The Objective
Tadeu

Méritos y deméritos del emérito

«Lo positivo de esta jugada de transparencia es que los voceros y bocazas habituales de la izquierda no han podido seguir alimentado al fantasma para ‘eliminar al borbón’»

Opinión
Méritos y deméritos del emérito

Ilustración de Alejandra Svriz.

Entre los méritos y deméritos del emérito, el fiel de la balanza siempre ha sido la actuación del Rey durante el 23-F y su posible conocimiento previo de la intentona. La reciente (e inesperada… pues ¿a qué ton?) desclasificación de lo que se supone es una parte (sustancial o no, no se sabe y estaría bien saberlo) de los archivos mantenidos hasta ahora secretos, confirman la tesis de que Juan Carlos no estaba al corriente, más allá del por todos conocido ruido de sables que resonaba desde hacía meses en aquella España tan lejana hoy. Los papeles básicamente confirman la firmeza con la que desarticuló el golpe gracias a la máxima autoridad militar que ostentaba. Y punto.

Acierta Arcadi Espada al preguntarse por qué han tenido que pasar 45 años y tantos gobiernos para hacer públicos unos documentos que según él «nada dicen sobre nada». En efecto, pudiendo hacerlo ¿por qué no lo hizo antes no sólo Sánchez, sino Rajoy, Zapatero, Aznar y Felipe González, quien tan de cerca lo vivió? Ése sí que es un misterio por desvelar. (¡Desclasifíseque el GAL, por Dios!). Hasta Javier Cercas se ha apuntado a la inanidad sonora y se ha puesto medallitas. 

Ese ruido de sables tenía y tiene múltiples fuentes. He aquí un testimonio de 2009 del militar José Ramón Pardo de Santanya (aquí). Santayana rememora: «Me asusté cuando Milans afirmó que se había visto traicionado por el Rey, pero Sabino me tranquilizó y me explicó que el Rey estaba acostumbrado a darle un poco la razón a todos [sic] y Milans, seguramente con su fogosidad, le había dicho en algún momento que aquello [el Gobierno de Suárez] no podía seguir así».

Una faceta de las más controvertidas de la asonada es el del supuesto Gobierno de concentración de los golpistas. Aquí un paper de Roberto Muñoz Bolanos sobre «la solución Armada y el PSOE», es decir el supuesto Gobierno de salvación nacional, auspiciado por el golpista general Alfonso Armada, a cuenta de la reunión de éste con los socialistas Enrique Múgica, Joan Reventós y Antoni Siurana (alcalde de a la sazón Lérida: el único testigo vivo y muñidor de la reunión que tuvo lugar en su propio domicilio, y que poco ha contado al respecto).

Crece el clamor, al calor de esta desclasificación, Feijóo incluido, para que regrese el Emérito de su autoexilio árabe. Han hecho bien el Gobierno y la Casa Real en apuntar que puede regresar (como lo hace ocasionalmente) y hacerlo permanentemente cuando quiera, si tributa en España (como todo residente).

No se entiende que Juan Carlos suspire por ello (léanse sus recientes Memorias, largamente glosadas), pues si quiere reconciliarse con el pueblo, que lo haga y vuelva. Si hay razones más allá de las fiscales, convendría que no espere a publicar un segundo tomo de Memorias. En los años 2026, 2027 y 2028, con ocasión de los actos oficiales conmemorando los 50 años de sendas fechas claves en la Transición, debería estar vez brillar por su presencia.

Lo positivo de esta jugada de transparencia es que los voceros y bocazas habituales de la izquierda y de los nacionalismos periféricos no han podido seguir alimentado al fantasma para «eliminar al borbón» (al borbón, en general). Eran los golpistas los que parecían desearlo. En todo caso, no se entendería que volviera Puigdemont antes que el viejo Rey a España.

Coda 1) El equipo médico habitual. Por fin Sánchez ha decidido desmentir oficialmente que padece una dolencia cardiovascular, saliendo al paso de la noticia de Miguel Ángel Pérez en Libertad Digital y de la interpelación parlamentaria de Cayetana Álvarez de Toledo. Lo que huele a cuerno quemado es que ni el jefe del servicio de Cardiología del Ramón y Cajal, José Luis Zamorano, quien supuestamente lo trata, ni el propio centro médico sigan mudos, por mucho que toda información sobre los pacientes sea constitucionalmente confidencial. Que no sea, como en otros países, obligado por ley el dar a conocer el expediente médico del presidente, no quiere decir que esa información deba protegerse como si de un secreto de Estado se tratase. Así que desclasifique y evite deportes de riesgo.

