De nuevo, Cronos
«A Sánchez no le importa demasiado que el PSOE gane o pierda las elecciones autonómicas porque sus cuentas las hace en clave de bloque más que de partido»

Ilustración generada mediante IA.
Las elecciones andaluzas han calcado los patrones de comportamiento de las elecciones de Aragón. Es por eso por lo que, a la hora de comentar el desenlace de los comicios de Andalucía, he creído conveniente referirme al artículo que escribí entonces en este periódico y que titulé Cronos devora a sus propios hijos. Porque Andalucía confirma la tesis que mantuve allí. Y es que a Sánchez, como al titán griego, no le importa sacrificar a sus colaboradores.
Cuando el presidente del Gobierno anunció que iba a enviar a sus ministros como candidatos a las elecciones autonómicas, hubo periodistas y tertulianos que encontraron la razón en lo que había pasado en Cataluña. La decisión de Sánchez de poner a un ministro, Illa, como cabeza de lista había sido todo un éxito al obtener un muy buen resultado.
Yo discrepé desde el principio de esta tesis. No es posible la comparación. Cataluña, al igual que el País Vasco, son los ganadores de la estrategia de Sánchez de constituir un gobierno Frankenstein, mientras que el resto de comunidades son las damnificadas. Mandar a los ministros a encabezar esas listas era propiciar que las elecciones autonómicas se realizasen en clave nacional y aumentar la probabilidad de que los resultados fuesen negativos para los socialistas.
La conclusión es bastante evidente: a Sánchez no le importa demasiado que el Partido Socialista gane o pierda las elecciones autonómicas. Primero, porque desde hace tiempo sus cuentas las hace en clave de bloque más que de partido. Se vio claro ya en las elecciones gallegas cuando estaba más preocupado por el resultado del BNG que por el del propio PSOE. Su objetivo era que el PP no obtuviese la mayoría absoluta. En esto se refugia ahora el Partido Socialista Andaluz ante la debacle.
Segundo, porque la verdadera finalidad de Sánchez al mandar a sus hombres de confianza a provincias consiste en conseguir el control del partido y evitar que surjan críticas dentro de las federaciones. Pretende no tener dificultades al aprobar las medidas que aún tiene que tomar a favor de los independentistas y de Bildu. Es más, Sánchez mantiene la pretensión de controlar las federaciones incluso después de las generales, aun cuando estas se perdiesen. Está proyectando continuar de secretario general también en la oposición. Es esta razón la que quizás condene a Montero a permanecer en Andalucía, pues es para eso para lo que Sánchez la ha desplazado allí.
«En la política española se está instalando una fuerza centrífuga que tiende a la disgregación territorial»
Tercero, porque incluso es muy probable que el presidente del Ejecutivo no encuentre ninguna ventaja en que alguno de los barones se hiciese con el gobierno de una comunidad autónoma, ya que dispondría de poder y no por delegación suya. No debe de tener ninguna gana de que le surja otro García-Page.
En estas elecciones andaluzas se ha manifestado otro fenómeno que apareció también en Aragón. El éxito de un partido regionalista o nacionalista. Entonces fue la Chunta, ahora, Adelante Andalucía. En el artículo de la semana pasada advertía de un efecto perverso derivado del proceso que ha generado Sánchez al crear el gobierno Frankenstein y blanquear a los separatistas de todos los pelajes. En todas las comunidades han tomado nota de las ventajas que están obteniendo vascos y catalanes y no es de extrañar, por lo tanto, que en muchas de ellas surjan partidos regionalistas o soberanistas dispuestos a participar en el banquete.
En la política española se está instalando una fuerza centrífuga que tiende a la disgregación territorial, a una multiplicación excesiva de partidos, y que transforma la contienda normal entre izquierdas y derechas en luchas territoriales.
Lo que es bueno para los ricos no lo suele ser para los pobres. La desintegración de un Estado quizás pueda beneficiar a las regiones ricas, pero con toda seguridad perjudicará a las menos afortunadas. Cuando se celebraron las elecciones gallegas, publiqué en este diario un artículo que titulé Pocas cosas más estúpidas que un gallego independentista. Lo mismo se puede decir de los extremeños o de los andaluces.
«Para combatir el proceso reaccionario de Sánchez a favor de los independentistas, no es buena táctica aceptar su campo de juego»
Es comprensible que las regiones ricas tiendan a que se fragmenten los impuestos por comunidades, ya que el sistema tributario es uno de los instrumentos principales de redistribución; por supuesto, en el plano personal, pero como consecuencia de ello, también en el ámbito regional. Las autonomías cuya renta per cápita es inferior a la media lógicamente deben ser receptoras netas, mientras que aquellas que se encuentran en una situación económica superior deberían ser contribuyentes netos. Todo ello por el simple juego de la progresividad del sistema fiscal.
Romper este flujo redistributivo sería una catástrofe para la gran mayoría de las comunidades, que son beneficiarias en el reparto. Se entiende que los independentistas catalanes reclamen la transferencia del IRPF o de todos los impuestos, y que quieran que se instale un sistema de cupo parecido al que tiene el País Vasco. Pero eso traería la ruina para casi todas las autonomías, por supuesto cuando se aceptase con carácter general, pero también cuando se concediese a una sola región, si es de las más ricas como Cataluña.
Para combatir el proceso reaccionario establecido por Sánchez a favor de los independentistas, no es buena táctica aceptar su campo de juego, que es la contienda territorial. Hay que revertir la dinámica centrífuga que se ha instalado y no caer en la tentación de extrapolarla a las regiones que, como Aragón o Andalucía, deben apostar por la unidad.
De hecho, la mayoría de los partidos regionalistas o independentistas, a la hora de la verdad, dan su apoyo a Sánchez y a su gobierno Frankenstein. Compromís, el Bloque, la Chunta, Coalición Canaria, Más Madrid, etc., terminan votando con el sanchismo. No es mucho suponer que Adelante Andalucía va a seguir el mismo camino.
«El sanchismo ha basado en gran medida su relato político en el miedo a la ultraderecha, pero ni ellos mismos se creen su discurso»
De hecho, esta última formación política desde el principio ha mostrado un gran despiste. Su líder se ha vanagloriado reiteradamente de que han sido ellos los que han evitado que el PP tenga mayoría absoluta. Es decir, se jactan de ser los causantes de que Vox entre en el gobierno andaluz o que parte de su programa esté presente en la política andaluza. Ciertamente, es un contrasentido para los que se llaman de izquierda, y consideran a Vox un peligro ideológico.
De ese contrasentido participa el sanchismo porque, después de anatematizar a Vox y proclamar que el hecho de que esta formación entre en los gobiernos es una catástrofe, consideran un gran triunfo que el PP no sacase mayoría absoluta y que tenga que pactar con Vox. Tan es así que, para disfrazar los pésimos resultados obtenidos en Andalucía, airean que es el PP el que ha tenido un enorme fracaso porque no ha logrado la mayoría absoluta.
El sanchismo ha basado en gran medida su relato político en el miedo a la ultraderecha, pero ni ellos mismos se creen su discurso. Si estuvieran convencidos de lo que dicen y de que Vox es una amenaza, se apresurarían a abstenerse, por ejemplo, tras las elecciones andaluzas para evitar que la ultraderecha entre en el gobierno.