The Objective
Francisco Sierra

Las trampas de Albares

«Silencio con los medios, censura y represión con los diplomáticos y desprecio y ninguneo al principal partido de la oposición e incluso al Parlamento»

Opinión
Las trampas de Albares

Ilustración generada mediante IA.

En cualquier Gobierno del mundo democrático, la gestión de un ministro de Exteriores como la realizada por José Manuel Albares destacaría de una manera tan negativa que es muy probable que hubiera durado pocos meses en el cargo. No es el caso de Albares. Sus continuas trampas, no por conocidas, siguen siendo una afrenta al sentido de Estado y al sentido común.

Nunca un presidente del Gobierno ha tenido tantos ministros reprobados por las Cortes como Pedro Sánchez. En total, desde 2018 hasta ahora, lleva 37 que afectan a un total de nueve ministros. De ellos, 15 fueron en el Congreso y 22 en el Senado. 37 reprobaciones, de momento, frente a las 11 que tuvo Rajoy o a las 5 que tuvo Zapatero. Un top del desastre en el que reina el binomio Óscar Puente (3 en el Congreso y 4 en el Senado) y Fernando Grande-Marlaska (3 en cada cámara). También Albares lo fue en el 2024 en el Senado, donde le acusaron por el «escándalo» en la gestión de la embajada en Venezuela, la supuesta falta de una política de Estado y los choques diplomáticos casi en simultáneo con países como Argelia, Argentina, México e Israel. 

No suele la política exterior ser determinante en el electorado a la hora de valorar la acción de un Gobierno, ni, por tanto, valorar la llamada «falta de política de Estado». Y eso que es habitual en muchos políticos de todo el mundo el recurrir al enemigo exterior cuando las cosas no van bien en el plano nacional. A Sánchez se le acusa de acudir con insistencia a ese recurso cuando los escándalos por corrupción o los escándalos por sus pagos a los chantajes independentistas le rodeaban.

Netanyahu, Milei, Trump, Elon Musk o incluso los gigantes tecnológicos y las redes sociales están siendo usados como enemigo exterior para cambiar la agenda cuando la actualidad acosa al presidente. Ese supuesto perfil de luchador mundial contra las injusticias ha sido usado de manera torticera en demasiadas ocasiones, mezclando ideología y oportunismo. Tantas que parece haber provocado el efecto contrario, poniendo en riesgo la imagen internacional de España en el plano internacional hasta el extremo de que Sánchez ya no sea invitado a las reuniones extraoficiales que organizan los propios aliados de la UE y de la OTAN.

De ahí la importancia de una gestión en Exteriores que debe llevar implícita en su propia actividad la necesidad de un sentido de Estado que garantice una imagen estable y fiable del país. Exteriores es el ministerio donde más necesario es gestionar con el objetivo de que el Reino de España sea visto como un aliado fiable en las distintas instituciones y organizaciones internacionales a las que pertenezca. En Exteriores venía siendo habitual en las democracias occidentales una política exterior, si no pactada, al menos siempre hablada entre el gobierno y el principal partido de la oposición. Con Sánchez eso se perdió en España, lo mismo que con Trump se perdió en Estados Unidos.

Nada de esto se ha cumplido con un Albares que en sus años al frente del Palacio de Santa Cruz ha decretado la dictadura del silencio, del secretismo y del oscurantismo. Lo ha hecho con la prensa —una respuesta de 28 segundos en 8 meses de silencio sin ruedas de prensa—. Y con el añadido peligroso de exigir la cabeza de la periodista que osó preguntar. Tiene esos hábitos el ministro Albares y si no, que pregunten al oprimido, silenciado y temeroso cuerpo de embajadores donde impera el silencio y el miedo a represalias, incluso en familiares. La Asociación de Diplomáticos Españoles ha censurado la falta de transparencia en estos nombramientos discrecionales. Pocos se atreven a cuestionar una politización de Exteriores que llega a niveles nunca vistos. Silencio con los medios, censura y represión con los diplomáticos y desprecio y ninguneo al principal partido de la oposición e incluso al Parlamento. No quiere Albares preguntas incómodas sobre lo que hace y deja de hacer en secreto. 

