The Objective
Jorge Vilches

¿Cuándo se jodió la derecha?

«En cuanto la derecha no tuvo como prioridad la defensa de la libertad, del Estado de derecho y la Constitución de 1978, sino el patriotismo de partido, todo se estropeó»

Opinión
¿Cuándo se jodió la derecha?

Ilustración generada mediante IA.

La pregunta que da título a esta columna es puramente retórica. Para estar «jodida» es preciso que previamente estuviera bien. Eso no ha pasado en España desde Cánovas. La UCD se construyó desde el poder y murió a los dos años por ceguera política y ambiciones personales. Alianza Popular nació recogiendo los restos inmundos del franquismo, como Arias Navarro. El Partido Popular surgió para modernizar la derecha, pero tras la marcha de Aznar, entró en una deriva tecnocrática difícil de entender. Esta decisión, unida a la corrupción, hizo que Ciudadanos quisiera sustituir al PP, y dejó el campo emocional en la época de las identidades a Vox. Un desastre que solo tuvo un beneficiario: Sánchez. 

En el momento en el que la derecha dejó de ser el freno a una izquierda con una evidente tentación totalitaria, para convertirse en un mercado electoral entre varios competidores, el asunto se jodió. En cuanto esa derecha no tuvo como prioridad la defensa de la libertad, del Estado de derecho y la Constitución de 1978, sino el patriotismo de partido, todo se estropeó. Cuando se olvidó la responsabilidad y la sensatez, el servicio al país y demás funciones de un partido con sentido de Estado, entramos en un lodazal entre las derechas que permitió instalarse en la Moncloa al rey del fango —léase Pedro Sánchez—

Así llegamos a la negativa de Santiago Abascal a aceptar un documento base de Feijóo para sentarse a negociar Gobiernos conjuntos. La negativa no responde a un beneficio del país, ni al propósito de desarraigar el sanchismo. El desprecio se debe a que la estrategia de Vox es ser antisistema, con independencia de la incoherencia que suponga y del daño que haga a esa España que dicen amar. De hecho, despotrican contra el «bipartidismo» sin decir cuál es la alternativa. ¿El sistema de partido único? ¿El multipartidismo en el que vivimos? ¿Los gobiernos de coalición que ellos rechazan? Tampoco tiene sentido decir que el PSOE y el PP son lo mismo, y pactar con el segundo, como acabará pasando en Extremadura y Aragón. Y es que buscar la seriedad en el populismo es como reclamar educación en un perfil anónimo de las redes sociales. 

Vox sube porque vivimos en una democracia polarizada de forma intencionada, del mismo modo que Sánchez no cae electoralmente porque absorbe la radicalidad izquierdista. Es cierto, como escribió Simmel, que el conflicto es el motor de la democracia, y que alimentarlo es la esencia de la competencia electoral. Pero lo actual es difícilmente respirable. Cuanto mayor es el ruido para generar emociones, menor es la capacidad para que el sistema funcione. Y solo funciona si la ciudadanía castiga el desgobierno, la mentira y la corrupción; es decir, si vota para ganar en calidad democrática. 

«Sin Sánchez, Vox dejaría de ser protagonista de la vida política. De ahí que sea bastante dudoso su interés en acabar con el sanchismo»

Por eso, las derechas parecen haber olvidado que la prioridad es sacar al populista de izquierdas de la Moncloa, el mismo que pacta con terroristas y golpistas, ese que está hasta la coronilla de corrupción, y cuya política exterior está contaminada por lo que Marruecos sacó de su móvil. Sin embargo, no estoy tan convencido de que Vox desee rebajar la polarización en el país acabando con el sanchismo. Este PSOE es el enemigo perfecto para Abascal y los suyos: hace política a base de insultos y presenta a los «ultras» como el monstruo a batir. Sin Sánchez, Vox dejaría de ser protagonista de la vida política. De ahí que sea bastante dudoso su interés en acabar con el sanchismo. 

La derecha se jodió cuando la competencia entre partidos rebajó la responsabilidad del mensaje y del comportamiento público. Se olvidó para qué se está en política y dónde está el bien común. Algunos políticos tomaron el populismo como un instrumento para hacer negocio electoral, y se pusieron a vender sin pensar en las consecuencias del consumo de su producto. Se convirtieron en «nuevos ricos» de la política, dando lecciones y contaminando el mercado. Pero, ojo, la culpa no es del todo suya. Lo que está desnortado no es este partido —que no fue nada entre 2014 y 2018—, sino nuestro país, sumergido en trincheras ideológicas y amante del ruido emocional, siempre más fácil de digerir que el razonamiento intelectual. En suma, si la derecha se jodió, fue porque así lo decidieron sus votantes. A cada uno, lo suyo.

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