Mujeres, prostitución y porno
«Ante el 8-M pensemos también en su ‘ciudadanía sexual’: las mujeres ven más vídeos de ‘porno duro’ que los hombres, según los datos de PornHub Insight»

Ilustración generada mediante IA.
Como viene siendo habitual en los últimos años, el movimiento feminista celebrará dividido el Día Internacional de la Mujer. En Madrid, una manifestación saldrá bajo la pancarta «Feministas antifascistas. Somos más. En todas partes» y otra enarbolará el lema «Frente a la barbarie patriarcal, feminismo internacionalista: ni veladas, ni explotadas, ni prostituidas».
Durante esta semana previa que cada año recuerda más a los triduos a la Inmaculada Concepción en el Madrid de los años cincuenta del siglo pasado, hemos tenido alguna noticia que nos permite concretar de modo más tangible qué «divide» de manera esencial hoy al feminismo en España. Y la respuesta es la prostitución (amén de «lo trans» y la «explotación reproductiva», verbigracia, la gestación por sustitución). Y ello hasta el punto de que el Ministerio de Igualdad está dispuesto a exigir que quienes soliciten subvenciones públicas destinadas a programas y proyectos de concienciación, prevención e investigación de las distintas formas de violencia contra las mujeres «…acrediten, en sus estatutos o mediante experiencia previa, el reconocimiento expreso de la prostitución, la explotación sexual y la explotación reproductiva como formas de violencia contra las mujeres». Así reza la propuesta de reforma de la Orden IGD/239/2022 de 25 de marzo de la Secretaría de Estado de Igualdad que ha estado sometida al trámite de audiencia pública hasta principios de febrero.
El propósito habla por sí mismo y es también elocuente sobre lo que es hoy el feminismo institucionalizado: una fabulosa maquinaria de propaganda y facilitación de captura de rentas que no tiene empacho alguno en cubrir sus vergüenzas con el destino de fondos públicos a «programas y proyectos de investigación» que, en el fondo, no están destinados a investigar nada, si es que aún reservamos a la idea de «investigar» su genuino sentido.
Que la prostitución, en todas sus dimensiones, o la gestación por sustitución, en cualesquiera de sus posibles circunstancias, son formas de violencia sexual es algo que las actuales responsables del Ministerio de Igualdad y el partido que las sustenta, no solo ya han determinado (o prejuzgado), sino que exigen profesar ideológica y públicamente a quienes quieran acceder a subvenciones públicas. ¿Ustedes se imaginan que el Ministerio de Transición Ecológica exigiera repudiar la generación de electricidad mediante centrales nucleares a las entidades que quisieran recibir fondos públicos para investigar sobre fuentes de energía? Algo que seguimos caracterizando como norma suprema establece, en varios de sus preceptos, la libertad ideológica, el pluralismo, el permiso para no declarar sobre la ideología o creencias, y en el artículo 103.1 que: «La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales…»
Coincide precisamente esta pretensión del Ministerio de Igualdad con la publicación de un estudio que ha encargado al CIS sobre «Percepción de la prostitución» entre la población española mayor de 16 años. Son algo más de 10.000 entrevistas y meterse en los entresijos de las preguntas formuladas y el fabuloso sesgo de las respuestas posibilitadas al encuestado es más fascinante que las andanzas de Jonás por las tripas de la ballena.
«La prostitución y pornografía que preocupan al estudio del CIS es casi exclusivamente la que ejercen o protagonizan las mujeres»
Para empezar, la encuesta, pese a su título, no pulsa solo las percepciones acerca de la prostitución, sino también la pornografía. La razón, a poco que uno conozca las derivas del feminismo hegemónico, no puede escapar a nadie: hay una íntima —y repudiable— conexión. Y la prostitución y pornografía que preocupan es casi exclusivamente la que ejercen o protagonizan las mujeres.
Se pregunta sobre la difusión sin consentimiento de imágenes falsas creadas mediante inteligencia artificial de mujeres o niñas, pero no así de hombres o niños. Se intenta saber la medida en la que se estaría dispuesto a mantener una relación con alguien que ejerce o ha ejercido la prostitución, pero solo se pregunta a los hombres (por lo que parece, la disposición de una mujer a tener relaciones sexuales con una mujer o un hombre que ejerce o ejerció la prostitución no interesan nada).
Se indaga sobre el sentimiento que le provocaría al encuestado que alguna mujer (madre, hermana, hija) ofreciese imágenes o videos sexuales en plataformas como OnlyFans; saber qué sentimiento le provocaría al encuestado/a que lo haga su padre, hermano o hijo, no importa. ¿Será que no hay hombres en OnlyFans? ¿Será que, si los hay, no son padres o hermanos? ¿Ni siquiera hijos? Solo se pregunta sobre los riesgos que puedan correr las mujeres que ofrecen contenidos íntimos en plataformas digitales y no así sobre los que puedan correr los hombres porque (véase supra) o bien no están en OnlyFans o bien, si están, están solos en el mundo —véase supra— y sus riesgos no importan.