Albares tiene muchas trampas. Durante años evitó cualquier condena firme contra la dictadura de Maduro pese a los informes de Naciones Unidas que confirmaban los miles de asesinados, torturados o encarcelados políticos. Ahora, con una seudoley de amnistía de Venezuela, Albares se apresuró a pedir que la UE elimine las sanciones a los cabecillas de la criminal dictadura venezolana. Ridículo espantoso. Evidencia de un ministro y de un presidente del Gobierno de España abducidos por el ideólogo Zapatero.

Tendrá que explicar Albares esas prisas para que la Unión Europea levante las sanciones a Delcy Rodríguez y a los otros amigos chavistas de Zapatero. La mal llamada ley de amnistía es una estafa total que no incluye a todos los presos, a los que el régimen está robando literalmente sus pertenencias y viviendas, y en la que, para más inri, las víctimas se ven obligadas a pedir perdón a los carceleros por delitos que no existían. Es más, el régimen de terror chavista sigue todavía deteniendo y encarcelando. Todo el mundo ha entendido que era una estafa. Todos menos parece que Albares y Zapatero. Y también Sánchez, no lo olviden. 

La política exterior en Iberoamérica de Sánchez y Albares ha sido sectaria. Abrazos, sonrisas y mucha ayuda de cooperación para los países del grupo de Puebla y, para el resto, enfrentamiento directo como con la Argentina de Javier Milei. Y qué decir de esos feos diplomáticos por partida doble, al dejar solo al Rey, sin Albares o cualquier otro ministro, en las tomas de posesión de aquellos presidentes que no eran del gusto ideológico de la Moncloa o de Zapatero.

Otra de las trampas de Albares sigue siendo Gibraltar. La única cuestión que queda todavía abierta tras el Brexit parece que puede tener su fin el próximo 10 de abril con el Tratado entre Londres, Madrid y Bruselas. Se abre la verja de Gibraltar y poco más se conoce de los detalles importantes. Nadie ha sido informado en España. Albares ni siquiera ha informado al Parlamento donde reside la soberanía nacional. Se sabe que el Parlamento de Gibraltar ya lo conoce. Se dice que la Comisión Europea lo dará a conocer en los próximos días. 

 ¿Y en España? Nada todavía. Albares no ha informado de los detalles del Tratado que afectan a una reivindicación histórica y continua de todos los gobernantes, independientemente de su ideología, que ha tenido España en los últimos siglos. Nada sabe el Partido Popular, nada saben las Cortes. Y tienen que saberlo porque debe ser aprobado por los parlamentos de España, Reino Unido y de la propia Gibraltar, antes del 10 de abril. Un tratado que supondrá el final de la Verja de Gibraltar y cuyo secretismo por parte de Albares despierta los peores presentimientos. Nadie puede fiarse de que Londres finalmente lo apruebe en el Parlamento antes de las fechas, y algunos insinúan que podría jugar a los hechos consumados, sabiendo que enfrente tiene a un Gobierno más que débil. Y todos saben que el Gobierno de Sánchez solo buscará lo que mejor le venga a Sánchez.

De Gobiernos débiles en Madrid saben también mucho en Rabat. El giro radical, unilateral, personalista y sin explicación sobre la posición de Sánchez sobre un referéndum en el Sáhara tiene muchas y cada vez más coincidentes explicaciones. El serial de informaciones publicado por The Objective sobre el posible hackeo del móvil de Sánchez por los servicios de inteligencia marroquíes necesita de muchas explicaciones en el Congreso. Hace años el Congreso de los Diputados votó unánimemente, excepto el PSOE, en contra de la entrega a Marruecos del Sahara. Una decisión que ¡fue anunciada por el gobierno de Rabat! Y sobre la que Sánchez no informó ni a su partido, ni a su gobierno.

Desde entonces: sumisión total a los caprichos y chantajes de Rabat. En Exteriores pasamos del digno sentido común de la por entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya, a la sumisión más servil y opaca de Albares. Ahora, con negociaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, y con la presencia de observadores de Mauritania y Argelia, España, la potencia administradora y responsable por mandato de la ONU, está fuera de unas negociaciones que se están celebrando en la Embajada de los EEUU en Madrid. Y Albares fuera.

Esas son las trampas de Albares: ayudando al opresor chavista, escondiendo al Congreso el Tratado de Gibraltar o callando el ninguneo que sufre en las negociaciones sobre el Sáhara. Albares, más que un ministro, es un misterio lleno de trampas.

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