The Objective
Ricardo Dudda

Almodóvar sigue molando, pero tú ya no

«’Amarga Navidad’ es una película sobre la vanidad, la resignación, el luto, la creatividad, las diferencias de clase. Tiene la elegancia y melancolía del fin de ciclo»

Al mismo tiempo
Almodóvar sigue molando, pero tú ya no

Imagen generada por IA.

Cada vez que se estrena una nueva película de Pedro Almodóvar, salen las mismas voces: ¡su mejor película ya pasó! ¡No me ha gustado nada suyo desde Todo sobre mi madre, o ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (o, si nos ponemos, desde Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón)! Parece una actitud purista, de fans acérrimos, pero es nostálgica y, sobre todo, una proyección personal: no echan de menos al Almodóvar de antes, sino que se echan de menos a sí mismos cuando veían las películas del Almodóvar de antes.

Almodóvar sigue molando, pero tú ya no. No pasa nada. Les ocurre a los mejores. Todos solemos pensar que la civilización alcanzó su cénit cultural y estético en algún momento del pasado; suele coincidir con nuestra juventud, con el año en que perdimos la virginidad o nos enamoramos o nos casamos o el Atleti ganó la Liga tras 20 años de sequía. Pasa mucho con la música. Llega un determinado año en el que a uno se le congela la curiosidad y planta una estaca en el suelo y dice «¡Hasta aquí!»: a partir de ese momento, todo lo bueno queda en el pasado. Es una actitud muy extendida y a la vez un poco triste.

Luego están quienes son incapaces de separar el cine de Almodóvar de su activismo o declaraciones políticas, pero no merece la pena entrar en eso. Algunos de los que defienden que hay que separar al actor de su obra piensan que esa distinción solo sirve para justificar a los autores que les gustan o con los que están alineados ideológicamente.

El cine de Almodóvar lleva unos años en una fase crepuscular (Dolor y gloria, La habitación de al lado, la recién estrenada Amarga Navidad). Ya no hay travestis o monjas metiéndose heroína, sino artistas burgueses rememorando el pasado y reflexionando sobre la creatividad. Es una evolución bonita y comprensible. No es, además, un proceso tan autocomplaciente como le critican. Es verdad que los actores que elige para interpretar al director son siempre guapísimos (Antonio Banderas, Leonardo Sbaraglia) y viven en casas preciosas. Es verdad que se ha aburguesado y que ya no tiene los pies en la tierra, aunque a Almodóvar nunca le interesó el naturalismo o el realismo (hay que dejar de exigirle verosimilitud a sus diálogos o a sus escenarios, a Almodóvar le gusta la sobreactuación y le gusta el espectáculo). Pero en esta última etapa hay una melancolía y una autocrítica muy interesantes.

Sigue siendo a veces excesivo y camp, pero está más contenido. La recién estrenada Amarga Navidad es una de sus películas menos manieristas y más relajadas y libres. Es una película menor porque es una película, en el fondo, sin muchas ambiciones. A veces se atasca en sí misma y queda claro que a Almodóvar no le interesan tanto sus personajes como él mismo, o el trasunto de él mismo que interpreta Sbaraglia. Pero no es lo mismo que tú o yo seamos narcisistas, que lo sea un autor de su talla.

«La idea de la autoficción no es nueva, ni la de la canibalización de la vida privada de los demás para la creación artística»

Amarga Navidad cuenta la historia de un director de cine que rompe su sequía creativa (confiesa que es incapaz de vivir sin rodar y lleva cinco años sufriendo por no poder hacerlo) y escribe un guion sobre una directora de cine de culto a la que, tras años dedicada a la publicidad, le vuelve la inspiración. Ambos personajes roban de la realidad y la usan a su gusto, con el efecto que tiene eso en los demás: el drama surge cuando las personas a su alrededor se niegan a ser protagonistas en los guiones de ambos directores.

La idea de la autoficción no es nueva, ni la de la canibalización de la vida privada de los demás para la creación artística (ahí están las polémicas de Carrère o Knausgard o Roth con sus mujeres o familiares). También creo que el concepto autoficción se usa demasiado a la ligera: a veces parece un sinónimo de «obra de arte que trata sobre la creación de esa obra de arte», o simplemente narrativa confesional. Pero toda ficción es, de alguna manera, autoficción.

Amarga Navidad va sobre la creación de Amarga Navidad, pero en el fondo da un poco igual. Es una película sobre la vanidad, la resignación, el luto, la creatividad, las diferencias de clase. Tiene la elegancia y el melodrama contenido de sus últimas películas, y la melancolía del fin de ciclo. Se me ocurren muchas peores maneras de ir despidiéndose, aunque espero que sea una despedida a la española, de las que se alargan mucho.

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