Coda 2) Irán, Bis repetita. Por fin Trump cumple con su amenaza de atacar Irán, lástima que semanas después de haber agitado a los manifestantes, que cayeron en la monstruosa cifra de 30.000. Pero bien está lo que bien acaba, si acaba bien. Es decir si llega por fin el final de la teocracia más importante del mundo, la más sanguinaria y la que más ha financiado al terrorismo antisemita y antioccidental, que son uno y lo mismo.

Poco caso parecen hacer la diplomacia europea y españolista del criterio del ex primer ministro de Francia, Manuel Valls, hace pocos días (aquí) en THE OBJECTIVE, acerca de la necesidad imperiosa de hacer caer al régimen de los barbudos. Las razones son tantas que da pereza enumerarlas. El Derecho Internacional no contempla, expressis verbis, el derecho de injerencia, bien es cierto, pero sí la ética el derecho de injerencia humanitario. Que lo apoye o no la ONU, en cuyo Consejo de seguridad hay dos potencias antidemocráticas con derecho a veto, es lo de menos. Qué más humanitario que el caso de Irán, que masacra a su población simplemente por pedir la libertad. En este caso se trataría además de un ataque preventivo, dado que la República iraní ha hecho de la amenaza a Israel uno de sus fundamentos constitucionales, convirtiéndolo de este modo no es un «Estado gamberro», como se le suele considerar, disruptivo para el orden internacional, sino directamente en un «Estado delincuente». De cómo reaccione Europa dependerá, una vez más, que recupere algo de la poca credibilidad que mantiene como actor en la escena internacional.

Coda 3) La pavana para la Habana difunta. El precedente de la extracción de Maduro de Venezuela, así como el ataque de ayer a Irán, deberían ser suficiente materia de reflexión para poner las barbas castristas en remojo. La agonía del régimen parece llegar a su fin. Ese «final amistoso» de la dictadura del que alardea Trump sería, sin duda, la mejor noticia para la martirizada Isla y para el orden internacional libre del hemisferio, en el cual Cuba era un obstáculo crónico y una excepción tóxica, con la peor influencia y el más criminal apoyo a los regímenes iliberales latinoamericanos. El valor simbólico de la caída del régimen comunista cubano estaría casi al nivel de la caída del muro de Berlín, al ser el la Cuba castrista el último bastión moral de los que fue el sovietismo en su peor declinación: política de Estado al servicio del empobrecimiento y embrutecimiento de la población. Represión y muerte al disidente. Amén de que la caída del castrismo permitiría el regreso de, al menos, una parte de la diáspora deseosa de levantar una nueva Cuba Libre.

Coda 4) Venezuela, de la ley a la ley. La amnistía trucha de la mafiosa Delcy Rodríguez no deja de ser un paso en la accidentada transición bajo tutela yanki hacia lo que sólo podrá ser otra cosa mejor. El de la ley a la ley, que tantos buenos servicios prestó a la España de la Transición, podría y debería ser el camino a transitar por el poder tiránico y la oposición democrática, un camino pacífico y de posible reconciliación, sabiendo que la reconciliación no sería un ejercicio equidistante entre dos adversarios legítimos sino —como en el caso español— entre los que apoyaron a los antidemócratas y los que eran o aspiraban a ser demócratas. Luego con los crímenes cometidos por le chavismo habría que ver qué decide hacer el pueblo soberano. En todo caso, solo cobraría sentido esta medida como un primer paso hacia unas elecciones libres bajo tutela internacional. Urge que Machado regrese a su lugar de mando.

Coda 5) Ucrania, triste aniversario. Cuatro años de guerra inverosímil de trincheras, a lo Primera Guerra Mundial, con algún dron de propina, en la que Ucrania resiste al gigante ruso, gracias a su coraje y sacrificio y a la ayuda intermitente occidental. Si la Unión Europea y los Estados Unidos de Biden no hubieran tenido más miedo que sietes viejas, comprando el marco putinesco de la cobeligerancia y el terror a un fantasmagórico uso por parte de Rusia de armas nucleares tácticas, y si la ayuda hubiera sido masiva desde el principio, hoy Ucrania estaría en mejor tesitura y habría habido probablemente cientos de miles menos de muertos en ambos lados. (La mayoría de los muertos rusos también merecían vivir). Trump debe repensarse lo del Nobel siguiente.

