A menudo durar es muy duro
«Que Sánchez siga durmiendo en la Moncloa nos está saliendo, en efecto, muy caro y muy duro a los españoles, y más todavía al partido que él se ha dedicado a destruir»

Ilustración de Alejandra Svriz.
No creo que haya necesidad de demostrar que a Sánchez lo único que en verdad le interesa es durar en su puesto actual, y eso lo saben bien sus socios separatistas, que se aprovechan de esa voluntad para ir sacándole, una a una, todas las muelas del Estado en sus territorios. Desde los crecientes déficits de la Seguridad Social en el País Vasco —que pagamos todos menos los vascos y son ellos los que figuran como pagadores ante cada uno de los jubilados— hasta las falsas deudas que el resto de los españoles les estamos pagando a los catalanes. Catalanes que tienen como presidente a un político del PSC, partido que se dice no nacionalista y que viene pidiendo dinero como hizo Pujol en su tiempo y hoy lo hacen los de Izquierda Republicana y los herederos de Pujol con un exiliado al frente llamado Puigdemont.
No creo que los actuales separatistas quieran en verdad la independencia de sus territorios; antes bien, supongo que prefieren seguir sangrando al resto de los españoles y obligando allí a todo quisque a expresarse en aquellos idiomas que solo hablan minorías. Por ejemplo, me pregunto: ¿cuántos bilbaínos tienen como lengua materna el euskera? Prácticamente ninguno.
Los distintos Gobiernos nacionales no han dejado de ceder dinero y competencias a los Gobiernos del País Vasco y de Cataluña, pero nunca llegaron a bajarse los pantalones como lo viene haciendo Sánchez, que está destruyendo el Estado español a cambio de mantenerse en la Moncloa. ¿Para qué? Para dormir en aquel palacete unos meses más.
No ha conseguido sacar adelante un solo Presupuesto y ha visto caer en el vacío la inmensa mayoría de sus proyectos de ley porque los separatistas no le apoyan si a cambio no reciben favores de Sánchez. Eso sí, no les interesa ni que Sánchez se vaya ni que convoque elecciones generales, que Sánchez perdería y las perderían ellos. Ante tal paralización y para disimularla, Sánchez, de vez en cuando, se saca de la manga alguna novedad, tal como la ruptura con Israel a la vez que reconoce a un Gobierno palestino prácticamente inexistente, pues aquellos territorios están en manos de Hamás, una organización terrorista compuesta por asesinos y violadores.
«¿Cuántas viviendas ha prometido construir? Más de cien mil. ¿Cuántas ha construido? Ninguna»
Los españoles oímos a Sánchez como si oyéramos llover. O es una lluvia inofensiva o llueve a cántaros inundándolo todo. Por ejemplo: ¿cuántas viviendas ha prometido construir? Más de cien mil. ¿Cuántas ha construido? Ninguna.
Ha llenado las arcas del Estado con impuestos tan injustos como lo es hoy el IRPF, ¿y en qué se lo ha gastado? En sus enchufados, no en las vías ferroviarias ni en el mantenimiento de las carreteras. Esta inoperancia, aparte de provocar un terrible accidente de trenes con más de 40 muertos, ha provocado decenas de accidentes en unas carreteras y autopistas llenas de baches que este próximo verano, me temo, dejarán muchos muertos.
Que Sánchez siga durmiendo en la Moncloa nos está saliendo, en efecto, muy caro y muy duro a los españoles, y más todavía al partido que él se ha dedicado a destruir. Un partido del que es propietario el «puto amo». Un «amo» que nunca ha trabajado fuera de la política, y lo mismo cabe decir de los vagos e insolventes que le acompañan aplaudiendo sus destrozos.