The Objective
Juan Luis Cebrián

Referencias y ausencias para la historia de nuestras libertades

«Es lamentable que este primer medio siglo en democracia no haya sido celebrado en el Congreso con la presencia de uno de sus principales autores, el rey Juan Carlos I»

Opinión
Referencias y ausencias para la historia de nuestras libertades

Una ilustración con el Congreso durante el acto por el aniversario de la Constitución.

La secretaria de organización del Partido Socialista Obrero Español declaró recientemente en una entrevista que Felipe González no era un referente para el mismo, cosa por lo demás fuera de duda. Como consecuencia de ello, entre otras cosas, desde la llegada de Sánchez a la dirección, el PSOE no ha obtenido una sola mayoría absoluta, pese a los errores y fracasos de la alternativa conservadora. Eso sí, su jefe ha sobrevivido en el disfrute del Falcon y otros beneficios gracias a sus alianzas con enemigos del Estado que él mismo ha jurado defender.

La celebración del cincuentenario de la Constitución Española este martes en el Congreso de los Diputados fue la demostración del deterioro constitucional causado por la deriva, a la vez ignorante y culpable, de la socialdemocracia española, empeñada ahora en constituir una agrupación representativa de diversos intereses personales, los familiares incluidos. ¿Cómo va a ser referente Felipe González del sanchismo, que gobierna desde hace casi ocho años únicamente gracias al apoyo de las formaciones nacionalistas, independentistas y posmarxistas, incluso por los herederos de un proyecto político construido desde el terror y el asesinato?

La referencia para el PSOE actual, que se sepa, han sido los consejos y habilidades de los secretarios de organización del partido, huéspedes ahora de la Dirección General de Prisiones. No sabemos hasta qué punto además son importantes las influencias de las dos ramas de la familia del presidente, la materna y la política. De todas formas, la ruinosa deriva de la calidad de los políticos profesionales no es exclusiva de ese partido ni de nuestra sociedad. Basta con mirar a través de las ventanas de la Casa Blanca, donde en su día se pudo ver al presidente Clinton disfrutar de su acoso sexual a una becaria, y ahora a Donald Trump golpearse deportivamente el pecho, no en señal de arrepentimiento, sino como demostración científica del poder de los homínidos.

Estos y otros ejemplos me traen a la memoria una cita de Max Weber que aprendí gracias a la inmensa cultura de Gregorio Peces-Barba, fraternal amigo de mi juventud, con el que compartí, entre otras muchas cosas, la fundación de la revista Cuadernos para el Diálogo. Decía el famoso sociólogo alemán que el éxito en una política de partidos exige en muchos casos «el empobrecimiento intelectual, la cosificación y la proletarización espiritual, en pro de la disciplina». Desde luego, esta última sí que la ha conseguido el actual jefe del PSOE, sin necesidad de demostrar, como hace el propio Trump, que es el puto amo. Ya nos informó al respecto el eficiente ministro de Transportes. Lo que nos ayuda a comprender la catadura moral de algunos de los siervos.

Para mejorar la eficiencia de la desmemoriada secretaria de Organización del nuevo socialismo, habrá que recordar que González fue quien propuso el abandono formal del marxismo por parte del PSOE, prólogo del éxito electoral del partido, que le llevó a gobernar durante casi 14 años. No lo hizo todo bien, nadie lo hace, pero la red de carreteras y ferrocarriles, ahora destrozadas por la negligencia del admirador del amo; la adhesión a la Unión Europea, y el éxito de los gobiernos de España en la formación política de la misma; la extensión e integración de nuestra política en Latinoamérica; la reconversión industrial, tan dolorosa como precursora del posterior desarrollo económico;la recuperación de la cultura con un ministro de la calidad de Jorge Semprún, y otras cosas de parecido calibre e importancia se debe en gran medida a él y a los equipos que formó.