Coda 6) Los Therians y las mofas animalescas. Pocos son los therians (y en su estrambótico derecho están, cosas peores se han visto) pero muchos los cretinos primitivos que de ellos se mofan o increpan o agreden: burlarse de un animal siempre es señal de falta de inteligencia y muestra de la peor animalidad, exclusivamente humana. No eran animales en realidad lo que se burlaban del elefante Dumbo… Los animales no se burlan de otros animales, y si los matan es para sobrevivir. Las personas que maltratan a los animales suelen maltratar a las personas, dice la sabiduría popular, que en este caso lleva razón. 

Cosa bien distinta es el papel totémico que en Occidente se les da a las mascotas, gatos y, especialmente, perros. El debate sobre el (anti) especismo va más allá de la vergüenza ajena. Es un termómetro de decadencia.

Coda 7) Julio Iglesias y Yolanda. Poco importa si prospera la demanda del cantante contra la vicepresidenta Yolanda Díaz (la memez y el sectarismo no tienen por qué ser delito) por intentar hacer leña del árbol caído antes de hora. Lo importante es que los políticos sepan que no gozan en la calle de un fuero especial para difamar (ya gozan de él en el Parlamento).

Consultorio con Mostaza

Una vez más un cuestionario en ciclo electoral con Manuel Mostaza Barrios, politólogo y especialista en demoscopia. O como decía D’Ors, especialista en cuestiones generales.

PREGUNTA.- Estamos en ciclo electoral, y surgen, como siempre, voces contra el sistema vigente, algunos lo hacen remontar al franquismo… ¿Qué sistema usaba el franquismo para sus elecciones a Cortes? ¿Cómo se fragua el sistema actual, en qué modelos se inspira?

RESPUESTA.- El general Franco despreciaba profundamente la democracia liberal. Los partidos políticos le parecían elementos de separación, así que, derrotados sus aliados en 1945, opta por un modelo al que denomina «Democracia Orgánica» en la que no hay partidos en las Cortes, sino los elementos «naturales» en los que descansaba la soberanía de la nación: la familia, el municipio y el sindicato. En las Cortes Españolas, (las llamaba, y así las sigue llamando el secesionismo cuando quiere descalificar a la democracia actual) había miembros natos, miembros nombrados por el general Franco y luego un remedo de «representantes» así, entre comillas, de los sindicatos, de los ayuntamientos y, desde 1967, de las familias, pero todo muy tamizado y lleno de controles para que la representación no se le fuera de madre al régimen. Por supuesto, no era un sistema ni democrático ni representativo.

Tras el desmontaje del régimen que lleva a cabo la propia élite franquista, es el Gobierno de Adolfo Suárez el que aprueba el Real Decreto-ley 20/1977, de 18 de marzo, sobre normas electorales, que permite que, por vez primera en décadas, haya en España de nuevo sufragio universal, con voto libre y secreto. Pero la norma dejó también fijado el marco de nuestro sistema electoral en dos temas muy importantes: la provincia como circunscripción electoral (había muy mal recuerdo de los distritos uninominales de la Restauración, tan dados al caciquismo) y un sistema proporcional basado en el método D’Hont, para asegurar que la pluralidad en la representación fuera real. No ha pasado tanto tiempo, y sin embargo ya es otra España. Con aquella norma, Barcelona elegía más diputados que Madrid (ahora es al revés), Zamora los mismos que Burgos y, por ejemplo, en Asturias se elegían más diputados que en Alicante. Nos hemos hecho mayores…

P.- Se esta volviendo a hablar del rey Juan Carlos en el 23-F con la desclasificación, más bien para acabar de rehabilitarlo por su papel frente a la intentona golpista. Resurge el debate de si debe volver a vivir en España, bajo qué condiciones… ¿Acaso el CIS no debería preguntar al respecto? ¿Desde cuándo no pregunta sobre la aceptación de la monarquía? Bien que se preguntó y pregunta sobre el apoyo a la independencia de Cataluña, ¿no? que no deja de ser una ruptura de modelo. ¿Se ha preguntado sobre monarquía versus República?

R.- Alguna vez ha preguntado, la última en 2015, si no me falla la memoria. El CIS puede preguntar muchas cosas, pero es mejor que lo haga dentro de un programa consensuado en el Parlamento. Si no, cada gobierno lo usa para poner en la agenda los temas que le interesen. Es decir, un Gobierno favorable a reintroducir la pena de muerte podría querer meter esa pregunta, o uno favorable a la limitación del modelo autonómico, podría hacer otro tanto. Mientras el programa de trabajo del CIS no se haga por consenso, todo es en realidad sospechoso: lo que se pregunta y lo que no se pregunta.

