The Objective
Francisco Sierra

‘Make Sánchez great again’

«Lástima que la gorra de Sánchez se quede también en mentira. España, bajo su gobierno, apenas invierte un 1,5% en investigación y desarrollo (I+D)»

Opinión
‘Make Sánchez great again’

Ilustración generada mediante IA.

No ceja nuestro presidente en pasar a la historia de la política española de la democracia. De momento, ya ha conseguido el triste récord de ser el único político de una democracia occidental que lleva tres años gobernando sin Presupuestos Generales. Ahora intenta, con todo tipo de tácticas y estrategias, acabar la legislatura sin cumplir el mandato constitucional de al menos presentar cada año, antes del 1 de octubre, un proyecto serio, razonado y que pueda ser negociado o votado en nuestras Cortes Generales, como indica la Carta Magna.

Es de sobra conocida su inquietud por saber cómo pasará a la Historia, cómo será recordado cuando pasen los años y se eche la mirada atrás sobre sus años de gobierno. Así se lo expresó, en sus primeros días en la Moncloa, al que fuera, por días, ministro de Cultura, Máximo Huerta, cuando este dimitió en un acto de responsabilidad extrema por algo que, visto lo visto después con los Ábalos, Koldo y Cerdán, puede provocar sonrojo que Sánchez se lo aceptara. Cuenta el protagonista que en su visita de despedida al presidente, este solo estaba interesado en hablar sobre cómo hablaría la Historia de él. Años más tarde, el propio Sánchez perfilaba ya esa imagen y declaraba que pasaría a la Historia por haber sacado a Franco del Valle de los Caídos.

Eran años en los que la propaganda del gobierno emitía por tierra, mar y aire, la imagen de un Sánchez luchador antifranquista, del hombre que había derrotado a Franco, aunque el dictador hubiera muerto hace medio siglo en su cama. Una imagen que perfilaba ya la asimilación del concepto de Frente Popular que luego interiorizó Sánchez y que le ha permitido zamparse electoralmente todo lo que había a su izquierda, incluidas ideas y manifiestos. El presidente que defendió la creación de un muro contra media España, a la que despreciaba e ignoraba en beneficio no de los suyos, que es lo paradójico, sino de sus socios nacionalistas e independentistas. Vox y PP, jueces y medios libres, todo es fachoesfera para Sánchez en esa media España a la hora de crear una imagen de enfrentamiento que le permita presentarse como el «único líder demócrata y progresista». Lejos de ello, lo que ha pasado es que en estos años ha pagado todo lo inimaginable a ERC, Bildu, Junts o PNV para que le mantuvieran en el poder. Esos partidos que le venían bien por sus votos y de paso para su película «años treinta» que le permite crear una memoria histórica muy maquillada. Esos partidos que pone en valor son los que en Cataluña dieron dos golpes de Estado contra la Segunda República o que en el caso del PNV estuvo dispuesto a pactar con Hitler en busca de la independencia vasca. 

En ese salami de contradicciones, Sánchez ha conseguido sobrevivir 8 años en la Moncloa. Necesitaba, sin embargo, un nuevo guion y lo ha buscado en el escenario internacional. Primero su enfrentamiento con Israel por la guerra de Gaza, luego su acercamiento a China, separándose de la postura común de la UE, acabaron en un salto cualitativo con su oposición a Donald Trump y a su exigencia a todos los países de la OTAN de incrementar en un 5% los gastos en defensa y seguridad. 

Con la guerra a Irán y su oposición a que Estados Unidos usara las bases españolas, Sánchez encontró lo que buscaba. Un Trump que entraba a todos los trapos y convertía el duelo en ruido a nivel global. Tanto ruido que hasta el régimen de los ayatolás de Irán le daba las gracias a Sánchez. Esa política la ha transformado a nivel nacional en una nueva bandera que recupera el «No a la guerra» de los años de Irak para generar un nuevo guion con el que enganchar a su posible electorado de izquierdas.

«No ha conseguido siquiera presentar un proyecto escrito en forma de ley y de cuentas de dineros de su proyecto político para ser votado en las Cortes»

Sánchez lleva años sin Presupuestos Generales, sin mayoría estable para gobernar, e incluso con un gobierno en el que una parte de sus ministros son capaces de hacerle un plantón chantajista antes de entrar en la misma Sala del Consejo de Ministros. En estos años, Sánchez ha reventado el concepto de legislatura. No ha conseguido siquiera presentar un proyecto escrito en forma de ley y de cuentas de dineros de su proyecto político para ser votado en las Cortes. Una de sus últimas justificaciones (de las que pasarán a la historia de la miseria política) es que no podían preparar el proyecto, que tenían que haber presentado en septiembre, porque estaban ocupados preparando un decreto (tres semanas tarde respecto al resto de países de la UE) de ayudas fiscales para hacer frente a la subida de los precios energéticos por la guerra.

Lo decía en marzo, seis meses después de la fecha límite para presentarlos. Presentado el decreto, seguimos sin proyecto de Presupuestos. Bueno, incluso ya sin ministra de Hacienda, que ha sido mandada al harakiri político en Andalucía. Ucrania, un país en guerra, ha presentado y aprobado sus presupuestos pese a la invasión rusa. Los otros 26 países de la UE presentaron y aprobaron presupuestos a finales del año pasado. España lleva tres años sin presupuestos pese a que la guerra en Irán empezó hace un mes. 

Sánchez se ha tatuado en todas sus intervenciones el «No a la guerra». Le da igual la audiencia y el lugar. Es su nuevo y único guion. Y con nuevos formatos. Instagram y TikTok se han convertido en sus nuevas prioridades. No tiene tiempo para trabajar en preparar y negociar los Presupuestos Generales, pero sí para su guerra particular. La guerra mediática contra Donald Trump. Cada vez que el contradictorio, caprichoso y peligroso presidente de Estados Unidos habla de Sánchez, este cree que sube electoralmente. Por eso ahora juega a provocarle con declaraciones públicas directas contra Trump. 

La última ocurrencia del equipo de guionistas de la Moncloa ha sido la del vídeo del presi haciendo bici de montaña. Sánchez aparece con una gorra que lleva escrito «Make Science Great Again» (Hagamos a la ciencia grande otra vez), en una clara parodia al lema principal de toda la política de Donald Trump de «Make America Great Again». Y Sánchez diciendo en el vídeo un «Vamos a darle caña» que bien podía servir para la bicicleta y también para Trump.

Lástima que la gorra de Sánchez se quede también en mentira. España, bajo su gobierno, apenas invierte un 1,5% en investigación y desarrollo (I+D). Como publicaba THE OBJECTIVE, Estados Unidos dobla en inversión, un 3% a nuestro país. Lo mismo ocurre con la mayoría de los países de nuestro entorno como Suecia, Alemania o Francia. Los países de la OCDE destinan en torno al 2,7% del PIB a I+D, lo que sitúa a España claramente por debajo de la media. 

España desgraciadamente nunca ha tenido entre sus prioridades hacer más grande a la ciencia. Este Gobierno tampoco. La gorra de Sánchez solo busca un efecto viral para que, tanto aquí como fuera, se haga «más grande a Sánchez otra vez». Para ello vale una gorra o vale cerrar el espacio aéreo español a los aviones norteamericanos que vayan a la guerra. El efecto es mínimo, pero el esfuerzo en publicitarlo y enfurecer a Estados Unidos es máximo. Otros países aliados gestionan también sus bases. Pero sin trompetas ni gorras como le gusta a Sánchez, «el grande».

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