The Objective
Pilar Cernuda

Hay motivos para preocuparse

«Marruecos, si seguimos dando en la crisma a EEUU, se puede convertir en el país que controle el Estrecho y por tanto el tráfico aéreo y naval en el Mediterráneo»

Opinión
Hay motivos para preocuparse

Ilustración generada mediante IA.

Presume de demócrata, pero gobierna al margen del Parlamento. Presume de progresista, pero se comporta como un progre —que no es lo mismo— nostálgico de sus tiempos de universidad. Tiempos que justificaron la pancarta del «No a la guerra», con la cultura que se desarrolló en torno a la protesta por la intervención americana en Vietnam que causó tanta muerte y tanta desgracia.

Un «No a la guerra» que Pedro Sánchez exhibe ahora como si hubiera inventado la pólvora, y que pretende utilizar para ganar el pulso que está perdiendo a ojos vista. De momento, lo ha adoptado el sanchismo como lema en el último tramo de la campaña de Castilla y León, donde el eslogan guerrero suena a ridículo cuando lo grita el presidente y lo repite su clac con una artificiosidad que suena a instrucción de obligado cumplimiento, enviada a sus móviles como parte del argumentario que siguen escrupulosamente ministros y candidatos.

A Pedro Sánchez se le nota que va a la desesperada. Un tercer fracaso en tres meses puede convulsionar el partido, aunque siempre le quedará el sector irredento que le seguirá hasta la tumba; hombres y mujeres que son conscientes de su escaso futuro si se cumplen los pronósticos.

Hasta ahora les salva que Feijóo no acaba de acertar en su estrategia electoral. Sigue sin reforzar su equipo con personas que conozcan a fondo el juego de la política nacional, en vez de utilizar sistemáticamente el exabrupto y las descalificaciones personales para ganar puntos. Los pierden. Feijóo, con un talante distinto al de sus compañeros del PP —hay excepciones, sí, hay excepciones, pero son pocas— clama en el desierto porque sus palabras se las lleva el viento con los titulares que provocan colaboradores ineptos.

Situación que aprovecha Vox, aunque algún día los españoles conocerán la cara oculta de ese partido y comprenderán las razones de que se hayan marchado algunos de sus mejores cabezas; se enterarán también de los métodos que utilizan para desacreditar y expulsar a los que empiezan a mostrar indicios de que no les gusta lo que ven. Pero, mientras tanto, en el follón de acuerdos y no acuerdos, el sanchismo engorda de satisfacción al ver que el engorde del PP no es tanto como se temía gracias al engorde de Vox. Y se debilita el único partido que podría provocar que Pedro Sánchez se fuera a su casa.

«Nada le gustaría más al rey Mohamed VI, o quien le suceda, que ofrecer a Estados Unidos bases en su territorio»

Son tiempos de guerra y Pedro Sánchez saca un eslogan ridículo, porque no hay mortal que quiera la guerra; aunque la izquierda hace años que se presenta como si fuera la única ideología que defiende la paz. Pero, más allá de ese grito de tiempos pasados que utiliza para ver si sale del pozo del presente, Sánchez está provocando su distanciamiento de gran parte de los gobernantes europeos más solventes.

Además del no a la guerra, la otra decisión de Sánchez ante la grave situación bélica que nos pilla muy cerca, aunque no lo parezca, ha sido negar a los americanos el uso de las bases de Rota y Morón. Noticia que potencia su imagen progre, que no progresista, pero que devalúa el papel de España en el escenario internacional. Una decisión que tiene mucho de falacia, porque no hay más que preguntar en San Roque, y cualquier habitante de esa hermosa plaza andaluza te cuenta que sigue habiendo movimiento de aviones y buques americanos. Para lo de siempre: repostar, mantenimiento y atención a las tripulaciones que van hacia las zonas en conflicto o regresan de las zonas de conflicto.

Más nos vale además que se mantengan operativas las bases en España, que tomamos siempre por americanas, pero que, según el acuerdo firmado en los años cincuenta por los Gobiernos de Estados Unidos y España, son españolas de utilización conjunta. Y más nos vale porque Marruecos está atento a lo que sucede con Morón y Rota. Nada le gustaría más al rey Mohamed VI, o quien le suceda, que ofrecer a Estados Unidos bases en su territorio. Ya nos hace un buen avío a los españoles con la construcción del superpuerto de Tánger, Tanger-Med, que colocará en una situación complicada a los puertos españoles, sobre todo al de Algeciras. Marruecos, si seguimos dando en la crisma a Estados Unidos, se puede convertir en el país que controle el Estrecho y, por tanto, controle el tráfico aéreo y naval en el Mediterráneo.

Afortunadamente, contamos en España con unos ejércitos excepcionales, unos profesionales capaces, con experiencia en misiones en el extranjero y formación técnica de máximo nivel. Están en condiciones de corregir los errores de un Sánchez que se mueve entre el electoralismo y la demagogia. Cosa distinta es que el presidente admita sugerencias de jefes militares.

La situación que se vive en Oriente Medio es seria y nos afecta directamente. Media docena de dirigentes europeos se muestran muy activos mientras aquí, con el «No a la guerra», nos quedamos tan anchos.

P.S.: Estos días han fallecido dos grandísimos periodistas, Fernando Ónega y Raúl del Pozo, compañeros y amigos excepcionales de casi todos los que vivimos aquellos años apasionantes de la Transición. Reconforta el homenaje sincero, sentido, que han recibido. Más todavía cuando el Gobierno actual y sus socios pretenden ningunear aquel cambio de una dictadura a una democracia que fue una heroicidad.

Los dos se han ido casi al mismo tiempo, y desde trayectorias y experiencias muy distintas, demostraron valientemente su compromiso con los españoles y ejercieron el periodismo como debe ejercerse: con rigor y responsabilidad máxima. Descansen en paz.

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