The Objective
Jorge Vilches

La guerra que salvará a Sánchez

«No importa que sea legal o ilegal: si la intervención militar lleva la bandera USA o la israelí, el votante progresista la vincula con el imperialismo y la sed de petróleo»

Opinión
La guerra que salvará a Sánchez

Ilustración generada mediante IA.

La política contemporánea ya no consiste en ser más o menos responsable. Ni siquiera en ser fiel a una ideología, a un programa o una palabra dada. Lo crucial es ajustar las decisiones a la posibilidad de ganar votos para mantener viva la empresa —el partido— que proporciona el poder, y con este, los cargos y los presupuestos, incluso la posibilidad de eludir la justicia. Para ganar esos votos hay que mirar las encuestas, no las de Tezanos, sino las verdaderas, las que manejan los dirigentes. Cada partido sabe dónde está su nicho y pretende estimularlo para que acuda al colegio electoral a depositar una papeleta a su favor. No hay más. 

En este tablero, Sánchez juega con ventaja: tiene el Estado a su disposición para recabar información. Sabe, porque así lo dicen los datos, que la mayoría de los votantes de izquierdas repudia cualquier tipo de intervención militar de Estados Unidos o de Israel. No importa que sea legal o ilegal, justificada o interesada: si lleva la bandera USA o la israelí, el votante progresista la vincula con el imperialismo, la crueldad y la sed de petróleo. Es una forma de que el PSOE se asegure el voto de la izquierda y de la extrema izquierda, como ocurrió en 1982 y 2004. En este último caso, las advertencias socialistas sobre la participación de España en la guerra de Irak parecieron confirmarse con los atentados del 11-M, lo que repercutió en las urnas. 

Por tanto, el «No a la guerra» puede ser un buen banderín de enganche a un PSOE agonizante. No solo sirve para ocultar su negligencia gubernamental, el chantaje de los nacionalistas y los casos de corrupción, sino para que sus votantes se tapen la nariz y vuelvan a votar a Sánchez. Según las dos encuestas que han dado medios privados, casi el 70% de los españoles rechaza la guerra. De entre los votantes del PSOE, la cifra llega al 90%, lo que significa que es posible que mantenga la lealtad llegado el caso de convocar elecciones. A esto puede sumar la actitud de los electores de Sumar y Podemos, que apoyan en un 95% las decisiones de Sánchez. 

El panorama se torna mejor aún para el PSOE porque el aplauso a la guerra se identifica con el PP y Vox. De hecho, dos de cada tres votantes del partido de Abascal están a favor de la intervención y de permitir el uso estadounidense de Rota y Morón. Esto ha venido respaldado por las declaraciones del jefe de Vox —me refiero a don Santiago— y de otros dirigentes, como Ignacio Garriga, lo que ha permitido a Sánchez darse golpes progresistas de pecho al ver confirmado su relato. El PP, en cambio, está dividido entre sus votantes, quizá porque la dirección ha tomado una posición tibia. Feijóo ha manifestado que comprende la ofensiva, pero pide contención y negociación. 

«En cuestiones sentimentales —y el pacifismo de salón y de bandera en balcón lo son— la izquierda siempre saca más rédito electoral»

No cabe la menor duda que en cuestiones sentimentales —y el pacifismo de salón y de bandera en balcón lo son— la izquierda siempre saca más rédito electoral. El progresismo se vende mejor a un electorado que quiere comprar firmeza emocional. La derecha, en cambio, es un caos. Vox tiene menos dudas —guerra al ayatolá, que simboliza el islamismo que quiere combatir en Europa— mientras el PP se queda en tierra de nadie, con un discurso suave, moderado, que solo sirve para guardar silencio y esperar acontecimientos. 

Tener una posición clara es difícil, sobre todo cuando hablamos de guerra, ya que veremos fotos desgarradoras que nos harán temblar. Pero la indefinición y la tibieza no añaden ni un solo voto. Quizá arremeter contra la decisión de Sánchez y las incoherencias de la izquierda sea lo más acertado. Pensemos que, en tiempos de identidades emocionales y populismo descarnado, apostar a ser el moderado responsable es meter otra bala en el tambor de la pistola antes de jugar a la ruleta rusa. Puede salir bien, pero las posibilidades de que termine mal aumentan considerablemente.

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