The Objective
Miguel Ángel Benedicto

Ni chicha ni limoná

«Si el PSOE continúa subordinado a la supervivencia de su líder y el PP sigue instalado en la ambigüedad, el trasvase hacia opciones radicales se acelerará»

Opinión
Ni chicha ni limoná

Ilustración de Alejandra Svriz.

En la política española actual, los dos grandes partidos están empeñados en perder a su propio electorado. Faltan convicciones y sobra incoherencia en socialistas y populares.

El PSOE ha dejado de ser el partido que defendía a los trabajadores. Hoy se percibe como una maquinaria al servicio de la supervivencia política de Pedro Sánchez. Las decisiones estratégicas no se explican por un proyecto de país reconocible, sino por la necesidad de sostener una mayoría parlamentaria heterogénea a cualquier precio. El resultado es una política errática, basada más en la táctica que en la coherencia.

El votante obrero cada vez se identifica menos con un socialismo de salón que pide sacrificios fiscales, mientras algunos de sus dirigentes usan mecanismos para eludir los impuestos. Se habla con grandilocuencia de igualdad, de justicia social, de violencia de género, pero cuando las incoherencias estallan dentro de casa, la contundencia desaparece. Las políticas identitarias le traen al pairo a quien no llega a fin de mes. Cuando el salario pierde poder adquisitivo, la cesta de la compra se dispara y comprar una vivienda en una gran ciudad se convierte en un lujo inalcanzable, la pirámide de Maslow se impone sobre lo identitario. Y a Sánchez los obreros le hacen una peineta verde con la efigie de Abascal.

Pero el problema no es exclusivo del socialismo. El Partido Popular tampoco ofrece una alternativa clara. Se presenta como la única opción moderada y de gobierno, pero actúa como una veleta que nadie sabe hacia dónde gira. El PP no deja de ser, para muchos, un PSOE azul. Cambia el tono, pero no el fondo. Cambian los nombres, pero no las ambigüedades.

¿Cuáles son las medidas concretas que va a derogar Feijóo si llega a la Moncloa? ¿Dónde están su gobierno en la sombra y sus propuestas políticas? ¿Tiene un programa reconocible y un liderazgo firme o va a seguir poniendo velas a Dios y al diablo mientras se desangra electoralmente a favor de Vox?

«En un país tan polarizado, la indefinición desmoviliza al electorado o lo empuja a los extremos»

El problema no es solo estratégico; es de liderazgo. Lo que piensa Ayuso puede ser lo contrario de lo que defiende Juanma Moreno. María Guardiola se levanta un día asustada por las peticiones del diablo de Bambú y, al siguiente, le pone velas en busca de un pacto de gobierno. Esa diversidad territorial puede ser una riqueza, pero cuando no hay una línea clara se convierte en confusión. Y en un país tan polarizado, la indefinición desmoviliza al electorado o lo empuja a los extremos. Hay muchos a los que Abascal no entusiasma, pero un PP ambiguo no les seduce. Y saben que, aunque Vox no gobierne, con buenos resultados hará todo lo posible por retorcer a la derecha la muñeca ideológica de Feijóo.

La polarización espoleada por el Gobierno de Sánchez junto a sus socios nacionalistas, independentistas y de extrema izquierda, resucitando un espíritu guerracivilista que parecía enterrado tras una Transición modélica, que incluso se reivindica para Venezuela, llamando fascista a todo aquel que no comulga con sus planteamientos y fachosfera a quienes critican legítimamente sus políticas, dificulta que el PP pueda captar el voto en el centroizquierda. Feijóo debería ser consciente de que su verdadero caladero electoral no está en quienes nunca votarán a la derecha, por mucho que le aconsejen moderarse aún más, sino en ese voto antisistema que ha emigrado hacia Vox.

Hoy el PP está tan instalado en tierra de nadie que no convence ni a derecha ni a izquierda en una política cada vez más dicotómica. En ese vacío crece Vox. Un partido con un programa en buena medida inaplicable, un liderazgo discutible y unos dirigentes regionales prácticamente desconocidos para el gran público. Y, sin embargo, es una máquina de ganar votos. ¿Por qué? Porque capitaliza el descontento. Porque conecta con las clases medias y bajas que sienten que pierden posiciones cada año. Porque habla sin complejos donde otros titubean. Y porque no se desgasta en labores de gobierno.

Los cordones sanitarios, lejos de debilitarlo, consolidan su identidad antisistema y movilizan más a su electorado. Además, diluyen las diferencias ideológicas entre los partidos tradicionales, a los que el votante termina percibiendo como indistinguibles, sin que estos respondan con políticas eficaces que afronten el malestar social. Y cuando el sistema parece no ofrecer respuestas a problemas cotidianos como salarios estancados, fiscalidad elevada, alquileres imposibles, inquiokupas que campan a sus anchas, sanidad en declive e infraestructuras deterioradas, el sufragio se convierte en un instrumento de castigo.

«Los dos partidos tradicionales carecen hoy de valores reconocibles y coherentes en su acción política»

El campo vota a Vox porque sabe que al PP no le importa y al socialismo menos. Muchos jóvenes también ponen los huevos en la cesta de la ultraderecha hispana, percibida como el partido antisistema y denostada en foros públicos y universitarios, lo que la convierte en algo cool y atractivo. Hay, además, un elemento generacional evidente: los hijos ya no votan como los padres. El voto ya no es una herencia ideológica, sino una reacción emocional.

Los dos partidos tradicionales carecen hoy de valores reconocibles y coherentes en su acción política. El PSOE rige casi todo por una lógica ideológica que prioriza el relato sobre las consecuencias, incluso cuando estas son gravosas para el ciudadano medio. El PP, en lugar de combatir esa deriva con un proyecto alternativo sólido, parece acomplejado, temeroso de definirse con claridad para no incomodar a nadie. Pero en política, quien no incomoda tampoco entusiasma. Y quien no entusiasma, no gana.

España atraviesa una etapa de fragmentación y cansancio. El electorado no pide milagros, pero sí claridad. Quiere saber qué se va a derogar, qué se va a reformar, qué impuestos bajarán o subirán, cómo se resolverá el acceso a la vivienda, qué política migratoria se aplicará y cómo se garantizará la seguridad jurídica de sus propiedades. Quiere liderazgo y programa.

Si el PSOE continúa subordinando su proyecto a la supervivencia personal de su líder y el PP sigue instalado en la ambigüedad estratégica, el trasvase hacia opciones más radicales no solo continuará, sino que se acelerará.

La política no puede seguir instalada en el ni chicha ni limoná. Porque cuando el centro se diluye y la coherencia desaparece, el votante no se queda esperando. Se va. Y casi nunca vuelve.

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