The Objective
Santi González

Garrido y Bustinduy, el paradigma

«Ambos son paradigmas irreprochables del sanchismo en un vicio de comportamiento irrenunciable para todo socialista que se precie de tal»

Opinión
Garrido y Bustinduy, el paradigma

Ilustración generada mediante IA.

A Chema Garrido, director de El Plural, no le cabe en la cabeza que algunos medios hablen más del doble de Ábalos y Koldo que de lo que a él le parece la mayor trama de corrupción en democracia, que sería el caso Kitchen. Garrido es un tipo muy notable, lo miremos por donde lo miremos: por sus colaboraciones lo conoceréis. Es tertuliano en Mañaneros 360, Malas Lenguas, Directo al grano y El Tablero. O sea, cómplice de Javier Ruiz, Jesús Cintora, Marta Flich y Gonzalo Werther Miró, así como de Pablo Iglesias. Además, fue coautor de un artículo en el que se imputaba al juez que investiga a la mujer del presidente del Gobierno la posesión de dos documentos nacionales de identidad, e incluso especificaba qué propiedades había comprado con cada uno de los dos.

También fue el propagador de un bulo según el cual Juan Vicente Bonilla, capitán de la UCO, conspiraba con un empresario para poner una bomba lapa al presidente del Gobierno. El sentido de la conversación era el contrario: un sarcasmo que aventuraba la posibilidad de que el Gobierno les pusiera una bomba lapa a ellos. El bulo fue recogido y aventado por Silvia Intxaurrondo y a partir de ahí lo divulgaron con entusiasmo la vicepresidenta Montero y los ministros Óscar López y Pilar Alegría. Fue THE OBJECTIVE el que publicó la conversación íntegra del capitán Bonilla, donde quedaba claro el sentido de la cosa. La Sexta reconoció, por un tuit de Rodrigo Blázquez, director de Informativos, que no habían estado finos en cuanto a comprensión lectora al hacerse eco de aquello, pero El Plural no hizo otro tanto.

Hay mala fe, por supuesto, pero sobre todo una incompetencia intelectual pasmosa. No hay probablemente en España otro tipo, además de los citados, que crea posible que un mismo sujeto tenga dos carnés de identidad diferentes. No se le ocurrió que tal vez la explicación más sencilla descansara en el hecho de que haya otro ciudadano español cuyo nombre y apellidos coincidan con los del juez Peinado. 

Cuando Garrido escribió esta estupidez, dirigía El Plural Angélica Rubio, jefa de prensa de Zapatero durante su primera legislatura y persona enchufada en el Consejo de Administración de RTVE en un pleno del Congreso que el PSOE no quiso suspender para asaltar el ente público y hacerse con su control.

Tiene más biografía; añadamos solo un dato: en 2010 fue condenado por la Audiencia de Jaén y el Tribunal Supremo por vulnerar el honor de las víctimas del terrorismo mediante la publicación de un bulo. Garrido escribió que Francisco José Alcaraz cobraba 6.000 euros mensuales por presidir la AVT y su mujer otros 3.000. El vomitorio firmado por él ya predisponía desde el título: Escabroso pasado y polémico presente del presidente de la AVT, un profesional de la crispación.

Hablaré por experiencia propia: la semana pasada recibí un correo apremiante de una empresa dedicada al cobro de morosos, notificándome que tengo una deuda con Telefónica de 1.601 euros y me indicaban amablemente la forma de liquidar mi deuda con inmediatez o, de lo contrario, procederían por vía de apremio. El deudor era un tipo con mi nombre y apellidos, pero con domicilio en una calle del barrio de Otxarkoaga que yo nunca había pisado. Ya tenía noticia de la existencia de este sosias: cada vez que tengo que resolver un trámite en la Seguridad Social me piden el DNI para asegurarse de que soy yo en este lío de identidades que ya había tratado Plauto en Anfitrión.

Le acompaña en el despropósito Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, que considera cumplidas las responsabilidades de Pedro Sánchez por todos los casos de corrupción que afectan a su Gobierno, a su partido y a su familia. Dijo el chico de Ángeles Amador en rueda de prensa y a preguntas de los periodistas que el presidente del Gobierno «ha asumido ya sus responsabilidades políticas por el caso Koldo y ha considerado ‘evidente’ que el PSOE ha pagado ‘un alto coste político’ por ello». No se hacen ustedes a la idea del sinsabor que supone para un líder el hecho de no poder pisar la calle sin que la chusma lo abuchee y le llame hijo de fruta o, tal como sugiere Juan Carlos Aparicio, probablemente el mejor ministro de Trabajo que ha tenido la democracia española, «hijo de dentista colegiada».

Me perdonará el lector la extensa biografía que le expongo de estos dos sujetos, pero es que ambos son paradigmas irreprochables del sanchismo en un vicio de comportamiento irrenunciable para todo socialista que se precie de tal: la diferencia entre el caso Kitchen y el caso mascarillas que Garrido no sabe apreciar es que los socialistas han hecho especialidad de pasar la misma factura al cobro dos o más veces. La depuración de responsabilidades por el caso Kitchen se hizo mediante el desalojo del PP del ejercicio del Gobierno en aquella lección práctica de regeneración que fue la moción de censura: basada en una sentencia con pegotes fraudulentos anulados después por el Tribunal Supremo y presentada en el Congreso por José Luis Ábalos Meco, avezado campeón en latrocinio y puterío. La Kitchen es pasado en opinión de la Justicia. Lo de Sánchez es presente y esperemos que no tenga futuro.

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