Vamos al Estado plurinacional
«La plurinacionalidad sería el precio que Sánchez estaría dispuesto a cargar sobre las espaldas de todos con tal de prolongar su estancia en la Moncloa»

Ilustración generada mediante IA.
El sanchismo no es otra cosa que una adicción al poder. Para saciar ese ansia ha desarrollado una estrategia basada en la cesión a los grupos que le mantienen en el Gobierno, la creación de un relato para fijar el marco mental victimista y la distracción con cualquier tema que desvíe la atención cuando tiene el agua hasta el cuello. Lo preocupante es lo último, ya que Sánchez carece de límites morales y legales, y desconoce la responsabilidad. De hecho, no hay presidente europeo que no hubiera dimitido hace mucho tiempo con tantos y graves casos de corrupción en su entorno.
Todo apunta a que la distracción que Sánchez pondrá en marcha antes de las elecciones será el paso de las autonomías al Estado plurinacional. El negocio —para él, por supuesto— puede ser completo. El tema convertiría en superfluos o prescindibles los casos de corrupción de su familia, la financiación ilegal de su partido y el procesamiento de sus hombres de confianza, como Zapatero, Cerdán y Ábalos. La plurinacionalidad de nuestro desgraciado país, además, es una idea que caería bien en el marco mental que la izquierda ha creado con tanto ahínco desde hace décadas. No dudo de que lo apoyarían de forma entusiasta muchos periodistas, académicos, gente de la cultura, la militancia socialista y sus votantes.
El anclaje histórico también está construido. Recordemos que el viejo PSOE que tanto exaltan algunos, incluso gente de derechas, defendía el Estado plurinacional y el derecho de autodeterminación en la década de 1970. No acaba ahí. El PSOE lo presentaría como la consecuencia lógica de la Declaración de la España federal del partido en 2013 en Granada. En aquel entonces, el lema fue: «Un nuevo pacto territorial: la España de todos». Por eso, aquí y ahora, el Estado plurinacional no se vería en el PSOE como una ocurrencia y, por tanto, no tendría oposición interna. Menos aún en el PSC, que es hoy el gran granero de votos del partido y la federación más poderosa.
La propuesta del Estado plurinacional, por otro lado, acabaría por vaciar a Sumar en beneficio del PSOE y dejaría tiritando a Podemos. De esta manera se completaría el viaje del Partido Socialista a la extrema izquierda. Es más: la maniobra plurinacional conseguiría que los votantes de ERC y Bildu que en las elecciones generales votan a Sánchez lo sigan haciendo al ver en su persona al mayor defensor del independentismo en Madrid. Con esto, Sánchez conseguiría el perdón por la trama mafiosa que ha fabricado desde el Gobierno, dominaría la agenda política y atraería el voto de la izquierda en las urnas. No solo eso, tendría el apoyo de unos 34 diputados de distintos grupos nacionalistas en el Congreso. En suma: saldría dopado a las elecciones.
«No olvidemos que el votante de izquierdas hace tiempo que no cree o desprecia la idea de la nación española»
No olvidemos en este punto que el votante de izquierdas hace tiempo que no cree o desprecia la idea de la nación española. Ese elector considera que se trata de un concepto discutido y discutible, que lleva en la parte posterior una fecha de caducidad natural, y que en su imaginario torpe nos retrotrae a los tiempos oscuros de la dictadura franquista. No me cabe la menor duda de que a esa izquierda le parece más defendible la bandera palestina o el arco iris LGTBI que la enseña nacional.
La idea no es una locura. No en vano, Iván Redondo, que está loco porque Sánchez le llame a su regazo, lo dice sin parar: el PSOE puede ganar las elecciones con dos palabras: el Estado plurinacional. Quizá sea efectivo. No sé. Sin embargo, estoy muy seguro de que no es responsable, ni patriótico, ni sensato. Pero allá cada uno.
Al final, como todo lo que hace Sánchez, la propuesta del Estado plurinacional no resolvería ningún problema real. Solo agravaría los que ya existen, como la desigualdad entre españoles y la ausencia de una idea y un espíritu de ciudadanía común. El sanchismo avanzaría un paso más en su proyecto de desmantelar el marco constitucional para blindarse en el poder, mientras una parte de la izquierda celebraría la operación como si se tratara de un avance democrático y no de una coartada para encubrir un deterioro institucional sin precedentes.
La plurinacionalidad sería, en definitiva, el precio que Sánchez estaría dispuesto a cargar sobre las espaldas de todos con tal de prolongar su estancia en La Moncloa. Y lo más inquietante es que, en un país donde demasiados han renunciado a defender la nación que les garantiza derechos, quizá hasta le funcione.