'Panta rei'
«Mi nuevo libro, escrito ‘a modo de novela’, intenta profundizar en la evolución degenerativa que se ha producido en la izquierda española»

Ilustración generada mediante IA.
El añorado Umbral hizo famoso el dicho de «he venido a hablar de mi libro». Con frecuencia, los que alguna vez hemos publicado alguna obra, para justificar que hablamos de ella, nos hemos refugiado en la anécdota del genial escritor. Yo quiero hacerlo ahora en este artículo, citando el libro que acaba de salir, que he titulado Panta rei, y que el jueves presento. Me permito hacerlo porque, a pesar de haberlo escrito «a modo de novela», lo considero unido a estas páginas, al incidir sobre muchos de los temas que semana a semana he venido tratando en los dos últimos años.
Existe una razón más. Pienso que ante la situación agónica y escandalosa de la política que se ha ido acumulando en España a lo largo de todos estos años no es suficiente describirla, denunciarla o bramar frente a ella, sino intentar averiguar su origen y profundizar en la evolución degenerativa que se ha producido en la izquierda española, y es este aspecto el que parcialmente, quizás de forma somera, he pretendido analizar también a lo largo del libro.
Dicen que los que se adentran por primera vez en el mundo literario sufren lo que se llama el síndrome del principiante, el miedo a no publicar una segunda novela. Yo publiqué la primera hace 30 años con el título de Como la piel del camaleón. Me he preguntado si cuando decidí escribir la segunda, la que ahora se edita, no fue motivado por dicho síndrome. Creo que no. En este caso no tengo ninguna pretensión literaria. Lo de novela es accidental, no es el fin, sino tan solo el instrumento para hacer más digerible y atrayente lo que se pretende decir, la envoltura en la que encerrar ideas, dudas, sentimientos.
Narrar o presentar algo «a modo de novela», tal como afirmo en el prólogo, significa valerse de los recursos novelísticos —escena, personaje, diálogo, trama, suspense— para ofrecer no solo acontecimientos, historias, relatos descripciones, sino por encima de ellos experiencias vitales, emotivas y complejas, así como ideas, suposiciones, dilemas, interrogantes, controversias.
En esta ocasión, tal como indica el título, la idea central es el cambio. La evolución, por supuesto, de los personajes, pero también de la economía y de la política. En la economía, producida por la incorporación al euro y la consiguiente crisis económica y su impacto en el nacionalismo, transformándolo en independentismo golpista; y en la izquierda que, si bien en los años anteriores había sufrido ya profundos cambios, a partir de ese momento la mutación que experimenta es radical, hasta el punto de amancebarse con los que acaban de dar un golpe de Estado y con los herederos de ETA.
«Aquellos que provienen del 15-M se olvidan de que este movimiento surge en la época de ZP y de que incluían al PSOE entre la casta»
Me he dado cuenta de que existe una cierta unidad con la anterior novela. También la idea fundamental era el cambio. El título lo expresa claramente: Como la piel del camaleón. Escrita en 1994, en los últimos años del felipismo, valiéndose de un grupo de estudiantes que habían compartido piso en la postrera etapa del franquismo, narra el proceso de transformación de una izquierda que había comenzado cuestionando el sistema establecido, y terminó adaptándose a él en el más puro pragmatismo.
Aun cuando el origen no era idéntico, la evolución de la socialdemocracia fue similar en otros países europeos. Schröder, Tony Blair, la Tercera vía, etc. Los cambios ideológicos se plasmaron en las relaciones y estructuras económicas. La globalización, Maastricht, convergencia, SMI, configuración de la Unión Europea, de la Unión Monetaria, crisis del 2007, recortes y devaluación interna, etc. crean unas condiciones que dificultan, limitan (cuando no obstaculizan totalmente), la aplicación de una política de izquierdas.
La nueva novela parte de estos supuestos, se inicia en los momentos de la crisis económica y cuando, fruto de ella, en España nace una nueva izquierda que cuestiona toda la realidad política y habla de casta refiriéndose a los partidos entonces establecidos. Son los indignados del 15-M. Surgen como movimiento de protesta, al que, como tal, no había por qué pedirle ni precisiones ni soluciones. Recordemos aquella frase del mayo del 68: «Seamos realistas, pidamos lo imposible».
El problema aparece tan pronto como sucumben a la tentación de escalar el poder y además con suma urgencia, para lo que no encuentran inconveniente en juntarse con la otra izquierda, ya en total decadencia tras los gobiernos de Zapatero, y en esos momentos en manos de un aventurero sin ningún escrúpulo cuyo único fin es alcanzar la Moncloa y permanecer en ella. Aquellos que provienen del 15-M se olvidan de que este movimiento surge en la época de Zapatero y de que incluían al PSOE entre la casta. Incluso algunos de ellos no tardan en incorporarse y sentirse a gusto dentro de esa misma casta.
