The Objective
Jorge Vilches

Cocer al PSOE en su propia salsa

«No se le puede salvar presentando una moción de censura que cambie el foco hacia el PP y Vox, que les sirva para cerrar filas y volver a justificar la trama corrupta»

Opinión
Cocer al PSOE en su propia salsa

Imagen creada con inteligencia artificial.

Entre presentar una moción de censura ahora —que solo debería ser con victoria asegurada— y dejar que el PSOE se cueza en su propia salsa, no cabe la más mínima duda; lo segundo. La elección no es solo para evitar el chantaje de los nacionalistas como Junts y PNV al pedir su voto a una candidatura de Feijóo. También es para que el PSOE salde su deuda con la justicia desde el Gobierno, convoque elecciones cuando toque, y que se hunda hasta el lugar natural de un partido absolutamente corrompido que pone en peligro la democracia. Ese lugar solo puede ser el de la oposición, con un grupo por debajo de los cien escaños, que obligue al PSOE a refundarse con nueva gente y maneras más respetables. 

El sanchismo no puede terminar como empezó, con aquella moción de censura que dio alas a los independentistas, sino con las urnas, el voto popular y la legitimidad que dan las papeletas. Esas elecciones, además, deben ser convocadas por el mismo Ejecutivo corrupto, chantajeado y negligente que sufrimos. Solo así impediremos su victimismo, que es el vicio favorito del populista autoritario. 

Este PSOE debe cocerse en su propia salsa, con acciones judiciales y policiales, mientras la prensa libre tiene que seguir publicando sus vergüenzas. No se le puede salvar presentando una moción de censura que cambie el foco de atención hacia el PP y Vox, que les sirva para cerrar filas y volver a justificar la trama corrupta y contraria a la convivencia. Los escándalos y las sentencias deben llegar a su fin sin distracciones, y que el PSOE se revuelva entonces contra quienes lo han llevado a la ruina y a la deshonra. Es por salud democrática. 

Tendrán que hacer lo que no tuvieron el valor de llevar a cabo a finales de 2016, cuando fueron testigos del pucherazo y conscientes de que Sánchez no es de fiar. Lo dejaron estar por patriotismo de partido, pensando en mantener a salvo la organización y su puesto de trabajo. La consecuencia de aquel error la tienen en la crónica de tribunales y en el desprecio al orden constitucional de la mano de unos rupturistas más envalentonados que nunca. 

La necesidad de que el PSOE exigiera cuentas a Sánchez tarde o temprano era tan previsible tras las escenas de octubre de 2016 en el Comité Federal, que el «puto amo» se dedicó a purgar la organización para evitar la fiscalización y la discrepancia. Esta maniobra tendría que haber puesto sobre aviso a los socialistas que, en el fondo, siguen creyendo en la idea de la España constitucional como proyecto común y deseable. Incluso debería chirriar para aquellos socialistas que no entienden los privilegios de los territorios ricos, o para las feministas que rechazan el borrado de la mujer. En lo único que hemos avanzado tras ocho años de Gobierno socialista ha sido en la manipulación del sistema para mantener a Sánchez en Moncloa a salvo de la justicia. 

«Quienes han emponzoñado la vida pública en su propio beneficio deben soportar todo el peso de la ley estando en el Gobierno»

Nuestro drama —y digo nuestro porque este partido ha sido un pilar del régimen constitucional desde el primer día— es que el PSOE es hoy un partido echado a perder. No sirve para la gobernanza en democracia por su tendencia autoritaria. Lo ha demostrado con la colonización de la administración y la deliberada confusión del partido con el Estado. Lo digo porque este PSOE tampoco inspira confianza en instituciones como la Corona, ni en la oposición constitucional, ni en la mayor parte de la sociedad.

Menos aún podemos decir que se distinga por su honradez. De hecho, jamás hemos tenido un Gobierno y un partido con tantos casos de corrupción abiertos a la vez en proceso de ampliación, y que lleguen tan arriba. Menos aún podemos señalar a este Ejecutivo como un modelo de gestión. Por ejemplo: han sido incapaces de implementar todos los fondos europeos, mientras nos masacran a impuestos. ¿Y qué decir de la política exterior, cuando el sanchismo nos ha dejado en la periferia de la Unión Europea, convertidos en el topo de China en el continente, vendidos a Marruecos, y como enemigos de EE UU? 

No sé si quedará alguien en el PSOE capaz de levantar el partido cuando Zapatero y Sánchez caigan. Quizá Madina, Susana Díaz o García-Page. Ni idea. Lo único cierto es que, si alguno de estos quiere tomar las riendas de una nueva organización, quienes ahora han emponzoñado la vida pública en su propio beneficio deben soportar todo el peso de la ley estando en el Gobierno. Será una demostración de que la España constitucional de los contrapesos todavía funciona, y nos devolverá al club de las democracias con una ciudadanía razonablemente satisfecha. 

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