Desgobierno de España
«Qué mal está la izquierda que empieza a ser tan inútil que, ella misma, se boicotea sus propias acciones de propaganda. Su ‘no a la guerra’ queda en puro postureo»

Ilustración generada con IA.
Un atributo de la extrema izquierda gobernante internacional es la constante ortodoxia política. Muy formal con el poder que emana del pueblo. Una rigidez extrema como la que representan la asamblea del Partido Comunista Chino o las reuniones de cualquier politburó. Nada que ver con la extrema izquierda española actual, un grupo de chiquillos malcriados que se encierran en el cuarto de juegos para no entrar al aula a hacer lo que les corresponde. Y los malcriados llaman la atención por querer reivindicarse como lo que no son.
Pablo Iglesias hizo soñar a la extrema izquierda con la frase «el cielo no se toma por consenso, sino por asalto». Pensó que era posible el sorpasso al PSOE cuando consiguió superar la barrera del 21%, con la marca Unidas Podemos, logrando 71 escaños en el Congreso de los Diputados. Traicionó su discurso porque, por sus desesperadas ganas de cambiar la calle por la moqueta, pactó el Gobierno con Pedro Sánchez en vez de asaltar el poder. Qué dura es la realidad de los outsiders. Ser establishment —poder— con Pedro Sánchez los destrozó.
Hizo ministros a sus mediocres leales porque, poco a poco, había ido apartando fuera del partido a los mejores que empezaron con él. ¿El cáncer de los neopartidos? Pablo Iglesias, para ayudar más al fracaso, nombró como su sucesora y líder en el desgobierno de Sánchez a Yolanda Díaz. Ese virus «policoco aniquilensis» que todo lo que toca, si no lo hunde, lo desaparece. En las últimas elecciones, su representación es la nada. Y eso pone muy nervioso.
El Gobierno se hace presente en el Consejo de Ministros. Si hubiera Gobierno real, el Consejo de Ministros sería un órgano colegiado del Poder Ejecutivo. El momento político donde el presidente se reúne con los ministros para deliberar y tomar decisiones de manera conjunta sobre la conducción del Estado. Su función central sería la coordinación de la acción del Gobierno, definición de prioridades y análisis de lineamientos de política pública, asegurando que se correspondan con los proyectos políticos de los participantes. El Consejo de Ministros asegura la unidad y dirección política, mientras que los ministerios aportan, presuntamente, la capacidad operativa y técnica para implementar las decisiones y mantener el funcionamiento del Estado.
Lo sucedido el viernes antes del Consejo de Ministros demuestra que Pedro Sánchez es el presidente del desgobierno de España. Una especie de asamblea que le permite tener un cargo al que está aferrado porque le da derecho a residencia en palacio, uso de avión y otros privilegios del Estado, con capacidad para la instrumentalización de la fiscalía, la abogacía del Estado y cuanto poder haya podido fagocitar para defender la corrupción de los suyos.
«La extrema izquierda española actual, un grupo de chiquillos malcriados que se encierran en el cuarto de juegos para no entrar al aula a hacer lo que les corresponde»
Qué mal está la izquierda que empieza a ser tan inútil que, ella misma, se boicotea sus propias acciones de propaganda. Su ‘no a la guerra‘ queda en puro postureo. Demagogia de unos y de otros. La extrema izquierda demuestra nerviosismo y torpeza al escoger para reivindicarse el Consejo de Ministros extraordinario que tomaba las medidas con las que paliar los daños que sufre el ciudadano por la guerra. Si hubieran exigido medidas más contundentes contra la guerra, tendría sentido. O no. Pero exigir mezclar la guerra con la prórroga de los alquileres deja a todos en mal lugar.
La reivindicación como extrema izquierda llega tarde y mal. Tarde, porque la hacen cuando han perdido casi todos sus votos. El PSOE de Sánchez se los ha robado. La extrema izquierda perdió su espacio político cuando, en vez de imponer su ideología, escogieron ser ministros, pisar moqueta o irse a los Óscar para aprovechar el cargo hasta el ridículo. El invento de Sumar se ha convertido en desaparecer. Y mal por utilizar el momento inoportuno. Cuando eres poder, no hay matices. Ser o no ser. Y la extrema izquierda decidió no ser por el poder. Y lo que no es, no tiene votos.
La única salida que les quedaba a los ministros díscolos era la renuncia. Pero por el cargo claudicaron. Y Pedro Sánchez, tras el plante de los ministros, lo que tenía que haber hecho era una crisis de Gobierno desalojando al grupo de chiquillos malcriados. Qué final más penoso. Todos optaron por la peor decisión, dejando un terrible escenario político para la izquierda.
En las elecciones, Sumar no existe. Se Acabó La Fiesta dobla a Podemos. Y Pedro Sánchez continúa con su racha de derrotas. Y esta vez sin ninguna capacidad de sumar un nuevo desastre parlamentario que le permita gobernar. Quizás decidan hacer algo —que no sea el ridículo— después del batacazo que espera a las izquierdas en Andalucía.