The Objective
José Luis González Quirós

Gabriel Rufián al rescate

«El diputado de ERC quiere dejar de parecer un político de circunstancias y pasar a la historia logrando lo imposible, ser casi como Sánchez a su escala»

Opinión
Gabriel Rufián al rescate

Ilustración generada mediante IA.

Que «España es diferente» es un latiguillo que se puso de moda a finales de la dictadura y que se supone pretendía incitar a los turistas a visitar nuestro país. Me temo que no tenga demasiado interés discutir si esa diferencia ha desaparecido o ha ido a más en los más de 50 años que nos separan del ingenioso eslogan, pero creo que si pusiéramos a Rufián en algún cartel turístico, no desmerecería nada en exotismo a aquellos pósters de rosas, giraldas y playas infinitas con que se quería animar a los guiris a pasar una temporada con nosotros.

Para los que creen que la política española se parece al eterno retorno o a uno de esos inventos rotatorios para que los hámsteres se crean que están trotando por bosques y montañas, las ocurrencias de Rufián siempre han tenido un valor distintivo. El tipo de las «treinta monedas» o de la impresora en el escaño ha sido siempre un showman de primera categoría, pero, hasta ahora, parecía confinado a exponer las gracietas de una de las izquierdas catalanas y convendrán conmigo que ese encargo supone una limitación severa a las capacidades humorísticas de cualquiera.

Basta con recordar que nuestro Rufián estaba a la sombra de Joan Tardá para comprender hasta qué punto su encargo limitaba gravemente su panorama vocacional. A esto hay que añadir, y no es dato menor, que quien pensaba pasarse solo 18 meses en los madriles haciendo patria catalana alcanzará pronto la década entre nosotros sin dar demasiadas muestras de agobio, antes bien luciendo un cambio de imagen que le hace parecer más cosmopolita que en sus primeros momentos de revelación nacional.

Rufián siempre ha tenido algo de mixtura en su imagen, como corresponde a un producto que se declaraba independentista catalán en correcto castellano y sin hablar la lengua propia de esa comunidad, sin renunciar a sus orígenes andaluces ni a su preferencia futbolera por el Espanyol. Tampoco fue pequeña su hazaña al reprochar la «prudencia» de Puigdemont dando marcha atrás desde un partido que se suponía más decidido a lo que fuere, pero que tampoco destapó el tarro de las esencias en momentos de tanta indecisión.

De todo eso hace ya mucho tiempo y, mientras tanto, tacita a tacita, ha ido apareciendo la figura de un don Gabriel equilibrista entre las demandas ortodoxas de su partido y esa izquierda española y arcangélica que tanto pega con su nombre de pila. Los maliciosos podrán señalar que en medio de semejante tránsito convendría reseñar su fracaso en la intentona de ser alcalde de Santa Coloma, un municipio muy pintiparado para cobijar a un personaje con su figura, pero ¿quién no ha dado un mal paso en su vida?

«Parece propio de quien confunda molinos con gigantes pretender que se unan los que tienen una irresistible tendencia a pelearse»

El caso es que nuestro Rufián se ha lanzado a una aventura bien quijotesca, a proponer(se) una unificación de las izquierdas más allá de Sánchez, un proyecto muy imaginativo, como se ve con facilidad, a las que ha advertido con el seny adquirido en la patria catalana que o se unen o se los llevará por delante la ola derechista que los amenaza de manera existencial.

Digo que es quijotesca su intención, no porque lo sea la pretensión de dirigir esa grey —hombre, algo quijotesco ya tiene, hay que reconocerlo—, sino, sobre todo, porque parece propio de quien confunda molinos con gigantes pretender que se unan los que tienen una irresistible tendencia a desunirse y pelearse, cosa inevitable en quienes profesan una dogmática muy sólida, pero se empeñan en meterse en las complicadas camisas de once varas de la política al uso.  

Si Rufián consiguiese lo que se propone, debiera pasar de inmediato a la categoría de grandes visionarios y tendríamos que dejar de hablar de él como si fuese un político vulgar que anda detrás de lo suyo. Ahora asistimos a los comienzos de una utopía peculiar y nadie sabe por dónde saldrán los toros de nuestra melindrosa izquierda más allá de Sánchez, pero, para empezar, la iniciativa de Rufián, que, como es lógico, no carecerá de empeñados partidarios, va a servir para que se le vean los forros a toda esa batahola de movimientos que han menudeado por autonomías y ayuntamientos y que están razonablemente seguros de que en su demarcación tienen las habichuelas bastante a tiro como para arriesgarse con quimeras, aunque vengan de Cataluña, nación soñada de tantos.

Lo que vamos a divertirnos quienes vemos el espectáculo desde la barrera cuando asistamos a las docenas de proclamas que insistirán en que «no se trata de nombres sino de políticas» y otras retóricas semejantes. Asistiremos a proclamaciones de tanta contundencia teórica que nos producirán cierta ternura, pero es seguro que nos será imposible privarnos de su detenida consideración a través de sesudos artículos en las páginas de opinión, no solo de la prensa favorable, sino también de la prensa atenta a lo que se mueve, no vaya a ser qué.

«La propia ERC ha anunciado ya que no dará sus votos a un político que compite en el extranjero»

Si repasásemos el panorama región por región no acabaríamos nunca: hay que ver lo que acontece en Galicia con su BNG y la lideresa ferrolana que ha subido sin parar el salario mínimo y la buena imagen de la moda española, o lo que ocurriría en Cataluña, en la que la propia ERC ha anunciado ya que no dará sus votos a un político que compite en el extranjero y con las CUP y las exalcaldesas, o en Madrid, ciudad donde hay un partido de esa cuerda que se siente capaz de dejar atrás al PSOE a poco que ayude el indisputable instinto político de ese genio que se llama Óscar López, o en Andalucía, donde el lío habrá que desenredarlo comarca a comarca… y eso sin mencionar a Podemos que parece ser otro continente.

Henos aquí con Rufián emprendiendo una larga marcha que tal vez acabe como la de un Tartarín cualquiera sin salir de casa, pero ya lo dice el Quijote: «Bien podrán los encantadores quitarme la ventura; pero el esfuerzo y el ánimo será imposible». Rufián quiere dejar de parecernos un político de circunstancias y pretende pasar a la historia logrando lo imposible, ser casi como Sánchez a su escala.

Publicidad