La permanente subida de precios
«Ése será el triste legado económico de Sánchez: las revisiones hacia arriba del PIB con la metodología Calviño, confesada por ella en sus memorias, no pagan facturas»

Ilustración generada mediante IA.
La subida de precios sigue empobreciendo a la población, especialmente a la clase media. Así, aunque la inflación en febrero, según el indicador adelantado, se sitúe, según el IPC, en el 2,3% interanual, al igual que en enero, los datos muestran una resistencia a la baja de la inflación estructural, ya que la subyacente repunta una décima, hasta el 2,7%, que refleja que la inflación sigue subiendo. Además, mensualmente vuelve a acelerarse, al subir un 0,4% intermensual tanto el índice general como la subyacente.
Hay, por tanto, un mantenimiento de la tendencia alcista, que se acelera en términos intermensuales y, sobre todo, en su parte más estructural, con un IPC armonizado con la UE del 2,5% interanual en febrero, una décima más que en enero, que lleva a que la evolución de los precios en España esté medio punto por encima del objetivo de precios del BCE.
Lo grave, además, es que estos ritmos de crecimiento de inflación se producen sobre niveles de precios muy elevados alcanzados en los meses anteriores, con lo que sigue mermando el poder adquisitivo de los agentes económicos. La acumulación del deterioro de dicho poder adquisitivo es intensa y los agentes económicos han ido gastando sus ahorros y ajustando su cesta de la compra. Es cierto que la rebaja de tipos puede dejarles algo de renta disponible si tienen financiación a tipo variable y se la revisan, pero esa mayor laxitud en tipos puede traducirse en un repunte mayor de la inflación, que es preocupante.
Todo ello hace que, desde que gobierna Sánchez, la inflación haya subido un 23,53%, mientras que la subyacente, durante su mandato, lo haya hecho un 24,02%.

Además, la preocupante evolución del crecimiento económico, basado en el gasto público (que ha expulsado a la inversión en gran parte), ha tensado los precios al alza durante mucho tiempo, con riesgo de rebrote inflacionista por los acuerdos arancelarios, que, aunque se haya llegado a un pacto, no deja de ser un elemento que subirá los precios. Además, dichos acuerdos arancelarios con EEUU no terminan de estar claros nunca, con muchos sectores que pueden verse muy penalizados, como ahora con el asunto de Groenlandia y la nueva amenaza arancelaria.
Por otra parte, la guerra de Irán puede hacer subir los precios si se bloquea el Estrecho de Ormuz, y ello influye en la distribución de petróleo y en un estrangulamiento de la oferta, que empujaría a la subida del resto de costes, que podría hacer subir los precios en un contexto de todavía elevada liquidez en los mercados, que no frenaría, más bien empujaría, a los precios.
«Somos más pobres, con una clase media cada vez más empobrecida, con toda una generación que, por primera vez en décadas, va a vivir peor que sus padres».
Somos más pobres, con una clase media cada vez más empobrecida, con toda una generación que, por primera vez en décadas, va a vivir peor que sus padres. Ese será el triste legado económico de Sánchez: las revisiones hacia arriba del PIB con la metodología de Calviño, confesada por ella en sus memorias, no pagan facturas; la economía real de los ciudadanos ve cómo cada vez puede afrontar sus gastos con menor amplitud, porque su poder de compra ha caído, porque se han empobrecido, y eso no hay nadie que pueda esconderlo; simplemente, basta con observar la vida cotidiana de los ciudadanos en el supermercado, donde es más palpable.
Carestía de la cesta de la compra, impuestos confiscatorios y cotizaciones asfixiantes empobrecen a una clase media que, a este paso, se irá alejando cada vez más de los estándares de nivel de vida que caracterizan a dicha clase media, cosa que sería, de confirmarse, letal para la propia evolución económica española, pues una economía necesita de una potente y próspera clase media para crecer de manera sana y equilibrada, pero la política económica de este Gobierno —y a Dios gracias que no tiene las competencias en política monetaria— intensifica ese empobrecimiento con el desbordante gasto público, los impuestos y las cotizaciones, antes mencionados. Están estrangulando a la economía y a los ciudadanos. El efecto estructural sobre la economía de la política económica bajo el sanchismo, aunque ahora no se perciba, es letal, porque se mantiene a base de subsidios, de expulsar talento, de atraer mano de obra de bajo valor añadido y del impulso del gasto público, que merman las posibilidades de que la economía crezca por sí misma y sea sostenible, no sostenida, como es ahora.