productiva.

Y, por otro lado, un impulso a la productividad, tanto por hora efectiva de trabajo como del capital. En el primer caso, la urgencia está en acabar con el absentismo, cortar la subida del SMI, rebajar de forma drástica las cotizaciones a la Seguridad Social en los deciles de salarios 1, 2 y 3 (como mínimo) y eliminar subsidios que actúan de barrera efectiva a la incorporación al mercado de trabajo como el IMV, convirtiéndolo en lo que debería haber sido desde el principio: un impuesto negativo sobre la renta. Y, en paralelo, incentivar la inversión en bienes de capital físico y en capital humano vía simplificación de trámites burocráticos, compra pública de innovación e incentivos al ahorro privado para proyectos innovadores en empresas de nueva creación.

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