The Objective
Jorge Mestre

Tribunales fascistas

«La izquierda ha desarrollado una teoría revolucionaria: el juez es independiente cuando investiga a la derecha; es sospechoso cuando investiga a la izquierda»

Opinión
Tribunales fascistas

Ilustración generada mediante IA.

España es un país donde la independencia judicial dura exactamente lo que tarda un auto en salpicar a uno de los tuyos.

Pongamos el retrato, cara a cara. Sin Photoshop moral. A un lado, Carlos Mazón. Al otro, Mónica Oltra. El primero, señalado por su actuación durante la dana que dejó 230 muertos. La jueza eleva exposición razonada al TSJ para que lo impute por «presunta grosera negligencia». La izquierda respira hondo y proclama: nadie está por encima de la ley. Estado de derecho. Justicia valiente. Que caiga quien tenga que caer.

Ahora giremos el cuadro.

La Audiencia de Valencia ordena abrir juicio oral contra Mónica Oltra por el presunto encubrimiento de los abusos sexuales cometidos por su exmarido contra una menor tutelada. Y entonces —milagro— la justicia deja de ser justicia y se convierte en aparato ideológico. En maquinaria reaccionaria. En tribunal contaminado. En extrema derecha con toga.

Es increíble la elasticidad conceptual.

Porque la izquierda española ha desarrollado una teoría jurídica revolucionaria: el juez es independiente cuando investiga a la derecha; es sospechoso cuando investiga a la izquierda. La prueba es sólida si afecta al adversario; es lawfare si afecta al compañero.

Una mañana corean «sin justicia no hay democracia». A la tarde denuncian «persecución política». Mazón, dicen, debe ser imputado. Pero cuando la Audiencia aprecia indicios suficientes para que Oltra se siente en el banquillo, entonces el tribunal es poco menos que un comité de orden público franquista. No se analiza el auto. No se discuten los fundamentos jurídicos. Se etiqueta. Se desacredita. Se insinúa. Extrema derecha.

«La izquierda lleva años denunciando que los abusos sexuales deben perseguirse sin excepciones. Pero cuando son propios, la narrativa cambia»

Es curioso: la menor abusada no cambia según el color político del encausado. El hecho es igual de grave. El daño es idéntico. Pero la indignación se dosifica. Porque aquí no estamos ante una discusión técnica. Estamos ante una reacción tribal.

Si la dana implica responsabilidades penales, la justicia funciona. Si el encubrimiento de abusos implica responsabilidades penales, la justicia está instrumentalizada. Es el doble rasero convertido en doctrina.

Y lo más llamativo no es la crítica —toda decisión judicial es criticable—, sino el tono. Esa superioridad moral que permite exigir ejemplaridad infinita al adversario mientras se envuelve al propio en una nube de contextualización, matices y teoría conspirativa.

Con Mazón no hay matices. Con Oltra hay estructura patriarcal, clima político, instrumentalización mediática, ofensiva reaccionaria. El Código Penal, al parecer, también tiene género y color ideológico. Y, sin embargo, la realidad es mucho más prosaica.

En el caso de Mazón, probar un nexo causal directo entre su inacción y 230 muertes es jurídicamente complejo. El Derecho Penal no castiga la torpeza política, sino conductas tipificadas y causalmente acreditadas. Eso no exime del reproche político. Pero no es lo mismo dimitir que delinquir.

En el caso de Oltra, la cuestión no es si ella cometió los abusos, sino si desde su departamento se pudo articular una estrategia para proteger al agresor o minimizar el impacto. La Audiencia entiende que hay indicios. No condena. No sentencia. Ordena juzgar. Eso es Estado de derecho. Lo otro es mitología partidista.

La izquierda lleva años denunciando que los abusos sexuales deben perseguirse sin excepciones. En la Iglesia. En el deporte. En cualquier institución. Sin privilegios. Sin blindajes.

Pero cuando la institución es la propia, la narrativa cambia. Entonces el foco ya no está en la víctima, sino en la pureza moral de la dirigente. Entonces el tribunal es sospechoso. Entonces el proceso es político. Y así, poco a poco, se erosiona la credibilidad del sistema.

Porque no hay nada más corrosivo que convertir a los jueces en aliados o enemigos según convenga. Eso sí es populismo judicial. Eso sí es dinamitar el Estado de derecho desde dentro. O creemos que los tribunales pueden equivocarse y para eso existen recursos y garantías. O creemos que los tribunales son instrumentos ideológicos al servicio del bloque contrario. Pero las dos cosas no.

Si Mazón merece investigación, que se investigue. Si Oltra merece juicio, que se celebre. Sin pancartas selectivas. Sin tribunales fascistas de quita y pon. Sin justicia a la carta. Porque si seguimos por este camino, acabaremos con una justicia que solo será legítima cuando absuelva a los nuestros y condene a los otros.

Y eso, curiosamente, se parece mucho más a lo que dicen combatir que a lo que dicen defender.

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