P.- Francisco Camps se ha pagado («con gran esfuerzo personal») una miniencuesta para promocionar su candidatura en Valencia, ¿qué credibilidad tiene? ¿Cuánto podría costar un mini sondeo de este tipo? ¿A partir de que muestra podría tener validez?

R.- Depende de quién se la haya hecho, pero en general hay buenas empresas de sondeos en España. Una encuesta de ese tipo se puede encargar, si se quiere que sea sólida, desde unos 15.000 euros. En el caso de Valencia, yo estaría tranquilo con una muestra de unas 600 entrevistas por provincia si queremos tener una idea de datos básicos por circunscripción, pero si es a nivel regional, con una muestra de entre 800 y 1.000 puedes tener una información razonable sobre qué está pasando en el territorio. Es la magia de la estadística: con apenas 1.000 entrevistas en toda España puedes saber de manera muy aproximada lo que está pensando la sociedad.

P.- ¿Qué opina de la queja de Miriam González (mujer del ex vice primer ministro británico liberal Nick Clegg) sobre empresas que, supuestamente, no quisieron financiar estudios sobre la juventud española por miedo a perder contratos con entes públicos?

R.- La economía española es muy dependiente del BOE y, a escala autonómica, de los Boletines Oficiales regionales. No es solo o no es tanto miedo a perder contratos como miedo a señalarte, y más con la psicosis que hay en Moncloa contra los «enemigos» (que se lo digan a este periódico). Es una pena pero creo que tiene razón. En general, las cúpulas directivas de las grandes empresas están más al negocio coyuntural que a los cambios estructurales de la sociedad española. Y tampoco son, en general, grandes lectores, ni de ensayo, ni de prensa. Con este panorama, ¿qué puede salir mal?

P.- Parece que se da una paradoja en ciertos estudios: el electorado se autodefine más a la izquierda de lo que luego plasman los resultados… ¿qué significa esto? ¿Es una mala autopercepción? ¿Acaso algunos votan contra sí mismos?

R.- En realidad, significa que en España la escala no es descriptiva sino valorativa. Quédese con esa idea el lector. En nuestro país, desde hace décadas y hasta hace cuatro días, era de mala educación decir que uno estaba un centímetro a la derecha del centro, y claro, los hábitos son difíciles de cambiar. La conversación colectiva en la que hemos crecido era una conversación «socialdemócrata» en la que estaba permitido cualquier barbaridad porque uno era muy de izquierdas (al final eran «gente comprometida» y todas esas bobadas con la que la izquierda justificaba cualquier desmán) pero en la que el ecosistema terminaba en el centro. Eso tarda en cambiar, pero también cambiará.

P.- Diferentes encuestas apuntan a que Vox ha tocado techo en Castilla y León. ¿Por qué sería así?

R.- Pues parece que sí. Si al final se cumplen las expectativas, puede haber dos cosas que nos ayuden a entenderlo: Vox ya está alto en estas Cortes regionales y no es fácil subir una vez que has pegado el primer salto. Y luego está la demografía: un mundo más envejecido siempre es un mundo más bipartidista. En fin, a ver si al final, tanto temor en Génova y el antídoto era Mañueco… [Alfonso Fernández Mañueco, es el líder del PP en Castilla y León y candidato a revalidad la presidencia de la Comunidad Autónoma].

P.- El conflicto cismático con Ortega Smith en Madrid, los problemas de Vox en Murcia, y las voces críticas como la Espinosa de los Monteros, etc… ¿Todas estas disensiones perjudican al proyecto en términos electorales? hasta qué punto? ¿Puede repetirse el patrón de Cs cuando empezaron las disensiones? 

R.- Es difícil saber lo que castiga el electorado, pero sí da la sensación de que los guirigáis no gustan. Esto de no saber para quién va tu voto, para qué vale al final, no suele dar buen resultado. Un partido uniforme es, en términos electorales, mejor que uno diverso, y una política de pactos clara también es mejor que cuando tienes que empezar a explicar cambios de un territorio a otro en oraciones llenas de adversativas y subordinadas. A Vox le puede pasar lo mismo que a Ciudadanos o, incluso, lo mismo que a Podemos, su némesis al otro lado del tablero…

P.- Murió Gregorio Morán, sé que lo leyó con interés…

R.- Un tipo muy interesante, no solo por sus casi treinta años de Sabatinas Intempestivas —me compraba muchos sábados La Vanguardia solo por leerlo a él—, sino por alguno de sus libros. Déjeme recomendar al lector, si es orteguiano, El maestro en el erial, y, si no lo es, la Miseria y grandeza del PCE. Dos libros excepcionales.

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