«Traicionan el pensamiento de izquierdas al romper la igualdad de los ciudadanos favoreciendo a las regiones ricas»
La premura en llegar al gobierno de unos y de otros los lleva a juntarse con los nacionalistas, que ya eran golpistas y con filoetarras. Traicionan así radicalmente el pensamiento de izquierdas al romper la igualdad de los ciudadanos favoreciendo a las regiones ricas en detrimento de las más desfavorecidas.
Llevados quizás todos ellos por la impericia y la falta de conocimientos de cuáles son los parámetros y las limitaciones, no solo nacionales sino internacionales, en que se mueve el sistema y para justificar su marca de izquierdas actúan como si tales restricciones no existiesen y todo fuese posible, proponiendo medidas que son más bien ocurrencias con resultados claramente contraproducentes. Por el contrario, son incapaces de plantear una política seria progresista dentro del escaso margen que la realidad actual permite. Buena prueba de ello lo constituye la materia tributaria.
La actuación fiscal, por una parte, constituye el instrumento más potente de la política redistributiva, y por lo tanto de izquierdas, pero por otra parte es la materia en la que las limitaciones de la pertenencia a la UE, con libertad de circulación de capitales y sin armonización fiscal, se hacen más presentes. El Gobierno Frankenstein no solo renunció a realizar, a pesar de estar contenida en el acuerdo de investidura, una reforma fiscal en profundidad, contentándose con ocurrencias, muchas de ellas contraproducentes, sino que ha incrementado esas limitaciones extrapolando el modelo europeo a las autonomías, e incluso se ha apuntado a trocear el sistema fiscal y la Agencia Tributaria, decisión que tendrá efectos perversos desde el punto de vista de la equidad y de lo que debe ser una política de izquierda.
Dentro del pensamiento de izquierdas ocupa un puesto relevante el papel del sector público. Pero la cuestión no radica en su volumen. Cuando se ha llevado a su extremo, con la aniquilación del sector privado, ha conducido al desastre. Lo realmente importante es su buen funcionamiento. Y es aquí donde el Frankenstein falla. Se les llena la boca hablando del sector público, y sin embargo son incapaces de gestionarlo, no les interesa o, lo que es peor, lo utilizan, lo toman como un instrumento para sus fines.
«Se proclaman de izquierdas, pero es más bien la degeneración de la izquierda»
Es curioso que todas las medidas anunciadas se hagan, indicando tan solo el número de millones que se van a utilizar y no los resultados. Buen ejemplo de ello es el tema de la vivienda y especialmente el IMV que, siendo un desastre en el que no se sabe si están los que son y son los que están, se celebra el incremento del número de beneficiarios, es decir, el aumento de los pobres.
Por otra parte, el sector público remite al Estado. Solo en un Estado democrático y de derecho puede funcionar bien un sector público y cumplir adecuadamente sus objetivos económicos y sociales. Frankenstein pasa del derecho y desprecia los procedimientos democráticos. Se proclaman de izquierdas, pero es más bien la degeneración de la izquierda. Como el banderillero de Belmonte que llegó a gobernador degenerando, degenerando. Algunos han llegado al gobierno también degenerando, degenerando. Como el Sartorio de Corneille, diremos que Roma ya no está en Roma o, más bien, la izquierda ya no está en la izquierda.
El libro no llega, por supuesto, al final del declive; este aún no ha terminado. Ni siquiera narra los hechos acaecidos hasta ahora —por otra parte, de sobra conocidos—, se queda en el principio, en los orígenes y en las causas, pero pronostica y anuncia los peores augurios para el futuro. El autor tiene la ventaja a la hora de hacer sus pronósticos de conocer ya gran parte de lo que iba suceder.
El libro es al fin y al cabo novela, aun cuando lo denomine a modo de, y por lo tanto no solo narra hechos y acontecimientos, sino también personajes con sus ideas, dudas, sentimientos, temores y vacilaciones, y todo ello no solo en materia económica o política, sino también en los aspectos vitales y existenciales. Por eso,junto al tema principal, el cambio de la izquierda, aparece un collage de cuestiones de índole filosófica, social, política y económica, que van surgiendo en la narración con una estructura un tanto anárquica y desorganizada. Fue esa falta de sistema y pluralidad en los temas la que me ha hecho subtitular el libro, quizás inspirado un poco por Unamuno, Contra esto y aquello.