«El declive electoral del PSOE se debe esencialmente a su abandono de las clases medias y de las nuevas generaciones»

Durante años, el canciller de Alemania, el demócrata cristiano Helmut Kohl, el presidente socialista francés François Mitterrand y el español Felipe González trabajaron, además, coordinadamente, junto con Jacques Delors al frente de la Comisión Europea, por llevar a cabo proyectos comunes que definieran el papel de Europa en el mundo. La actual irrelevancia en la toma de decisiones de política internacional se compara, por lo demás, con algunos éxitos sustanciales durante los gobiernos de González y de Aznar, independientemente de que pueda o no compartir su significado. Debería tomar nota al respecto el actual líder del Partido Popular. Pero ya he dicho que la cosificación intelectual de los políticos no es exclusiva de nuestro país, por lo que tampoco hay que rasgarse las vestiduras por el actual esperpento que padecemos para disfrute de algunos y lamento de muchos.

De ninguna manera pienso, a mis años, imitando al poeta, que cualquier tiempo pasado fue mejor. La sociedad civil española se ha fortalecido y las ausencias y estupideces de la política oficial se ven a menudo compensadas y rectificadas por la calidad de nuestros ciudadanos. El declive electoral del PSOE se debe esencialmente a su abandono de las clases medias y de las nuevas generaciones, que ya tuvo lugar en otros países y otros gobiernos también pretenciosos de estar situados en el inexistente lado correcto de la historia. Entre paréntesis, resulta asombroso oír a los representantes del Gobierno cosas así después de que un personaje tan peculiar como Koldo pudiera ejercer el poder de decisión que ha demostrado. Me temo que este grandullón, amigo del poderoso caballero don dinero, haya sido en algún momento referente para no pocos estrechos colaboradores de Sánchez. Tenía al parecer un acceso a los despachos ministeriales que para sí hubieran querido muchos subsecretarios. De modo que me hubiera gustado proponer a la Fundeu la palabra koldo (con su derivado koldear) como palabra del año. Su dueño es un personaje singular que podría llegar a ser emblemático del panorama político y estoy seguro de que cualquier buen guionista o autor teatral podrá hacer fortuna y éxito si es capaz de recrearlo.

Lo lamentable de toda esta historia, contagiosa a la esencia y la presencia de otros grupos y grupúsculos, es que los partidos políticos son esenciales para la democracia, y esta es incapaz de funcionar sin ellos. Tanto por cierto como los medios de comunicación y la libertad de los ciudadanos, incluida la de expresarse. Sucede, sin embargo, que no solo las pequeñas y medianas empresas: los trabajadores de la España vaciada; los cuidadores de campos y ganaderías; los frustrados promotores de viviendas, y tantas otras gentes son víctimas de la infectividad y desvergüenza de un Gobierno que, cuando se produce un accidente como el de Adamuz, pretende llegar a la conclusión de que la culpa del mismo es de cualquiera, salvo de los responsables del funcionamiento, mantenimiento y eficaz gestión de los ferrocarriles. La libre expresión de los ciudadanos, la transparencia informativa y el ejercicio del periodismo profesional se ven constantemente amenazados por el autoritarismo del Gobierno y de sus medios subvencionados.

Terminaré esta reivindicación de la Transición Política y la Constitución del 78 y sus autores, con lo extraño y lamentable que este primer medio siglo en democracia no haya sido celebrado en el Congreso también con la presencia de uno de sus principales autores, el rey Juan Carlos I. Ver pasearse a los jefes de ETA por las ciudades vascas y asumir el exilio del auténtico motor del cambio en la construcción de nuestro actual régimen de libertades habla también de la proletarización espiritual de nuestra clase política. Independientemente de los errores y veleidades cometidos, el artículo 56 de la Constitución que ahora se celebra establece la inviolabilidad de la persona del Rey. Él, sin embargo, decidió justificadamente abdicar, es decir, presentó su dimisión en un país en cuya clase política casi ningún culpable dimite. La Historia le recordará como protagonista indispensable del nacimiento de nuestra democracia. Y estoy seguro de que nos reclamará por esa ausencia.

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