El 23-F no es cortina de nada
«La salud del mandamás es por definición un bien público, aunque el mandamás sea un tipo de tan cuestionables hechuras morales como Sánchez»

Imagen creada con inteligencia artificial.
El bolo Bolaños volvió a enfrentarse a Cayetana Álvarez de Toledo en la sesión de control con la acreditada voluntad de no responder a las preguntas y, en cambio, formular las suyas propias a la diputada popular. Uno escribe «bolo» por dos razones. La primera es la querencia por la aliteración. La segunda, por aplicar la séptima acepción de la voz «bolo» en el Diccionario de la Real: «Hombre ignorante o de escasa habilidad». A uno no le ocurre lo mismo que le pasaba a Garzón, que confundía la copulativa con la disyuntiva, por lo que precisaré, por si hiciera falta, que el bolo que nos ocupa no es hombre ignorante, sino de escasa habilidad.
O sea, que este bolo estuvo tan bola como siempre, habló de bulos y no respondió a las preguntas que le hizo Cayetana, tiró de latiguillo, ultra, ultra, facha, facha, y le formuló la suya propia: «¿Qué le parece la reforma laboral de su amigo Milei para que los trabajadores trabajen 12 horas al día? Seguro que está usted de acuerdo». Llegados a este punto, tal vez haya que volver a la copulativa: hombre ignorante y de escasa habilidad, que expresa con la carita y la sonrisa estólida que se le pone cada vez que lo interpela su némesis en el Congreso.
Lo más relevante, con todo, vino al final, cuando ella le preguntó por la noticia que el martes había publicado Miguel Ángel Pérez en Libertad Digital con toda clase de detalles: «¿Tiene el presidente del Gobierno un problema de salud?», instándole a desclasificar el historial médico de Pedro Sánchez, a lo que el bolo Bolaños, a su bola, respondió: «Cuando uno piensa que Cayetana Álvarez de Toledo ha llegado al límite de la bajeza moral, se da cuenta de que siempre hay un escalón que está más abajo».
Un escalón más abajo que Bolaños, Óscar Puente la calificó de «portavoz de The Ojete, el Debacle, Libertad Vegetal y Hazte Orín». Ha vuelto a hacerlo y esto nos proporciona alguna pista del runrún que corría con cierta insistencia entre los medios de que podía ser el relevo para Pedro Sánchez. Nadie más apropiado para dirigir una autodenominada Coalición Progresista, COPRO en el acrónimo.
Es evidente, y a estas pruebas me remito, que este hombre, por llamarlo de alguna manera, no ha superado aún la fase anal en la evolución hacia donde quiera que vaya. Solo con ver su foto a uno se le ocurre que es otra víctima de la moda Therian, que tantos estragos está produciendo entre los sectores más desasistidos intelectualmente de España. No me atreveré a escribirlo, claro, no me vaya a pasar como a Gianluca Prestianni por su insulto a Vinicius, que no está uno para que le suspendan diez partidos.
Pero yendo al fondo del asunto, hay que ser muy majadero para calificar de bajeza moral el hecho de que una diputada cumpla con su deber de interesarse por los asuntos públicos, y pocas cosas hay de tanto interés público para la ciudadanía como la salud de un gobernante. ¿Un asunto privado? No, hombre, no. La salud del mandamás es por definición un bien público, aunque el mandamás sea un tipo de tan cuestionables hechuras morales como nuestro presidente del Gobierno. Razonaba en este sentido Arcadi Espada en su columna del martes que «el presidente del Gobierno ejerce un poder delegado. Mi poder. Y los ciudadanos votan no solo un programa, sino la aptitud para llevarlo a cabo».
El enfermo había llevado lo suyo por medio del jefe de la oposición, que lo zarandeó a base de bien y tiró de la desclasificación de los papeles del 23-F para animarle en la tarea de la transparencia, para desclasificar más cosas: los presupuestos, los contratos con mordidas, los papeles del Delcygate y la financiación de sus primarias, que para eso era el yerno de Sabiniano. Terminó planteándole Feijóo una comparación poco favorable para él: «En el 23-F había un presidente que luchaba contra el terrorismo. Ahora usted pacta con ellos y los excarcela». Y remató con un augurio que tiene visos de verdad: «Nos acabará convenciendo de que el 23-F lo paró usted». Natural. Él y su corrupto antecesor Zapatero ya se habían jactado de haber derrotado a ETA.
Hay, por último, una operación que les ha salido regulín a los socialistas. Lo que ayer conocimos de los documentos del golpe de Estado del 81 no abunda en absoluto en la complicidad del rey Juan Carlos con los golpistas. Entre las cosas que se publicaron en todos los medios, ABC, El Mundo, El Correo, El Debate, THE OBJECTIVE… ¡hasta en El País!, destacaba la autocrítica de los golpistas: «Dejar al Borbón libre fue un error. Es un objetivo a batir».