The Objective
Santi González

Una verdad incómoda

«Jaime Mayor Oreja ha sido a lo largo de su vida el analista más preciso de todo lo que ocurría ante nuestros ojos»

Opinión
Una verdad incómoda

Ilustración generada mediante IA.

Jaime Mayor Oreja acaba de publicar un libro cuyo título he tomado prestado para esta columna. Es un título de precisión admirable porque señala dos características de lo que en él se cuenta. Uno, que ha sido testigo de lo que se describe en sus 400 páginas, está en condiciones de verificar todo lo que en el libro se relata.

Esa verdad es también incómoda para casi todas las fuerzas políticas actuantes, como el propio autor. Jaime Mayor ha sido a lo largo de su vida el analista más preciso de todo lo que ocurría ante nuestros ojos… Cada vez que ha enunciado una opinión sobre la actualidad del País Vasco, el terrorismo y la actividad de ETA y del nacionalismo en su conjunto, el tiempo y los hechos le daban inevitablemente la razón.

Expondré solo dos casos a título de ejemplo. El primero es la diagnosis de la tregua-trampa: el 12 de septiembre de 1998, los partidos nacionalistas vascos y otras organizaciones de menor cuantía, en un número de 38, suscribieron, en connivencia con la banda terrorista, un acuerdo llamado Pacto de Estella o de Lizarra Garazi, que habría de traer la paz junto al compromiso político firmado por las fuerzas citadas. La cosa había tenido un precedente tres meses antes, cuando el PNV, EA y la propia ETA acordaron una propuesta de la banda en la que EA y el PNV asumían el compromiso de romper con los partidos (PP y PSOE) «que tienen como objetivo la construcción de España y la destrucción de Euskal Herria» y ETA se comprometía a declarar una tregua general e indefinida.

Mayor Oreja era entonces ministro del Interior, el mejor ministro del Interior que ha tenido España, en compañía, justo es recordarlo, de José Luis Corcuera, segundo ministro del Interior de Felipe González. Él calificó la oferta de ETA como «una tregua-trampa». Esa definición fue tomada por el resto de las fuerzas políticas, con el PNV y el PSOE a la cabeza, como un dislate que descalificaba a quien la había formulado sin necesidad de entrar en más análisis. Fue la propia ETA quien dio la razón al ministro en ‘Gara’ el 30 de abril de 2001: «ETA entiende que Mayor Oreja sí efectuó una lectura correcta al acuñar el concepto de ‘tregua-trampa’. ¡Por supuesto! ¡Era un instrumento dirigido contra los gobiernos francés y español!» y, en la misma medida, «una trampa para la estrategia de sumisión a España que habían desarrollado hasta entonces PNV y EA». Como si no: hoy la mayor parte de las fuerzas políticas vascas siguen considerando que la etiqueta tregua-trampa es una demostración de la incapacidad analítica de su autor.

El segundo reproche al entonces ministro del Interior de Aznar no se refiere tanto a algo dicho por Mayor Oreja, sino a algo que se le reprocha haber hecho. Especialmente en estos tiempos en que Fernando Grande-Marlaska (ya que hemos citado a los dos mejores ministros del Interior de nuestra historia, justo es que nombremos también al peor de ellos), ha acercado a las cárceles vascas a la hez de los terroristas presos, la peña sanchista justifica el lance con el sofisma de que «Mayor Oreja también acercó presos».

Esta es una de las falacias más tontas de las muchas que debemos al zapaterismo. Emparenta con aquel inane razonamiento que reivindicaba para Zapatero la legitimidad de negociar con ETA: «Otros también lo intentaron antes», como si un gobernante no debiera tomar nota de las experiencias, los aciertos y, especialmente, de los fracasos de quienes le precedieron. 

Es verdad que Mayor Oreja acercó presos. El Gobierno de Aznar recibió dos mandatos del Congreso de los Diputados que se lo exigió por unanimidad durante la tregua de Estella. El primero fue el 10 de noviembre de 1998, apenas dos meses después de que ETA declarara su tregua y fue por una iniciativa parlamentaria de IU, defendida por Rosa Aguilar.

Después de ese pleno, entre noviembre y diciembre, el Ministerio acercó presos, una parte significativa de los cuales cumplían condena en Canarias y Ceuta y Melilla y fueron trasladados a cárceles andaluzas. El PNV y EA presentaron otra iniciativa parlamentaria reclamando más acercamientos. El pleno tuvo lugar el 15 de junio de 1999, a instancias del PNV y EA, con el apoyo del PSOE, que opinaban que el Gobierno no se había mostrado diligente en la materia.

Finalmente, Instituciones Penitenciarias, Mayor Oreja, movió a otros 105 reclusos etarras. Esto lo hizo en septiembre de 1999. Efectivamente acercó presos. Nosotros se lo exigimos, tendrían que haber explicado.

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