The Objective
Francesc de Carreras

La olvidada memoria. A propósito de Fernando Múgica

«Bildu forma parte decisiva de la mayoría parlamentaria que sostiene al Gobierno de Sánchez. Es probablemente el hecho moral más repulsivo de la presente situación»

Opinión
La olvidada memoria. A propósito de Fernando Múgica

Ilustración generada mediante IA.

Anteayer por la tarde tuvo lugar en la Real Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid, un acto en recuerdo de Fernando Múgica, cruelmente asesinado hace 30 años en San Sebastián. Fue un acto emocionante y reivindicativo. Se proyectó el vídeo Recuerdos de un hombre libre, que puede verse en la plataforma PlayMAD, un testimonio escalofriante de aquellos años en que los terroristas de ETA Txapote y Lasarte le dispararon un tiro mortal en la nuca. 

Estuvo presente toda su familia, presidida por Mapi de las Heras, su viuda, un muy numeroso público de amigos que no olvidan y que abarrotaban el local; se pronunciaron emotivas palabras por parte de un nieto de Fernando y Mapi, además del director de cine y colaborador de TO Jon Viar, que evocaron al abogado socialista y también recordaron aquellos años, todavía tan recientes, en que el País Vasco era una excepción a la democracia en una España que ya había llevado a cabo la Transición. En el acto también estuvo presente la señora Isabel Díaz Ayuso, que lo concluyó con un elegante discurso.

Hay que recordar, porque se olvida, lo que era ETA: un grupo terrorista que actuaba contra la democracia en el País Vasco y en España. No eran idealistas, como a veces se sostiene, sino una banda de extorsionadores que utilizaban el robo y la violencia para sembrar el miedo en la población y actuaban mediante la violencia con el fin de forzar al Estado democrático a ceder en sus pretensiones.

No les importaban los medios, solo los fines, y actuaban de forma implacable. Casi 900 asesinatos, miles de heridos y lesionados de por vida a causa de sus acciones, extorsiones continuas mediante el impuesto revolucionario, denuncias a aquellos que incumplían su voluntad, como fue el caso de Fernando Múgica, que siempre se negó a pagarles el mal llamado impuesto.

El País Vasco, en aquellos tiempos, era un país donde la ley se vulneraba sistemáticamente y Arzalluz, el máximo dirigente del PNV, lo veía con buenos ojos porque «ellos (los etarras) agitan el árbol y nosotros (el Gobierno vasco) recogemos los frutos». Era la dictadura de la violencia más extrema. Hoy los tiempos han cambiado, pero no en lo sustancial, solo en las formas. El ambiente político sigue siendo favorable a esta violencia antidemocrática: la mayoría de vascos vota al PNV y a Bildu, PSOE y PP pierden votos a cada elección. ¿Sigue el miedo? Probablemente. Al final de nuestra guerra civil, la mayoría de españoles deseaba la paz, la falsa paz, que en aquellos momentos era la dictadura de Franco.

«El asesinato de Múgica y los centenares de asesinatos de la época constitucional no caben dentro de la ley de Memoria Democrática»

Veamos ahora: Bildu se niega a condenar los actos criminales de ETA, los asesinos salen de la cárcel y son recibidos en sus pueblos en olor de multitudes, el PNV lo mira todo de forma complacida y recoge los frutos (ahora financiación mediante un misterioso cupo y más traspasos de competencias) hasta que, al blanquear tanto a Bildu, se arriesga a perder el Gobierno. Entonces se dará cuenta de sus errores, habrá llanto y crujir de dientes, me alegraré de que esto suceda, aunque la situación se volverá mucho más complicada.

En la raíz de la situación actual está una novedad en la democracia española: Bildu forma parte decisiva de la mayoría parlamentaria que sostiene al Gobierno de Pedro Sánchez. Este es probablemente el hecho moral más repulsivo de la presente situación, la que arranca de la moción de censura de 2018 que provocó un cambio en la presidencia del Gobierno, llegando a ser titular de la misma «un insensato sin escrúpulos», como fue descrito con acierto por Antonio Caño en un editorial de El País. Desde luego, sigue sin tener escrúpulos con tal de agarrarse al cargo, por muchos motivos, pero el más repugnante es someterse al chantaje de Bildu, aquellos que todavía no condenan la violencia y el crimen del pasado y ponen el germen de más violencias y crímenes en el futuro.

Todo ello a pesar de que este Gobierno —y los que le apoyan— aprobaron una ley de Memoria Democrática en 2022, una patraña para hacer propaganda de algo que poco tiene que ver con la verdadera historia y que solo abarca hechos cometidos desde el 18 de julio de 1936 hasta el 29 de diciembre de 1979, en que la actual Constitución entra en vigor. El asesinato de Fernando Múgica y los centenares de asesinatos de la época constitucional son la olvidada memoria, con minúsculas; no caben dentro de esta ley a pesar de su enorme extensión: un larguísimo y farragoso preámbulo, 66 artículos, 19 disposiciones adicionales, 2 transitorias, 1 derogatoria y 9 disposiciones finales. Vale la pena darle una ojeada al BOE para darse cuenta de tamaña barbaridad.

Pero la memoria reciente no es condenable; además, Bildu no lo permite y es preferible estar en el Gobierno —aunque no puedas casi gobernar, sino solo ocupar cargos, tener poder y cobrar buenos sueldos— que ser una persona decente. No es casualidad que nadie relevante del actual PSOE estuviera presente en el homenaje a Fernando Múgica y es significativa la presencia activa de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, además de muchas figuras relevantes del viejo socialismo. Igual sucedió en el reciente homenaje en recuerdo de Javier Lambán.

Aún quedan demócratas en España, luchadores por la libertad como Fernando Múgica, pero ninguno está en el PSOE oficial, donde conviven los que hablan y los callados. Así lo han transformado Pedro Sánchez y los suyos; empiezo a dudar que tal partido pueda sobrevivir a este insospechado trance.

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