The Objective
Sonia Sierra

Mujeres de tetas gordas

«Resulta increíble que haya personas que se autodefinen como feministas reivindicando el hiyab e incluso el burka como producto de una libre elección»

Opinión
Mujeres de tetas gordas

Ilustración generada mediante IA.

Estos días de olor a torrijas, viendo Niños de plomo rescaté del recuerdo imágenes de mi infancia rodeada de mujeres —mi abuela, mis tías…— de pechos enormes y robustos. Jola, la protagonista que mantiene una lucha titánica para salvar a niños pobres del envenenamiento por plomo, avanza decidida por las calles polvorientas como si sus enormes senos fueran un escudo protector contra el corrupto Gobierno comunista de la Polonia de 1974. A pesar del intento de silenciamiento por parte del poder, logró evacuar a los niños salvándoles así la vida, ayudada de otras mujeres que también tenían unas contundentes pecheras, porque a las señoras de tetas gordas unidas no las para nadie.

No había vuelto a ver unas figuras así desde que era adolescente —imagino que porque ya no se llevan ese tipo de trajes que se confeccionaban en la modista o se compraban en El Corte Inglés— y al contemplarla fascinada en la pantalla no podía evitar pensar en esta sociedad tan líquida y tan carente de todo lo sólido como lo eran esos bustos orondos en los que podías guarecerte cuanto te sentías mal o recalar en busca de la calma que te ofrecían cuando acudías llorosa por cualquier berrinche infantil, mientras seguían preparando el ajoblanco con el mortero o pelando patatas para sus deliciosas tortillas.

Estas mujeres criadas durante dictaduras —unas, en la franquista y otras, en la comunista— emprendieron calladamente pequeñas revoluciones que pavimentaron la consecución de la libertad posterior. Permitieron, por ejemplo, que empezaran a subir hacia arriba los centímetros de tela de sus faldas y por eso resulta tan desolador que nos estemos dejando arrebatar esos logros. En Francia, por ejemplo, se han popularizado las llamadas «camisas de metro», que consiste en que las mujeres llevan prendas holgadas en el bolso y se las ponen antes de entrar en el transporte público para evitar las palabras soeces y los tocamientos.

Y no se trata solo de eso: en París, más allá de las zonas puramente turísticas, es difícil para una mujer ir ligera de ropa y lo mismo sucede en lugares como Marsella o Lyon, donde en la manifestación en la que los «Antifa» asesinaron a un chico, las feministas de Némesis llevaban una pancarta reivindicando poder usar la minifalda. Desde el siglo XVIII, Francia está considerado el país de la libertad, el lugar donde la luz del conocimiento racional lo ilumina todo y ahora, sus mujeres tienen que luchar para poder vestir como les dé la gana. Es obvio que solo es cuestión de tiempo que esto suceda también en España porque ya está pasando también en otros países como Bélgica.

Es por eso, entre otras razones, que debemos prohibir el velo islámico porque este, en todas y cada una de sus modalidades, implica separar a las mujeres puras de las impuras y si tú no te tapas estás señalándote a ti misma como persona susceptible de ser agredida sexualmente. Y es que no se trata tan solo de un inocente velo que cubre el cabello, sino de ocultar de arriba abajo el cuerpo de la mujer con ropa amplia que no deje adivinar sus curvas, especialmente los pechos. Resulta absolutamente increíble que haya personas que se autodefinen como feministas reivindicando el hiyab e incluso el burka como producto de una libre elección.

«En 2025 en Cataluña, según datos de Interior, se registró un aumento del 3,9% interanual de los delitos contra la libertad sexual»

Y no es que lo diga yo, es que ya lo dijo la gran Nawal al Saadawi: «No se puede ser feminista y aprobar el uso del velo». En las últimas semanas hemos podido leer y escuchar auténticas barbaridades como las de Amnistía Internacional diciendo que prohibir el burka atenta… ¡contra los derechos humanos! Las cárceles de tela donde los seres más misóginos del planeta encierran a las mujeres considerarlas un derecho humano es de no dar crédito, porque resulta evidente que la imposición de esa ignominia va en contra de dicha Declaración.

Eso por no hablar de las comparaciones majaderas de los políticos igualando los velos islámicos a las mantillas, los trajes de nazarenos o a los de las falleras, por mucho que estas sean unas vestimentas que se usan unos pocos días al año, de forma voluntaria y que en ningún país del mundo te obliguen a llevarlas. Y es que el caso no es que haya mujeres que se los ponen porque quieren: el problema es el de muchas de ellas que quieren quitárselos y no las dejan. Por no hablar de las pobres niñas, que ya me dirán qué criatura escoge llevar algo así.

Aunque aquí no hemos llegado todavía a los extremos de Francia o Bélgica en cuanto a la libertad de vestimenta de las mujeres, ya tenemos una señal más que preocupante y es el terrible aumento de las agresiones sexuales, sobre todo en Cataluña donde, según los datos del Ministerio del Interior, en 2025 se registró un aumento del 3,9% interanual de los delitos contra la libertad sexual con respecto al año anterior, pero es que si comparamos con 2016 el aumento es de un 13,5%. Peores datos encontramos en las violaciones con penetración: en 2016 se cometieron 336 y el año pasado, 1.743, es decir, un escalofriante aumento del 434%.

La mayoría de estos delitos se cometen en la provincia de Barcelona donde desde 2015 existen concejalías de feminismos, a las que hay que sumar la consejería del mismo nombre y el Ministerio de Igualdad. ¿De qué sirven estos carísimos organismos si las mujeres estamos cada vez más desprotegidas? En mi Rubí natal, por ejemplo, la ciudad obrera en la que crecí rodeada de esas maravillosas mujeres de generosos pechos, el número de violaciones ha aumentado en 1.600%. Cuando yo era adolescente, salíamos los fines de semana por la noche y no regresábamos a casa hasta bien entrada la madrugada con total tranquilidad, así que se pueden imaginar la rabia que me da que las chicas no puedan disfrutar de la libertad que yo viví y maldigo 1.600 veces a los que nos han llevado a esta situación.

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