The Objective
Jorge Vilches

'La collares' progresista

«La caricatura funciona porque Zapatero jugó a darnos lecciones morales y aquí nos gusta destruir al que finge. Podemos aguantar al mentiroso. Fíjense en Sánchez»

Opinión
‘La collares’ progresista

Ilustración generada mediante IA.

En nuestro querido país, los grandes escándalos ya no se discuten: se hacen memes. Cualquier español con un móvil y una IA es capaz de convertir en chiste cualquier ocurrencia. De ahí, entre otras cosas, que las revistas de humor sean un fracaso. ¿Quién quiere ver la caricatura de personas que molestan al Ejecutivo cuando tiene una colección infinita y libre de memes sobre los corruptos que nos gobiernan? Por contra, el efecto de la parodia en redes es demoledor. Por ejemplo: Zapatero ya no se levantará de esta.

La ristra de memes sobre el expresidente del PSOE ha ido a golpear los pilares del personaje, en concreto, en su supuesta superioridad moral y en su bonhomía. De ahí que hayan aparecido ilustraciones de Zapatero enjoyado como una reina o como la mismísima esposa del dictador Franco, la collares. O que se haya repetido la frase que contradice el crecimiento espectacular de su fortuna: «Ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho». A partir de lo que se ha ido conociendo, se ha construido la imagen de un lobista que se ha hecho millonario sacando dinero a dictaduras mediando con Sánchez y a través de negocios turbios.

La caricatura ha funcionado porque Zapatero jugó a darnos lecciones morales a todos, y aquí nos gusta destruir al que finge. Podemos aguantar al mentiroso. Fíjense en Sánchez. Pero al que aparenta aquello que no es para mostrarse superior a nosotros, le hacemos un traje. El tipo de la sonrisa mefistofélica ha resultado tener la mano muy larga y el bolsillo muy hondo. Y lo peor: el escándalo ha ratificado las sospechas que muchos teníamos. Me refiero a su interés desproporcionado en que siguiera Sánchez en la Moncloa a pesar de que eran enemigos, su papel mediador con Bildu y Junts para dar una mayoría parlamentaria al sanchismo, o su participación en la política exterior española en Venezuela. Era evidente que algo olía mal. Lo que no imaginábamos es que todo fuera tan hortera y cutre, al estilo de Ábalos, su competidor.

La celeridad en hacer memes y subirlos a las redes sociales ha sido favorecida por el ridículo que hicieron TVE y los periodistas del sanchismo desde el primer minuto. Su defensa cerrada de Zapatero ha dado pie a más chistes. Los argumentos hiperventilados, estrambóticos, a la desesperada, dejaban al aire el tamaño del batacazo. Solo cuando todo está perdido, parecen buenas las ideas más disparatadas. Se veía a los locutores y tertulianos del régimen auténticamente demudados y cabreados. Era lógico: se caía el mito que habían ayudado a levantar, el referente moral y político del progresismo, «su presidente», el inspirador de Su Sanchidad.

«El socialista estuvo acumulando dinero, joyas y propiedades mientras hablaba contra los ricos»

Cuando un país entero se ríe de uno, es que ese uno se ha convertido en un cero. Ya no cuajaba el relato de los «bulos», del «golpe de Estado judicial», de la policía al servicio de la derecha, de Aznar llamando a la acción. Era la gente, democráticamente, encontrando de quién mofarse tras una década soportando la moralina de un personaje que presuntamente se enriqueció ilícitamente. No es una cuestión de justicia, porque habrá que esperar a la sentencia. Es una cuestión de ética. El socialista estuvo acumulando dinero, joyas y propiedades mientras hablaba contra los ricos.

En el lío ha metido a sus hijas, dos mujeres que no caen bien a nadie desde que aparecieron junto a Obama vestidas de orcos y que han vivido del cuento. El contraste ha sido pura dinamita. Mientras los jóvenes no encuentran trabajo digno ni estable y, en consecuencia, no pueden comprar una casa, las dos zapateritas, sin oficio conocido, adquirieron sendas propiedades, poniendo un billete sobre otro. Que levante el dedo hipotecado a quien no le moleste.

En medio del cachondeo general, por supuesto, salen quienes se ponen estupendos y dicen que el gran perjudicado de todo esto es la democracia. Les parece triste que nuestro sistema no tenga referentes históricos y que crezca la desconfianza. No. Al revés. La actuación independiente de jueces y policías nos devuelve al club de los países democráticos, permitiendo instalar en nuestras conciencias la vivificante certeza de que quien la hace, la paga. Lo bueno es que se haya desmontado una falsedad como Zapatero, la collares progresista, que ha sido, como queda demostrado, el gran mal de nuestro orden constitucional.

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