The Objective
Jorge Vilches

Dos góticas, Sonsoles y el papá joyero

«Zapatero, que quiso pasar a la posteridad como el pastor zen que contaba nubes y repartía sonrisas, aparece ahora inmerso en el ridículo y la vergüenza»

Opinión
Dos góticas, Sonsoles y el papá joyero

Imagen creada con inteligencia artificial.

Contaba Miguel Mihura en sus casi ficticias memorias, que sus buenos amigos, para evitar las iras del pueblo, decían que él no era el director de La Codorniz, sino quien iba a limpiar ceniceros y sacar brillo a los dorados. Zapatero ha intentado lo mismo, esto es, que sus compañeros de partido dijeran a la cabreada ciudadanía que él no dirigía nada, y que solamente iba a las inmediaciones del poder a predicar y dar trigo. 

El sanchismo hubiera querido que ZP fuera un padre distraído, uno de esos que mientras miran el móvil no se dan cuenta de que sus hijos están comiendo tierra del parque. Su deseo era que el faro moral del progresismo cósmico no se nos revelara como un papi desastroso, de los que involucran a sus vástagos en negocios chungos. Pero hete aquí que  el progenitor A usó presuntamente a sus dos hijas como góticas pantalla para cobrar dinero sucio, mientras que la progenitora B, o sea, Sonsoles, cancelaba una hipoteca de medio millón de euros. Vamos, como tú y yo cada jueves. 

Esto también tiene bemoles, que diría el abuelo. Resulta que, no contento con poner a sus dos hijas a facturar por no hacer nada, ha metido a su pobre esposa en el tinglado. Ella, siempre tan discreta, no tuvo un momento para decir: «José Luis, ¿otro viaje con Julito?». No es bueno que el hombre esté solo, claro, pero tampoco queda bonito que enrede a la familia en un entramado cutre de presunto tráfico de influencias, organización criminal, falsedad documental, blanqueo de capitales, fraude fiscal y contrabando. Podemos darle muchas vueltas, inventar herencias, regalos de fallecidos y descuidos, hacernos la víctima o culpar a los jueces, pero es muy feo. La prueba de que es horrendo es que Pedro Sánchez ha empezado a desmarcarse de Zapatero. 

Nadie se imaginaba que «contar nubes», como prometió hacer una vez se pirase a la vida privada, en realidad era contar trolas y billetes sucios. Sin embargo, algo empezamos a sospechar con tanto viaje de Zapatero a dictaduras que mueven pasta para conseguir negocios. Pero era ZP y era imposible que montase una banda y no le pillaran. Todo ha sido cochambroso y sainetero. Da igual el relato que hagan los sanchistas sobre el protocolo de los regalos a presidentes y ministros, porque el Código de Buen Gobierno lo aprobó el propio Zapatero en 2005. Recordemos que, valga la ironía, dicha norma obligaba a entregar al patrimonio del Estado los obsequios valiosos. Pero el socialista de la ceja ha sido tan torpe que, en lugar de entregar las joyas a Patrimonio, las guardó en una caja fuerte y luego mandó a su portavoz mentir sobre su valor. 

No se recuerda un despropósito mayor desde que la ministra zapaterista Trujillo quiso resolver el problema de la vivienda para los jóvenes con las deportivas Keli Finder. Saco a esta señora porque la conmilitona de Zapatero dice ahora que ella nunca recibió regalos cuando estuvo en el poder. No sabemos si lo dice por envidia o por desmentir a su antiguo jefe o a Miguel Sebastián —lo pongo sin tilde porque dicho economista dice que en EEUU se acostumbró a escribirlo así—. No se alarmen, es bueno que Mike, autor de la tesis doctoral de P.S. y del dosier sobre la vida privada de Gallardón, escriba su nombre como quiera. A mí, plin. 

«El personaje de Zapatero está destruido. Su imagen moral y política está echada a perder»

El resultado es que el personaje de Zapatero está destruido. Su imagen moral y política está echada a perder. Ya no puede ser presentado como el buenista inmaculado frente a Aznar y Rajoy. El golpe al pilar ético del PSOE está haciendo tambalear al Gobierno, que también ha visto perder a su enlace con Junts y ERC, y al hombre que le servía para atraer a los votantes de la extrema izquierda. Esto es lo único que le preocupa a Sánchez, que le perjudique personalmente la foto de las góticas, Sonsoles y el papá joyero sentados en un banquillo de un juzgado.  

Al final, lo verdaderamente cómico es que todo este vodevil de góticas devenidas a pijas, hipotecas efímeras, viajes caribeños y cajas fuertes ha terminado por devorar al propio personaje. Zapatero, que quiso pasar a la posteridad como el pastor zen que contaba nubes y repartía sonrisas, aparece ahora envuelto en un enredo digno de Arniches, inmerso en el ridículo y la vergüenza.

Y mientras el sanchismo calcula daños y busca la manera de que la foto familiar no le salpique, uno se cerciora una vez más de que vivimos en un país que deshace a los mitos políticos como azúcar en café caliente. Quizá, cuando todo esto pase, descubramos que la historia no la escriben los héroes ni los villanos, sino los cronistas que, como Mihura, saben que a veces la mejor manera de contar la verdad es disfrazarla de chiste.

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