En esa misma línea, y ya para terminar con el repaso a este compromiso tan igualitario en la pública demoscopia patria, en el conjunto de afirmaciones que caracterizarían a la pornografía, hay una opción en la encuesta que reza «la pornografía transmite que violar a una mujer puede ser excitante», pero no sabremos cuántos de los encuestados pueden considerar que también transmite que violar a un hombre puede ser excitante. Claro que el 62% de los encuestados (84,7% de las mujeres y 38,7% de los hombres) declaran no haber visto nunca pornografía, es decir, opinan sobre algo que desconocen.
«El 66% de los que responden consideran que las restricciones o prohibiciones las deben imponer los padres»
La gran mayoría de esos desconocedores de la pornografía consideran que su acceso a los menores de edad debe estar restringido o prohibido, pero a la hora de plantearles quién debería establecer esas limitaciones o censuras, el menú de opciones —los padres y madres, el Gobierno, los centros educativos, administraciones públicas, las propias plataformas digitales, entre otras posibilidades— no aparece el Parlamento. Signo de estos tiempos nuestros. Y por cierto, el 66% de los que responden consideran que las restricciones o prohibiciones las deben imponer los padres. Y en mayor porcentaje (casi el 70%) las mujeres que responden. ¿Tomará nota el Gobierno más feminista de la historia?
A estos encuestados, que en un 62% responden no haber visto nunca pornografía, se les pregunta si creen que «pagar por visualizar actos sexuales en las plataformas online» debe sancionarse, y responden en un 40% que sí (las mujeres mayoritariamente: en un 51%). Debe tener que ver con el hecho de que un 70% de ellos (casi el 80% de las mujeres) cree que pagar por ver esos actos es prostitución.
No sé si por coherencia, quienes así opinan también están dispuestos a sancionar a quienes ven películas pornográficas, pues, a fin de cuentas, debería considerarse también prostitución, ¿no? ¿Qué diferencia hay entre el o la que se exhibe en OnlyFans solo/a o en compañía de otros/as para el global remedio de la concupiscencia, y el Rocco Siffredi o la Mia Khalifa a los que vemos en una cinta VHS o en una película servida por Movistar o antaño en la proyección matutina del Cine Postas? No será que en, pongamos, Bimbo Bangers From Barcelona, cinta de 1998 protagonizada por el célebre Nacho Vidal, hay «argumento» o más «exteriores», imagino. ¿Y el porno en vivo en una sala? ¿Cerramos el Bagdad de Barcelona o se trata de una singularidad, un hecho (porno) diferencial?
Sea como fuere, el CIS también indaga si a los encuestados les parece que ver pornografía es más propio de hombres o de mujeres, siendo que un abrumador 61% considera que es asunto masculino. Y esto es lo que precisamente me permite enlazar con el muy iluminador e interesante contraste que resulta del análisis del sondeo del CIS con el informe —PornHub Insights— que anualmente difunde la plataforma PornHub, posiblemente el templo del porno virtual, un lugar que, con millones de accesos mensuales, está entre los 15 más visitados de toda la red. Destaquemos algunos datos, globales y patrios.
«¿Es la pornografía la teoría y la violación la práctica, como acostumbran a decir algunas teóricas del feminismo?»
En tráfico hacia la dicha plataforma, este año hemos escalado dos posiciones y nos ubicamos en un meritorio puesto número 9, cerca de «los países de nuestro entorno», con los que «compartimos valores occidentales» y donde siempre hay «derecha civilizada» (Francia, Italia, Reino Unido), aunque muy alejados de las grandes potencias: Estados Unidos, México, Filipinas, Brasil…
¿Es la pornografía la teoría y la violación la práctica, como acostumbran a decir algunas teóricas del feminismo? Si lo es, habría que correlacionar o encajar algunos datos que sorprenden. ¿Cuál es la categoría más buscada a nivel global? «Sexo lésbico» («Lesbian»), siendo la segunda «sexo transgénero» y MILF (madre a la que me gustaría f…ar, en mi traducción) la tercera. En España es la categoría reina.
No sigo desgranando los siguientes rubros porque este periódico merece mantener su respetabilidad (y porque me cuesta entender algunos), pero sí interesa destacar que, en la desagregación por sexo del que visita la plataforma, las mujeres ven más vídeos que los hombres en la categoría «porno duro». Sí: y en mucha mayor proporción. Y es que, del tráfico global de visitas, el 38% son mujeres, un porcentaje que ha aumentado en 14 puntos desde el año 2015.
En estos primeros días de marzo, en los que celebramos el Día de la Mujer, su emancipación y sus conquistas, pensemos también en su «ciudadanía sexual». En países como Filipinas, Colombia y Argentina, son más mujeres que hombres quienes visitan la gran plataforma del porno. En México están muy cerca de la paridad, y es muy probable que se alcance en este sexenio de Claudia Sheinbaum. En España, en cambio, según los datos de PornHub Insight, estamos en un magro 31% frente a un 69% de hombres.
Aún queda mucho por hacer.