Impunidad Gómez Fernández
«Me parece un disparate la ley del jurado, pero uno no puede evitar que en casos como este los progresistas degusten su medicina y esto proporcione un cierto gustito»

Ilustración creada con inteligencia artificial.
La hija de Sabiniano Gómez Serrano, que tuvo como uno de sus oficios principales el de proxeneta (según estricta definición del DRAE: «Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona»), fue bautizada —o inscrita en el registro— con el nombre de María Begoña Gómez Fernández, aunque su verdadero nombre es Impunidad.
Begoña se ha hecho representar por su abogado, una luminaria que llegó a ministro del Interior y que ha pedido el sobreseimiento del caso. Ella no apareció en los juzgados. Tampoco lo hicieron sus dos coimputados: su asesora, Cristina Álvarez, y el empresario Juan Carlos Barrabés. Ella se había marchado de víspera en un Falcon con el yerno de papá para pasar las vacaciones de Semana Santa en el coto de Doñana, lugar de vacaciones de casi todos los presidentes que en España han sido.
Ya lo había hecho antes. Citada por el juez el 27 de septiembre de 2025, no compareció con el argumento de que no era necesaria su presencia física. Cuánto más eximente era la razón para plantar al juez esta Semana Santa: «Es que estaba de viaje, señoría». En su primera citación sí compareció, aunque no quiso responder a las preguntas del juez, solo a las de su abogado. Esto es lo que la catedrática y su marido, el doctor, llaman colaborar con la justicia.
El propósito del juez era informar a los imputados de que su intención era hacerles comparecer ante un juicio con jurado, algo que no acaba de complacer a la familia presidencial, al abogado Camacho, a la Fiscalía ni al PSOE en general. El argumento es que se quiere juzgar a Bego «Pillafondos» por ser la esposa del presidente del Gobierno y que hacerla comparecer ante un jurado va a suponer «un juicio paralelo que cercena su derecho a un juez imparcial».
¿Recuerdan ustedes la creación del jurado popular por un Gobierno de Felipe González en el que era ministro de Justicia Juan Alberto Belloch? Era el último grito del progresismo en materia judicial: poner la justicia en manos del pueblo, un símbolo de la democracia participativa, la Lecrim en pasta, vamos. Y ahora resulta que no les gusta.
No hace falta que se lo cuenten a uno, que ya vio las costuras a la institución en casos tan famosos como el asesinato de los ertzainas Iñaki Mendiluze y José Luis González por Mikel Otegi a tiros de escopeta. El asesino confeso fue absuelto por un jurado guipuzcoano el 10 de diciembre de 1995 y el TSJ del País Vasco anuló el veredicto y obligó a repetir el juicio ante la Audiencia Nacional, que lo condenó a 34 años por el doble asesinato.
Otra pifia relevante de la flamante institución fue la condena de Dolores Vázquez en 1999 por el asesinato de Rocío Wanninkhof en un juicio de la Audiencia de Málaga, posteriormente anulado por el TSJ de Andalucía al descubrirse al verdadero asesino, Tony Alexander King. Nadie ha pedido perdón ni ha indemnizado a Dolores Vázquez por la injusticia de la que fue víctima.
¿Quiere esto decir que el socialismo español ha reculado sobre el jurado popular? En absoluto: solo significa que no les viene bien que Begoña comparezca ante hombres y mujeres más o menos justos.
Creo, sin embargo, que Pedro Sánchez no ha estado a la altura de otras ocasiones. Bastaría con repetir para el nombramiento de los miembros del jurado la misma estrategia que siguió en enero de 2023, al grabarse jugando a la petanca en el municipio de Coslada, a su regreso del Foro de Davos, con un grupo de hombres de la tercera edad que en el vídeo del PSOE se pretendían jubilados anónimos, pero que en realidad eran militantes socialistas de Coslada, concejales y exconcejales del municipio y el propio alcalde socialista de la localidad.
Un mes más tarde, Moncloa pidió cerrar la biblioteca municipal de Fuenlabrada para que el presi promocionara su política de becas ante unos estudiantes que, vaya casualidad, eran militantes del partido.
Insisto en que siempre me pareció un disparate la ley del jurado, pero uno no puede evitar que en casos como este —y como en el asunto Errejón— los progresistas degusten su propia medicina y esto proporcione un cierto gustito.
Bego, la insumisa, ya había hecho mangas y capirotes de la petición del juez de que le entregara el pasaporte.
Begoña, etimológicamente «pie quieto» en euskera, en alusión a la leyenda según la cual la Virgen no quiso moverse del lugar en el que quería que le levantaran su basílica. Confieso que a uno le gusta más «Impunidad», en recuerdo de la mujer de Pijus Magníficus en La vida de Brian. Ella se llamaba Incontinencia. Incontinencia Suma.