The Objective
Santi González

El empeño de Abascal

«No hay manera de saber qué pasa por la cabeza de Abascal, viendo la campana de Huesca que viene organizando en su partido desde hace tiempo»

Opinión
El empeño de Abascal

Ilustración creada con inteligencia artificial.

Habría apostado una cena contra un apretón de manos a que la respuesta de Abascal al ofrecimiento de Núñez Feijóo iba a ser lo que los taurinos llaman ‘el pase del desdén’. Con una pequeña duda: vengo pensando desde hace tiempo que, si la primera desgracia de la democracia española es esa izquierda que pastorea Pedro Sánchez Pérez-Castejón, la segunda es una oposición que no es capaz de aunar esfuerzos contra la mayor amenaza que nos cierra el camino del futuro: una derecha incapaz de unir esfuerzos contra nuestro mal mayor.

No es que hayan estado siempre muy finos en el Partido Popular con esa pretensión de sentirse ungidos para gobernar en solitario. Se gobierna en solitario cuando se tienen los suficientes apoyos parlamentarios para ello. Cuando no se alcanzan, hay que pactar. Es triste, pero es así la vida, que decía el difunto Pirri en las películas de Eloy de la Iglesia. El que quiere conseguir el acuerdo ha de recoger forzosamente algunas reivindicaciones de aquel a quien pretende convertir en socio de Gobierno, y el aspirante a socio habrá de tener en cuenta que, si bien es necesario para formar Gobierno, no ha ganado las elecciones.

Había una pequeña esperanza: que en la cúpula de Vox, vale decir en Santiago Abascal, hubiese aparecido la precaución o el temor a que entre sus votantes cundiera la impresión de que le interesase más disputarle a Feijóo la jefatura de la oposición que colaborar con él para sacar a Pedro Sánchez de la Moncloa. El último sondeo de Sigma-2 que conocimos el lunes sobre las próximas autonómicas del 15 de marzo le ofrecía algún motivo para la reflexión en este sentido: no sólo frena la tendencia alcista que Vox había experimentado en Extremadura y Aragón, sino que en Castilla y León dentro de 18 días va a caer 0,8 puntos de su resultado en 2022, aunque no perderá escaños y puede incluso que gane uno. 

No parece, en consecuencia, muy probable que en las elecciones generales, cuando quiera que se celebren estas, vaya a conseguir este propósito, de modo que haría bien moderando las ínfulas en su disputa con el PP. No hay manera de saber qué pasa por la cabeza de Abascal, viendo la campana de Huesca que viene organizando en su partido desde hace tiempo, con una limpieza radical de todos cuantos le acompañaron en los primeros tiempos heroicos: Alejo Vidal Quadras, Ignacio Camuñas, González Quirós, Cristina Seguí, Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio, Juan García Gallardo, Víctor Steegman. El último por ahora ha sido Javier Ortega Smith, con el que la ruptura ha sido especialmente dramática en lo personal. No solo era uno de los fundadores, sino que fue padrino de uno de los hijos de Abascal. A Ortega Smith lo han apoyado Ignacio Ansaldo y Carla Toscano, que han sido expulsados cautelarmente por ello.

No sé, hechos como estos no suelen pasar en vísperas de grandes victorias electorales, sino más bien como consecuencia de derrotas contundentes. Hay algo más: para proclamar la necesidad de combatir al PP con el mismo empeño que al PSOE se están empeñando en decir y repetir que son lo mismo y que persiguen idénticos objetivos. Después de la conversación que mantuvieron los presidentes de los dos partidos de la derecha el domingo, Feijóo anunció un cambio de rumbo y su intención de conducir personalmente las negociaciones del PP con Vox para posibilitar el acuerdo de ambas formaciones en Extremadura y Aragón.

El lunes conocimos el decálogo en el que se inspira el PP para afrontar las negociaciones. El decálogo es, desde las tablas de la ley, la unidad programática de todo proyecto político o religioso, al igual que el tuit es la unidad de pensamiento de Pedro Sánchez. No hay nada objetable en el decálogo popular: es una declaración básica de principios, todos ellos razonables, aunque Abascal se lo ha tomado por lo criminal y considera que «si necesitan los votos de Vox, deberían preguntar qué queremos, pero que pongan un marco como si tratasen con salvajes y pretendieran domar a Vox me molesta». Debería tener en cuenta que la propia Constitución es un montón de obviedades y que su vigencia no supone tratar de salvaje a nadie, aunque algunos lo sean. A mí me gusta Abascal cuando se emplea contra Pedro Sánchez. No es Cayetana, pero habla con convicción, argumentos y fibra moral. Pero en su escala de valores y en la escala de sus objetivos debería anteponer con mucha distancia sacar a Sánchez de La Moncloa a ganar a Feijóo en el liderazgo de la derecha.

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