Abascal el exterminador
«Viendo la purga de personas que ha hecho Abascal es fácil deducir que lo que queda en Vox es mediocridad. Lo bueno ha sido apartado»

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Los catastróficos Gobiernos de Rajoy son los causantes de la situación que padece hoy el centroderecha español. Traicionó al electorado y solo cumplió con Alfredo Pérez Rubalcaba —quien tenía el total del sumatorio de la Gürtel y los papeles de Bárcenas—. Rajoy no solo no derogó lo que tenía que derogar, sino que mantuvo todas las políticas destructivas de Zapatero. Además, destrozó el espacio político de la derecha. Fue el 19 de abril de 2008 cuando dijo la histórica frase de: «Si alguien se quiere ir al Partido Liberal o al Conservador, que se vaya». Dicho y hecho. Ciudadanos, PP y Vox.
Fue Pablo Casado quien, en el momento político más difícil del PP, derrotó internamente al rajoyismo y consiguió salvar al partido de la desaparición. Por muy poco, pero lo salvó. Fue Ciudadanos el que desapareció, por no cumplir con su función y pretender dar el sorpasso al PP.
La sombra del peor Rajoy sigue lastrando al Partido Popular y a su líder. Feijóo tiene que luchar, día a día, con que lo equiparen con Rajoy. Y eso que en lo personal, en la capacidad de gestión y en lo político son totalmente diferentes. En lo único que coinciden es en ser gallegos.
¿Qué queda en la derecha del tóxico Rajoy? Que el PP es un partido que, aunque lo votes, no hará nada, y todo lo que Abascal está haciendo de Vox. Todo malo. Vox pudo ser un proyecto ilusionante y necesario. Liberal en lo económico y conservador en lo social. Un anclaje ideológico para frenar y controlar las derivas sociales confusas que pudiera volver a tener el Partido Popular. Eso fue Vox cuando tenía a los fundadores y equipos políticos. No queda nada de eso. Solo queda Abascal al frente de una especie de secta que sirve de sostén a Sánchez.
Abascal se fue del Partido Popular denunciando que Rajoy hacía lo que hoy hace él. «La negativa a democratizar internamente nuestro partido o el pisoteo de nuestros propios estatutos internos». Se marchó por «una cúpula que ha traicionado nuestros valores y nuestras ideas». Así lo manifestó en la Carta al Presidente —merece la pena releer— que publicó el diario El Mundo el 25 de noviembre de 2013. Abascal, tras veinte años en el PP y viviendo en el entorno del nazionalismo vasco, ha degenerado en un híbrido con lo peor de Rajoy y las formas intransigentes y oscuras de Arzallus. Abascal va de macho alfa, pero tiene la piel muy fina y está resultando ser muy cobarde. Nunca llama él. Dice que nadie en el partido es imprescindible y que Vox es un medio para España. No es cierto. Vox es un negocio patriótico para el que Abascal es imprescindible. Por eso, eliminan a todos los que tienen perfil político, capacidad de liderazgo y pensamiento propio. Aquellos que pueden ser competencia y/o denunciar conductas y hábitos inadecuados. Viendo la purga de personas que ha hecho Abascal, es fácil deducir que lo que queda en Vox es mediocridad. Lo bueno ha sido apartado.
«Abascal aprendió de Arzallus que, ante cualquier posible líder alternativo, eliminación inmediata. En lo nacional y en lo autonómico»
El primer candidato que presentó Vox a unas elecciones fue Vidal Quadras en las europeas de 2014. Le faltó un puñado de votos para obtener el escaño. Como «fracasó», fue apartado del liderazgo y, junto a José Luis González de Quirós, abandonó el partido en 2015. Así quedó expedito el poder para los jovencitos con Abascal al frente. Un grupo que empezó a crecer y llegó a 52 escaños. El único que ha cosechado un estrepitoso fracaso electoral en la historia de Vox es Santiago Abascal, que perdió 600.000 votos y 19 escaños. Motivo más que suficiente para la sustitución del líder en cualquier partido político. ¿Qué hizo? Lo mismo que Rajoy en 2008 cuando perdió las elecciones por segunda vez ante Zapatero: seguir y bloquear cualquier crítica. Abascal acusó de su batacazo al Partido Popular por pedir «el voto útil». Y siguió. No había vuelta atrás en el negocio patriótico. Tras ese susto llegó el momento blindaje y exterminador.
Abascal aprendió de Arzallus que, ante cualquier posible líder alternativo, eliminación inmediata. En lo nacional y en lo autonómico. Esa es la historia de Olona, Espinosa de los Monteros, Sánchez del Real, Manso… La lista de purgados hasta llegar a Ortega Smith es demasiado larga y cruel. Así también aplastó a García Gallardo en Castilla y León y esta semana al líder de Murcia, el más potente del partido, José Ángel Antelo. ¿Qué han hecho? Nada que no sea un mérito en cualquier partido. Poder tener poder. Poder ganar en Murcia. Estar cerca de hacer lo que nunca ha hecho Abascal. Ganar. Abascal es un perdedor. Ha sido derrotado por María Guardiola y Gallardo en Extremadura. Por Azcón y Pilar Alegría en Aragón. Convierte sus derrotas, con mucha propaganda interna, en falsas victorias. Abascal no es un segundón contra líderes locales. Es el tercero.
La camarilla de Abascal dice que los votos no los trae el partido, los trae Abascal. Obvio, solo se presenta él. Y en todas partes comete un fraude ante el elector. En campaña los votantes lo ven y lo escuchan. Y cuando lo han votado, desaparece. Se muda a otra autonomía a volver a engañar al elector. El problema es que con los resultados tienen que afrontar una responsabilidad que no quieren. Asumir el Gobierno. Con la boca pública dice que sí, para no poner en evidencia lo inútil del voto a Vox. Y después pide imposibles o se siente ofendido por cualquier cosa para no negociar. Ha sido muy lamentable la sobreactuación por la propuesta del marco negociador del PP dentro de la constitución y la legislación vigente. Decir que eso es un insulto y que le toman por un «salvaje» define al blandito ofendido sin motivo. El marco de decisión es imprescindible en toda negociación seria. Con Vox, los cobardes de las espantadas, es imposible.
Ojo con los principios y valores de Abascal. Son cambiantes en función de la rentabilidad económica. La mutación ideológica del partido está directamente vinculada a la recaudación. De las 100 medidas para la España Viva propuestas en Vistalegre 1, el punto seis decía: «Transformar el Estado autonómico en un Estado de derecho unitario […]. Un solo Gobierno y un solo parlamento para toda España». Esto era cuando Vox no tenía representación autonómica. Ahora que saben toda la pasta que manejan las autonomías, en vez de pedir que desaparezcan o se reduzcan, lo que exigen es más presupuesto y más cargos de los que sus votos les otorgan. ¿Es por España? No, es por la pasta.
Otro ejemplo. El punto 82 decía: «Fin de subvenciones públicas a partidos políticos y sus fundaciones, sindicatos […]. Partidos y sindicatos deben ser sostenidos con las aportaciones de los afiliados». Entonces Vox recibía cero euros. Desde que recibe muchos millones por ser tercera fuerza política nacional, desapareció lo de que los partidos se financien sin dinero público. ¿Por España? No, por la pasta.
Un serio problema para España es que Abascal tiene pánico a perder su posición política, social y económica. Por eso en Vox todo tiene que ser él. Eso limita su capacidad de representación y de gestión. Y si al final no le queda más remedio que pactar, solo le quedan las sobras. Lo válido, lo senior preparado, ya ha sido eliminado. ¿Por España? No.